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* En una aldea al este de la capital




Te encuentras en una aldea cercana al bosque, estabas en ese lugar para pasar unas vacaciones y relajarte, pero unas semanas luego de haber llegado, uno de tus amigos cae enfermo. Los médicos de la aldea no logran averiguar qué es lo que tiene, y solamente empeora. Decides ir a los alrededores por ayuda, cuando aparece una misteriosa figura a la sombra de un árbol. No logras distinguirla bien.

¿Qué es lo que buscas, extranjero? No pareces conocer bien estas tierras, si disculpas mi atrevimiento. Son las palabras que pronuncia.

Decides buscar ayuda en este extraño, por sus palabras parece que sabe mejor de este bosque, no pierdes nada con intentar. Verás, uno de mis amigos está muy enfermo y nadie logra encontrar la cura. Le explicas.

Ah, ya veo, ya veo. No lo divulgues, pero en esa aldea los médicos no son muy buenos. Te recomiendo que vayas a consultar a la curandera del bosque. Te indica una dirección. Vive por ese camino y seguro estará gustosa de ayudarte.

Piensas que no pierdes nada, aunque tendrás que adentrarte un poco en el bosque, lo cual te da algo de inseguridad.

No te preocupes, sólo debes seguir derecho hasta llegar al claro del bosque en donde ella vive. Asientes. Sí, muchas gracias. Miras en esa dirección, se ve oscuro. Cuando te volteas nuevamente ese extraño ha desaparecido. Algo dudoso, decides seguir sus instrucciones. De todas formas, es por tu amigo que está grave.



Luego de caminar durante aproximadamente una hora, sigues en medio del bosque. Empiezas a dudar y pensar que ese extraño te engañó, nunca debiste confiar en él. Te dijo que llegarías al claro, pero todo está muy oscuro, no puedes ver ni la palma de tu mano.
Mientras caminas, sientes que algo choca contra ti.

Oh, lo lamento mucho, estaba muy oscuro y no te vi en el camino, de todas formas, ¿Qué haces por aquí? Te parecen algo apresuradas sus preguntas, pero su voz es tan dulce que no te parece peligro alguno. Pues vengo de la aldea, estoy tratando de llegar al claro pero como soy de otro lugar, me perdí en el bosque.

Sientes que los arbustos se mueven mientras camina un poco hacia el lado. ¿Al claro? Justamente ahí me dirijo, si quieres yo te llevo. Te parece una buena opción. Bien, muchas gracias.

Te da un golpecito en la pierna para que sepas donde está. El bosque puede ser muy oscuro, quédate conmigo o te perderás. Dice en un tono algo burlón. Eh, claro. Y la sigues tratando de no chocarte contra los árboles o arbustos ni perderte. Luego de unos diez minutos llegan al claro del bosque, es increíble lo rápido que cambia el ambiente oscuro por este lugar iluminado por la luz del sol entre los árboles, aunque de todas formas puedes ver unas ramas en lo alto.
Bajas la vista para ver a tu acompañante. Es una joven eyrie, con tonos verdosos, rosas, celestes y morados en su pelaje, pero en vez de tener las características alas emplumadas, tiene dos enormes, llamativas y frágiles alas de hada, de color rosa y con varias marcas de colores. Posee varios brazaletes, y tiene tres colas en lugar de una.

Conforme tus ojos se van acostumbrando a la luz, logras ver una pequeña cabaña. ¡Por cierto! Exclama ella de repente. Qué olvidadiza soy, olvidé presentarme. Mi nombre es Aurora, ¿Y el tuyo? Sube la mirada para verte. Soy ray___x. Te limitas a decir.

Ya veo, y ¿Qué quieres hacer en el claro del bosque? Oh perdón, creo que pregunto demasiadas cosas... Baja la cabeza avergonzada.

No, no importa. Lo que pasa es que uno de mis amigos en la aldea enfermó, y necesito ver a la curandera del bosque para pedirle una medicina. ¿Sabes dónde se encuentra? Dices mientras caminan adentrándose en el claro. Aurora suelta una pequeña risita y dice en tono travieso; Pues yo vivo en el claro del bosque, soy la curandera que buscas, a tu servicio. Te parece una gran noticia, y entran a la cabaña en donde le explicas los síntomas de tu amigo enfermo.

