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Nombre: Ihfe NievrePronunciación: If Niev
Lugar de origen: desconocido.
Lugar de residencia: Meridell
Edad: 17 desde que me crearon
Genero: Femenino
Especie: Poogle
Amor: Shh… Sher…
Altura: 1.54m
Voz: Suave y cariñosa, con profundo acento frances.
Vestimenta: Una larga falda rosa, zapatos negros y una simple camisa blanca.
Ocupación: Jardinera.
Escuchaste que alguien entro bruscamente a la taberna, era ella "Mi cuaderno!" Tenia las mejillas rojas y parecía cansada, se acerco a ti y te miro suplicante "déme mi libro, por favor!" No parecía la penosa poogle que habías visto anteriormente, cerraste el libro y se lo diste; ella lo abrazo y se sentó en la silla que se encontraba a tu lado. "Gracias... hemm" "guest, supongo que tienes derecho a saberlo... " Se veía mas abierta a hablar con los demás, parecía que no le había importado que leyeras el libro. Parecía tan tranquila que, aunque no sin duda, le preguntaste que paso después de la historia. "Pues... estaba apunto de terminarlo cuando te vi., me asustases... La capucha que llevas es idéntica a la de mi padre. La ultima parte no tiene mucho especial"...
Luego de narrarle entrecortadamente a Sher lo que había pasado, decidió ayudarme. El es el huérfano de una familia de terratenientes, en Meridell. Me llevo a su hogar, aunque su casa es sencilla el terreno es hermoso.... Sobre mi padre no puedo decirte mucho, han pasado ya 5 años desde la ultima ves que lo vi, aunque siempre vivo con el miedo de que algún dia me encuentre, aunque se que si algún dia trata de llevarme Sher me protegerá... Nunca podré vivir en paz hasta el dia en que el muera...
-guest: ósea que.... ese libro es tu vida? Algo asi como un diario?
-Si... que suponías que era?- te pregunto incrédula.-guest: Suponía que era un... libro...
-Aunque no son muy buenos recuerdos espero nunca olvidarlos, por eso los escribo, Sher siempre me dice que estoy un poco loca por ello, pero el me comprende, aunque no quiera admitirlo –termino esto sonriendo felizmente.Luego de hablar un rato mas Ihfe se levanto, agarro una rosa de su cabello y te la ofreció "esto es en agradecimiento por regresarme mi libro... son las rosas que se cultivan en el terreno de Sher... espero que te gusten" Luego agarró el libro y comenzó a caminar....
Crecí siendo una simple peluche de poogle rosa, aunque simple no me describiría bien… Irene (asi se llamaba mi dueña) me consideraba mas que un simple juguete, yo era su amiga… Su única amiga. Ella era una nina muy activa y social, pero por su enfermedad pocas veces podía salir de casa. Viví con ella todos sus temores y dolores, cada noche antes de dormir me cantaba, para que asi, decía ella, no me despertaran sus gritos. Sufría su dolor, lloraba sus lagrimas, detestaba la tortura que le fue impuesta injustamente, por una estupida adicción de su madre. Las peleas de sus padres eran continuas, pero ella siempre tenia una cariñosa sonrisa para mi, aunque podía notar en sus ojos el dolor y la tristeza. Poco a poco fue perdiendo movimiento en sus piernas, hasta que quedo en silla de ruedas. Fue un gran golpe que llevo, como ella decía, al divorcio de sus padres. Cada semana pasaba en un ambiente distinto, el cambio de clima no era bueno para su salud, y ninguno de sus padres lo noto hasta que fue demasiado tarde… Una noche me desperté escuchándola toser, quise moverme para poder ayudarla, pero en ese momento yo no era mas que un peluche, quería gritar, el abatimiento era terrible. La persona que mas amaba se estaba ahogando y yo me sentía impotente, su padre llego corriendo para
tratar de ayudarla, la agarro entre sus brazos y corrió hacia el hospital, pero al llegar ya era demasiado tarde. Todos esos últimos segundos me abrazo mas fuerte que nunca, fue difícil quitarme de sus manos... Sus padres estaban devastados, se culpaban mutuamente por el fallecimiento de su hija, el dia del funeral ninguno de los dos llego por el tonto capricho de no verse. No conocía a nadie de los que llegaron ese dia, la persona que me cargaba era un desconocido total también, cuando ya todos se fueron, el desconocido me coloco sobre la lapida...