Ya veo, solo tengo que preparar unas hierbas y estará curado. El problema es que debo dejarlas en agua durante unas cuantas horas, ingerirlas directamente podría ser dañino así que te daré el brebaje para tu amigo, ¿Puedes esperar? Asientes, de todas formas por la cura valdrá la pena esperar. Aurora demora una media hora en preparar las hierbas. Sólo falta dejarlas remojar hasta mañana. Pero ya anochece, no te recomiendo volver ahora a la aldea. ¿Por qué no te quedas hasta mañana y llevas la medicina? Aurora tiene razón, no quieres perderte nuevamente, estaba muy oscuro considerando que era de día. Bien, muchas gracias por acogerme en tu cabaña. ¿Podrías contarme algo más sobre ti? Aurora se sienta junto a la chimenea, frente a ti. Claro, ahora mismo.



Nombre:Aurora.
Especie:Eyrie.
Género:Femenino.
Color de pelaje:Verde con marcas en tonos de celeste, rosa y morado.
Color de alas:Rosa, brillo celeste y marcas en tonos de verde, celeste y morado.
Color de ojos:Verde brillante con la pupila verde oscuro.
Edad:26 años humanos.
Amigos:A veces vienen a visitarme al bosque^^.
Amor:n_ñ
Familia:Mis padres murieron, hace tiempo que no sé de mis hermanos.
Trabajo:Curandera del bosque.
Poderes:De curación y elementales ^^
Elementos:Aire y plantas.
Mascota:Reysen mi rashpid, me ayuda a buscar hierbas medicinales^^.




El Bosque ||| La Montaña
Tranquilidad ||| Oscuridad
Ayudar a los demás ||| Sentir que no sirvo
Volar |||Ruido
Explorar ||| Soledad
Chocolate :3||| Zanahorias o.o

¿Algo más que quieras preguntarme? Pregunta Aurora una vez terminar.
Pues está bien, pero quería preguntarte otra cosa. Respondes.
Pregunta lo que quieras. Dice Aurora sin perder el tono dulce y alegre en su voz.
Bien... ¿Haz vivido toda tu vida en este bosque? Preguntas curiosamente.
Aurora baja un poco la cabeza, y su voz se escucha algo más neutral. No, nací en las montañas del Norte y antes vivía ahí.
Te arrepientes un poco. ¿Pasó algo?
Ella levanta la cabeza. No te preocupes, es una larga historia.
Miras por la ventana cómo ha anochecido. Pues tengo tiempo
Aurora se acomoda. Muy bien...




-Cap1-Cap2-Cap3-Cap4-Cap5-Cap6--Cap7-Cap8-Cap9-Cap10-Cap11-Cap12-Cap13-Cap14-Cap15
---14/11/09 Está lista!! No puedo creerlo, terminé al fin!!---


----||||Capítulo Uno, Sin Plumas ni Palabras.||||----

Al nacer, todos los Eyrie ya tienen pequeñas alas visibles y listas para empezar a desarrollarse, o eso se supone. Yo no.
Nací al amanecer de un día de verano, un día en que la aurora brillaba como nunca. Es por eso que mi nombre es Aurora. Era una pequeña eyrie de pelaje verdoso, nacemos sin marcas, éstas se forman al crecer. Pero a diferencia de todos mis hermanos, yo nací sin alas.
Nada, ni siquiera unas pequeñas plumas, como ocurría en algunos casos. Sin embargo mis padres se mantuvieron positivos, diciendo que ellas crecerían conmigo y tendría unas hermosas alas emplumadas. Pero no fue así.
Ya llevaba seis meses de vida, las alas de mis hermanos y los demás eyries estaban creciendo maravillosamente, ya pronto empezarían a volar. Pero en cambio yo seguía completamente igual, no tenía una sola pluma asomándose en mi lomo. Obviamente, los otros eyries de mi edad se burlaban de mí, me excluían de sus juegos y me dejaban sola. Incluso mis hermanos se alejaban. Sólo tenía a mis padres, que a pesar de que yo ya no era tan pequeña, me sobreprotegían y me defendían de las burlas. Y aún más, de los otros miembros del grupo que insistían en que yo no serviría de nada, que era solo una boca más que alimentar y que no aportaba nada al futuro del clan. ¿Por qué no podía tener alas, hermosas alas como las de mis padres y hermanos? ¿Por qué me había tocado esto? Mi único consuelo era que mis padres me querían y me cuidaban, más que a mis hermanos, sin embargo, al crecer ésto empezó a atraer aún más burlas. Pero, ¿Qué podía yo hacer? Son todos iguales, burlándose de las debilidades y defectos de los demás antes de ver las propias, sin darse cuenta de que no son perfectos. Quizás porque las mías se notaban a simple vista. El ser excluida me hizo insegura, tímida y solitaria, siempre tratando de captar la atención de mis padres, porque ellos son los únicos cuya atención no significa burlas e insultos. Su atención era para mí un gran cariño, que apreciaba mucho en mi vida escasa de alegrías. Sin darme cuenta, se me hizo tan necesaria esa atención cada vez que pasaba algo, que no podía vivir sin ella. En ese entonces no era un problema.

Yo ya tenía un año de vida, eso era para nosotros el comienzo de la adolescencia. Y creo que está de más decir que aún no había rastro de alas. Involuntaria e instintivamente, fui alejándome poco a poco de mis padres. Tampoco podía estar con ellos todo el tiempo. Así como su cariño, las burlas de los demás se convirtieron también en parte de mi vida. Su desprecio y la soledad, estaba acostumbrada a ello, lo quisiera o no. Y sin embargo me acercaba a ellos, aunque me doliera, aunque me lastimaran. No sabía si era o no lo correcto, pero era reconfortante pensar que sí lo era, que estaba haciendo algo bien dentro de tantos errores y fracasos. Hacer creer a mis padres, y a mí misma, que encajaba en ese lugar, que no estaba de sobra y que sí servía para algo, que me necesitaban. Aunque fueran engaños y mentiras, me hacía sentir mejor. Soy igual a ellos, buscando atención y halagos por cualquier cosa que sale bien. ¿A caso, me hace sentir que está bien, cuando llego con mis padres y me felicitan? ¿Cuando me dicen bien, muy bien Aurora, estoy orgulloso de ti realmente me hacen creer que es cierto? ¿Que yo debo estar orgullosa? No lo sé, cualquier tipo de atención de ellos es mejor que ser ignorada por los demás, pero la atención de los demás... No sé si valía la pena. Verme tropezar y caer cada vez que trato de hacer algo, se ríen, me miran y me conocen. ¿Es acaso eso mejor que ser ignorada? ¿Sus sonrisas vacías? Ellos se están burlando de ti, me decía... pero luego me respondía Eso es mejor a sentir que no existo, y no sabía qué pensar. Cuando estas dudas me atormentaban, simplemente trataba de dormir y descansar, de olvidarlo todo hasta el día siguiente. De evadir los problemas. Así no se soluciona nada, pero por un tiempo funcionaba.
Pero obviamente, mi estilo de vida basado en la opinión de los demás estaba destinado a colapsar.