lagrimas, no tenia expresión alguna y no sabia que hacia o que relación tenia con mi querida Irene, lo escuchaba balbucear "Ihfe" antes de irse, pero eso era todo, llegaba con la noche y se iba con el sol, como si este le dañara. El extraño dejo de llegar repentinamente, creía que como todos, simplemente se habían cansado de visitarla. Pasaron las semanas, la lapida comenzaba a ensuciarse y yo no podía hacer nada para limpiarla o darle el respeto necesario. Luego de un par de meses el extraño llego repentinamente, no llevaba mas la capucha y podía decir que era un hombre joven y guapo, diferente a lo que normalmente creía. Parecía desesperado por alguna razón, llego, me tomo entre sus manos y corrió, alejándome de la tumba de Irene, no podía luchar, no podía ver el camino de regreso, me llevaba oculta entre sus brazos, llegamos a un cuarto en el que me tiro como basura en una cama, comenzó a sacar miles de libros y a tirarlos todos al suelo, me sentía asustada y por primera ves en mucho tiempo, feliz de ser un peluche en el que nadie se fijaría, o almenos eso pensaba "Ihfe.... mi Ihfe..." no paraba de repetir, el extraño agarro miles de objetos de estanterías; algunos de los cuales tenían apariencias terriblemente asquerosas. Despejo todo el suelo y comenzó a dibujar un pentagrama en el, una ves listo me agarro y me tiro al medio, no sin antes hacerse una pequeña herida en el dedo y dibujarme algo. No recuerdo muy bien que paso en ese pequeño lapso de tiempo, perdí el conocimiento...Al despertar estaba acostada en la cama, me sentía pesada y extraña. No sabia que hacer, no me sentía yo misma, mi cuerpo estaba caliente y me dolía el estomago, además del sentimiento de cansancio que hasta ese momento desconocía. Escuche pisadas cercanas, seguidas por la voz de aquel extraño. "Ihfe... mi queridísima Ihfe, finalmente despertaste..." No sabia de que hablaba, trate de mover mi cabeza como siempre lo hacia, en vano, un peluche no puede moverse...
Pero esta ves fue diferente, con el mayor esfuerzo que había hecho en mi vida logre mover la cabeza hacia el hombre, quien me sonreía paternalmente. Su aspecto estaba descuidado, tenia ojeras enormes y podía notarse que había llorado por un largo periodo. "tranquila, querida mia... todo esta bien, estas conmigo ahora". Me ayudo a levantarme. Junto a el aprendí a caminar, a escribir, leer, hablar, todo lo básico que un bebe hace. Era mi padre, aunque había ignorado totalmente quien era en realidad. Me encontraba un dia leyendo sentada en la ventana de mi cuarto cuando lo vi entrar, como siempre llegaba con aquella enorme gabacha, deje el libro a lado y salí corriendo hacia sus brazos. Como siempre me abrazo con cariño y beso mi frente. Traía una mochila colgada en su espalda, la cual dejo caer para alzarme entre sus brazos.
Al salir de mi cuarto me di cuenta que había dejado la mochila en el piso, tenia una curiosidad tremenda de saber que tenia mi padre en ella. Cerré la puerta con llave antes de abrirla. En ella había un libro, al abrirlo la foto de mi queridísima Irene cayo. Estaba estupefacta... comencé a leer el libro, en el estaba toda la información sobre ella, desde el dia en que nació hasta el dia en que murió. Información de su familia, sus padres, tíos, amigos y demás. Había algo que estaba mal, no había imagen alguna sobre su abuelo. Al parecer su tía paterna, única hija, había muerto en un terrible accidente, su nombre era Ihfe, el mismo nombre por el cual el me llamaba siempre, su rostro era increíblemente parecido al de Irene. Seguí leyendo las demás paginas, temerosa de descubrir la verdad.
Había una extraña receta mas adelante, decía algo como "un cuerpo humano, un alma pura, un amor imposible; entre otros objetos. Al terminar la pagina lo entendí "El orden equivalente para traer aquello que una ves conocimos". Trataba de traer nuevamente a Ihfe a la vida, el trato equivalente, yo era el cuerpo humano, yo era el alma pura y el amor que nunca pudo ser, por primera ves desde que tenia este nuevo cuerpo sentí miedo. Deje el libro caer y corrí por las gradas, dejando todo atrás...
Estaba terriblemente asustada, que pasaría si me seguía, que pasaría si me atrapaba y me obligaba a transformarme en su queridísima hija? Todos estos años yo no era nadie para el. Corrí hasta que mis piernas ya no podían mas, cerré los ojos para distraerme con la oscuridad cuando tropecé con un apuesto hombre. Llevaba una capa café en sus hombros y un extraño sombrero sobre su cabeza, su cabello caía graciosamente sobre sus hombros, su piel era un tono mas oscura que la mia, lo que hacia que sus ojos resaltaran mas. Desde que lo vi mi corazón comenzó a acelerarse, nunca había visto a alguien como el. Me sonrío alegremente, y me ayudo a levantarme, fue hasta entonces que note que mis manos estaban sucias, no podía imaginar el resto de mi cuerpo. Me sentía terriblemente avergonzada, el extraño me miraba sorprendido, tomo el collar que llevaba alrededor del cuello, cosa que me sobresalto, "OH, disculpe" dijo inocentemente. No tenia palabras y no podía mirarlo a los ojos. Nunca me había sentido tan avergonzada en mi vida. Sentí como una mano se posaba en mi hombro, y una voz me llamaba. Me congele... Me había visto salir de casa y me siguió sigilosamente, no estaba segura si sabia las razones por las cuales escape. Inconcientemente me abrase a aquel extraño que segundos antes me había ayudado, estaba aterrada. Comencé a gritar, diciéndole que se fuera, que no me tocara, que no se acercara a mi, que me dejara en paz, yo no era su tan querida hija yo era alguien mas. Sentí como unos brazos me rodeaban y como su cuerpo se entreponía entre mi "padre" y yo. "Te agradezco por cuidar de mi hija... pero os ruego no la toques tan fácilmente" le escuche decir. El joven me abrazo con mas fuerza "al parecer, caballero, ella no desea seguiros..." Sentía como las lagrimas escapaban de mis ojos, en el momento en que el desconocido me susurraba suavemente que estaba bien. "Ihfe, vámonos a casa" continuo impacientemente. Agarro mi brazo con fuerza, a tal punto que me hizo daño. Grite agudamente y vi como el desconocido golpeaba a mi padre en el estomago, cayo al suelo no sin antes escupir sangre. "Vámonos" me dijo.
Nunca tuve una madre que me dijera que irme con extraños era malo... tampoco alguien que me aconsejara, por lo que lo seguí ciegamente. Me llevo a un cuarto adonde me pregunto todo sobre mi....
Sheir, el apuesto caballero me ofreció un trabajo en su hogar, el vivía solo en una enorme casa con muchos cuartos, podía darme vivienda, comida y ropa si yo trabajaba ayudándolo con sus hectáreas y el mantenimiento de la casa. Acepte sin pensarlo dos veces.
El tiempo pasaba y había ganado mucha confianza en Sheir, semanalmente el me daba un sobre con el dinero de mi paga, al principio esto me pareció raro, pero solo decidí aceptarlo sin decir nada, el dinero era bueno, no? Sheir me compraba ropa y me trataba como a su hermanita, poco a poco mi cuarto comenzó a llenarse de mis pertenencias, pocas cosas que yo compraba y muchas que el me regalaba. Mientras el salía a trabajar en sus hectáreas yo me encargaba de limpiar la casa, cosa que realmente insistí en hacer ya que la limpieza era algo que siempre me encanto, y en cocinar. Esperaba con ansias que el llegara por las tardes para almorzar juntos y a la noche para cenar. Se me partía el corazón cuando no podía llegar o era demasiado tarde para esperarlo. El dinero que el me daba comenzó a asquearme, no lo quería, Ya mucho hacia por mi comprándome tanta ropa, dándome gratuitamente la comida y la vivienda y pidiéndome tan poco a cambio. Yo insistía también en lavar su ropa aunque a el le molestara dejarme todo este trabajo. Seguí aceptando sus pagas pero en lugar de quedármelas, las guardaba en las bolsas de sus gabardinas. Me di cuenta que comenzó a mirarme raro, como sorprendido pero nunca me pregunto sobre el dinero. Y nunca dejo de darme una paga aunque siempre se las devolvía.
Cuando salía al pueblo para comprar vi como muchas de las jovencitas me miraban intrigadas, algunas de ellas se me acercaron para preguntarme por Sheir, vi la intención en sus ojos lo cual me molesto mucho. Mentí sobre su paradero y me dirigí nuevamente a mi hogar. Al entrar lo vi sentado en el sofá, me senté a su lado y comenzamos a platicar. El timbre de la puerta sonó,
- yo ire! –dije con una sonrisa en los labios.