----||||Capítulo Dos, Pérdida y Perdida.||||----

Un año y medio de vida. Adolescencia, y sin alas. Pues, creo que uno se acostumbra, el dolor ya era parte de mi vida, me gustara o no. Pero estoy dando más vueltas en lo mismo, en cómo me sentía, es más importante lo que pasó.
Un día, mi grupo de "amigos", que más bien eran los que me usaban como objeto de diversión cuando algo no me resultaba, o simplemente por mi discapacidad, decidieron hacer una pequeña exploración en el bosque. Vivimos en las montañas, porque es un lugar seguro y sin peligros, ya que somos de los pocos que pueden llegar hasta la cima, volando. Y tenemos terminantemente prohibido ir al bosque, está lleno de peligros, las ramas de los árboles dan visibilidad limitada sobre el bosque, e impiden volar dentro de él, ya que las alas se pueden enganchar, atorar o lastimar con ellas. Pero también sabemos perfectamente que hay mucho más alimento en él que en la montaña, en que no crecen muchas plantas y hay pocas criaturas. Aunque éstas no eran unas de las razones para ir, sinceramente el hecho de que te prohíban algo es suficiente motivo para intentarlo, ¿No? Vamos, que todos lo hemos hecho alguna vez...
Me avisaron de los planes y me invitaron a ir, ¿Porque era su amiga? ¿Porque les importaba? No, simplemente mi compañía les servía como algo de lo cual reírse. Puede que suene cruel, pero es cierto. Y para mí no era motivo para no ir con ellos.
El camino no fue muy interesante. Esperamos a que nadie nos vigilara y empezamos a bajar por el borde de la montaña. Me dolía hacerle esto a mis padres, pero si no lo hacía las burlas aumentaban y se convertían en insultos, además era algo que debía probarme a mí misma, que podía ser valiente. No me fue muy difícil bajar ya que mis patas estaban en mejor condición, ya que no podía volar. Ah, ellos ya sabían hacerlo, al menos la mayoría. En cambio yo tenía que caminar y correr para seguirlos y no quedarme atrás, además que en ellos las patas delanteras compartían músculos con las alas, en cambio las mías tenían el doble de fuerza desde ese punto. Aunque obviamente solo la usaba para correr, y en este caso para bajar la montaña. Demoramos entre media y una hora en bajar completamente y llegar al valle, en ese entonces mi noción del tiempo no estaba muy desarrollada. Por primera vez mis patas tocaron la hierba, no esas matas que crecen en las montañas, sino la hierba que cubre completamente el suelo. Era tan suave y cómodo pisarla.
Continuamos nuestro camino y llegamos al bosque. Todo era desconocido ahí, ya que la única visión que habíamos tenido era la de las montañas por encima del bosque. No imaginábamos qué se ocultaba bajo las frondosas ramas de los árboles. También, nuestros ojos no estaban acostumbrados a tan poca luz durante el día, en las montañas el sol da de lleno contra ti y te acostumbras a la luz fuerte. Por eso mismo nos costaba ver.
Luego de unas horas, algunos nos recordaron que nuestros padres se preocuparían, y aunque no éramos niños, ya queríamos volver. Yo más por mis padres, porque ese lugar era fascinante y asombroso. Dimos la vuelta y empezamos a devolvernos por el mismo camino, para nuestra suerte habíamos ido en línea recta así que encontrar el sendero no fue difícil. Cuando ya estaba oscuro, escuchamos unos ruidos en los matorrales. Todos nos quedamos quietos y en silencio, nerviosos y ansiosos a la vez, esperando ver algo nuevo. Y juro que preferiría no haberlo visto.
De entre los arbustos aparecieron unos cuantos eyries, pero no eran como nosotros, de colores brillantes. Eran de colores oscuros, no sabría asegurar si negros, grises, o tal vez un tono muy oscuro de azul o morado. Tenían garras filosas y unas alas enormes con plumas de bordes puntiagudos, en vez de redondeados como las de nosotros. Habíamos escuchado historias de ellos, se dice que viven en las montañas del Sur y rara vez vienen al Norte, únicamente lo hacen para causar problemas. Había oído hablar a los mayores de una escasez, probablemente ellos vinieron por causa de ella a buscar provisiones, o mejor dicho, a robarlas.
Estábamos paralizados, deben haber sido entre cuatro y siete, o tal vez más, pero había poca luz y era difícil distinguir con nuestros ojos acostumbrados a la luz del día. De pronto uno de ellos se abalanzó sobre nosotros, haciendo que nos dispersáramos. Empezó a reír y nos habló con un tono macabro en su voz;
Ja ja ja, miren esto. ¿Qué hacen estos pequeños cachorritos solos en el bosque? ¿No es un lugar muy peligroso para ustedes? Uno de los más tercos del grupo tuvo la imprudencia de interrumpirlo. ¡Eso no te importa! ¡No te tenemos miedo! Vaya, ojalá no hubiera dicho eso. No pasaron ni dos segundos para que uno de los eyries lo atacara. No sé si sobrevivió, nosotros nos dispersamos más aprovechando ese momento.
¿Qué les pasa? ¿Por qué se alejan? Es que acaso, ¿No vinieron aquí para... jugar? Y con esta última frase atacó a uno de los cachorros que estaba frente a él, estoy segura que murió. Su tono burlón cambió a uno más serio y completamente neutral y frío; Mátenlos. Y eso desató a todos los eyries que esperaban tras de él impacientemente para empezar a perseguirnos. Algunos de nosotros trataron de volar, pero se estrellaron al estar acostumbrados a un terreno libre de obstáculos, o se engancharon con las ramas. Al ver esto, otros trataron de correr, pero su costumbre de volar para obtener rapidez les jugó mal, ya que sus patas no estaban en buena condición y fueron alcanzados.
Comencé a llorar. Estaba aterrada y paralizada. Todavía quedaban algunos al rededor, sólo corrí y corrí lo más rápido que pude, y para mi sorpresa logré llegar a la montaña. Pensé que ahí estaría a salvo. Me equivoqué.
Uno de los mayores estaba a medio camino entre la falda y la cima de la montaña, y por suerte me vio y me ayudó a subir. A penas llegar, me dejó en uno de los refugios y me dijo No salgas de aquí, es peligroso. ¿Peligroso? Pensé. Me asomé para ver algo terrible. Los mismos eyrie que nos habían atacado en el bosque estaban en la montaña, atacando a nuestro clan. Luego de estudiar la escena pude ver a mi padre luchar contra uno de los eyries más grandes. Mi padre le dio un zarpazo en el ojo, él retrocedió. Aunque su ojo sangraba por la herida provocada, se tiró sobre mi padre y le hirió el pecho con sus garras. No quise ver lo que ocurrió después, me escondí en lo más profundo de la madriguera que usaba de refugio, esperando que todo esto fuera una pesadilla de la que fuera a despertar, y que estarían ahí mis dos padres para contarles todo y que me calmaran, como cuando era pequeña. No sé cuanto tiempo estuve ahí, para mí fue una eternidad. Hasta que por fin uno de los mayores se acercó a los refugios y me dijo que saliera. Habíamos ganado y nos defendimos de los atacantes, pero en la batalla... mis dos padres murieron... Lo primero que se me vino a la mente fue esto tiene que ser una pesadilla, tiene que serlo. Cuando despierte, ellos me abrazarán para tranquilizarme y decirme que estarán conmigo, como siempre lo hacen. Pero no. Era la realidad. Y en ese momento me sentí perdida por primera vez. ¿Qué hacer? Sin las personas que me protegen, que me cuidan, que me aman... Sin ellos a nadie le importo. Fui corriendo a mi refugio y nuevamente me apegué al rincón, llorando y esperando que no fuera cierto, diciéndome a mí misma que no lo era. Pero yo sabía que sí. Estaba perdida en el mundo, sentía que ya no tenía nada que hacer, nada por qué vivir ni luchar. Hubiera preferido morir. ¿Acaso el mundo no me ha hecho ya bastante, como para esto? Y la pregunta que retumbó en mi cabeza los siguientes minutos, horas, días... ¿Por qué?