Me levante y al abrir la puerta vi a una hermosa pelirroja sonriendo
- Hola! –dije sin dejar de sonreír abriendo un poco la puerta –Deseaba algo?
- Si... Me preguntaba si Sheir se encontraba en casa, veras, tengo una cita con el y quería decirle si quería salir ya.
- Uh... –la mire inocentemente- Me temo que Sheir acaba de salir –hice mi mayor esfuerzo por aparentar tristeza y al parecer funciono – Pero le diré que tu veniste! – termine cerrando la puerta.
Entre enojada a la casa, y me senté a lado de el, no entendía que me pasaba, el solo hecho de imaginarlo con otra mujer me ponía celosa.
- Quien era, Florecilla? – me miro sonriendo.
- Unos jovencillos traviesos!
- Oh.. ya veo...
Esta acción se repitió muchas veces, decía a toda dama que Sheir no se encontraba. Comprendí poco a poco mis sentimientos hacia el, estaba enamorada, locamente enamorada de Sheir.
Todo marchaba bien, era feliz a su lado, aun solo como su amiga o su hermanita como al parecer el me veia, pero era feliz... Hasta ese dia que todo cambio.
Me encontraba en el gazebo, sentada viendo los copos de nieve caer sobre las hermosas rojas que yo me encargaba de cultivar. Pensaba en lo injusto que era que yo amara tanto a alguien y que ese alguien nunca sentiría lo mismo por mi. Mire a otro lado y lo que vi me sorprendió demasiado... Era el, mi amor, mi Sheir, el hombre a quien yo tanto adoraba con esa hermosa pelirroja, el la miraba sonriendo mientras ella abrazaba su brazo. Me puse de pie para ir a borrar esa escena pero no pude moverme. Me senté en el suelo a llorar, estaba devastada. Pero era lo lógico, cierto? Yo apenas tenia quince, y el ya tenia 21, era mucho mayor que yo, ya todo un hombre y yo apenas una niña. Escuche como se despedían y como Sheir caminaba hacia el gazebo, trate de pararme para salir por el lado contrario pero por mis lagrimas no vi bien y tropecé con el. Me miro sorprendido mientras me abrazaba preguntándome que me pasaba. Lo empujaba y trataba de irme pero no podía, el parecía preocupado queriendo saber lo que a mi me pasaba pero no quería decirle, no quería que supiera que todo ese dolor era por el... Desate mis sentimientos y le dije cosas que jamás pensé sentir, le grite que no tenia que tenerme en su casa solo por lastima, que era una inútil y que jamás alguien se fijaría en mi, que yo no valía la pena y que hubiera sido mejor convertirme en Irene, así al menos mi padre estaría feliz.
- Ihfe, que te hace pensar todo eso? – trataba de disimular pero era obvio que estaba enojado.
- Que el único hombre al que he amado y adorado... nunca se fijara en mi...
Lo vi llorando, el me miraba sorprendido, como si lo que yo hubiera dicho fuera lo mas maravilloso del mundo. Me sonrío, con un dedo limpio mis lagrimas mientras me besaba la frente. Me acaricio la mejilla, ninguno de los dos hablaba. Mi corazón parecía a punto de estallar, mucho mas cuando se acerco lentamente cerrando sus ojos para besarme.
- Ihfe... mi hermosa florecilla... Yo.. también te amo – sus mejillas estaban sonrojadas y había una sonrisa calida en su boca.
- Pero... y todas esas damas? –lo miraba incredula
- Todas ellas... eran para ver si podía olvidarte... nunca quise realmente a ninguna, y siempre que estaba con ellas pensaba en lo maravilloso que seria estar contigo... oh mi Ihfe
Al terminar esta frase me abrazo, cerre mis ojos pensando en lo maravilloso de ese sentimiento... Sheir... mi adorado Sheir...
Ya dos años han pasado y todo sigue mejorando, hace poco contraje nupcias con Sheir, y ahora estamos cuidando juntos a una hermosa bebe llamada Keekee, mi vida no podría ser mas perfecta...
Que extraño... aquí termina todo...
El código, dibujos, contenido, ideas y demás son míos.
Sher, el valiente poogle es de Kate.
Y gracias a kelpie por haberme confiado a Ihfe, prometo que la cuidare como a todos mis pets!
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