----||||Capítulo Tres, Completamente Sola.||||----

Desde el momento en que perdí a mis padres todo empezó a ser diferente... me sentía tan sola, ahora cuando estaba triste, feliz, algo me preocupaba o mo'lestaba, no tenía a quien decirle... ¿A mis supuestos "amigos"? A parte del hecho de que no todos volvieron luego del incidente, estaba y aún hoy estoy completamente segura de que no les hubiera importado. No les importa lo que le ocurre a los demás, con que ellos sean felices todo es perfecto. Pero no puedo cuestionarlos, yo también soy así.
El tiempo pasaba, y obviamente mis alas no crecían, pero eso ya no me importaba. Me sentía mucho peor por la muerte de mis padres, por estar sola por primera vez... Además de que me sentía culpable de todo, por haberme ido, por-no haberme quedado con ellos, por-no haber podido... despedirme de ellos, y las lágrimas comenzaban a caer, como todas las noches. Y eso no era lo peor.
Ahora que mis padres no me protegían, me desplazaban e ignoraban más que antes. En cambio, los mayores seguían con su firme idea de que no servía de nada, no ayudaba en nada y era sólo una carga, y ahora no había nadie para negarlo. Todos sabían que era cierto. Yo nunca podría cazar para el clan, menos aún defenderlo... era solo otra más para soportar y alimentar desde su punto de vista. Cada vez me sentía más y más abandonada y sola. Completamente sola.
Un día como cualquier otro, ya que para mí todos eran iguales, escuché por casualidad una conversación de algunos de los eyries que habían ido conmigo al bosque.
¿Escuchaste lo que dijeron los mayores? Preguntó uno de ellos. ¿Qué cosa? ¿Sobre la rara sin alas, que piensas expulsarla? El otro respondió.

No, no, eso todos lo saben. Ambos soltaron una pequeña carcajada, que a mí no me causó la más mínima gracia. Pero no podía culparlos, no sabían que estaba ahí. Y aunque lo supieran, no les importaría.

Bueno, ¿Entonces qué? volvió a preguntar. El primero respondió, Dicen que hay una Eyrie que vive en el bosque... El otro lo interrumpió, ¿Cómo? ¿No que es peligroso? Algo mo'lesto por la intromisión, continuó, Eso dicen, pero esta vive sola en el bosque, dicen que usa plantas y polvos para curar heridas y enfermedades, en vez de estar en las montañas cazando. El segundo volvió a opinar, Éso sí que es extraño, ¿Seguro que es cierto? El primero respondió; No, sólo son rumores que escuché, pero dicen que puede curar absolutamente cualquier enfermedad o herida, incluso de nacimiento. Y fue en ese momento que captó mi atención. Fuera cierto o no, para mí era una esperanza, una oportunidad. ¿De verdad podría curar mi defecto? Valía la pena intentarlo, incluso si no podía, incluso si ni siquiera existía. Aunque sus comentarios no me animaban mucho. Seguro es sólo un cuento, ¿Vive en el bosque, usa hierbas y cosas raras y cura cualquier problema? No suena real. El otro asintió y ambos se rieron, pero no me importó. Si ella estaba ahí, si por casualidad podía ayudarme, tenía que intentarlo. Después de tanto tiempo, por fin tuve una esperanza.



----||||Capítulo Cuatro, Pequeñas Esperanzas.||||----

El problema no era escabullirme al bosque, con suerte lograba que notaran mi presencia. Sino, que no sabía en qué lugar del bosque se encontraría, aunque planeaba preguntar, ya que según sabía, el bosque estaba más habitado que la montaña. Aunque pensando eso, recordé la última vez que bajé al bosque. No era algo que quisiera recordar, pero debía estar atenta a los peligros, no todos querrían ayudarme. De hecho, tendría suerte de encontrar a alguien que lo hiciera en lugar de burlarse de mí, como siempre me pasaba.
Empecé a bajar la montaña al amanecer, cuando aún estaba la aurora en el cielo. Ja, ja... pero bueno, a mí no me daba gracia. Tampoco es que me doliera apartarme de aquellos a los que no les importo y que solamente me desprecian y se burlan de mí. Creí que me sentiría mejor lejos de ellos, por muy incómodo que fuera estar sola. Esta vez fui mucho más rápida que la primera, probablemente porque no tuve que esperar a los demás, estaba sola, pero realmente no me mo'lestaba. Demoré seguramente menos de media hora en llegar abajo. Y empezaron los problemas.
No tenía idea de hacia dónde ir, el único camino que conocía era el que nos había llevado cerca de esos eyries que nos atacaron, de solo recordarlo me paralizaba. Así que, por descarte más que por instinto, elegí el camino totalmente opuesto a ese.
Luego de caminar una hora por esa ruta improvisada, me di cuenta que no estaba llegando a ninguna parte. Todo se veía igual, así que no sabía por dónde había pasado. En cambio, al tratar de tomar puntos de referencia todo se veía distinto. Era muy frustrante. Pasé unas horas más tratando de llegar a "ese lugar" pero siempre terminaba en "otro lugar" sí, terriblemente lógico. Estaba cansada de tanto caminar y sin tener ya un rumbo. Empezaba a vacilar, hubiera sido mejor quedarme en la montaña a salvo. Pero luego recordé por qué lo hacía. Me imaginaba a mí misma con dos hermosas alas emplumadas. Imaginación no me faltaba en ese entonces. Pero el gruñido de mi estómago me despertó de mis fantasías. Desde el día anterior no había probado bocado, tenía muchísima hambre. Y claro, no esperaba lograr cazar algo en ese lugar. Ni siquiera sabía que podría cazar sin ser cazada. Pero luego me vino a la mente la idea de buscar alimento en plantas. Según había escuchado de los mayores, cuando no se encuentra carne, sirve de complemento. Así que empecé a buscar entre los arbustos algo que pareciera remotamente comestible.
En ese momento vi una planta de forma extraña, que inmediatamente captó mi curiosidad. La toqué con la pata y me gruñó. Sí, me gruñó esa planta tan extraña. Me di cuenta que no era una planta, era una extraña criatura, según recordaba los llamaban Rashpid. Tenía dos ojos amarillos que me miraban con curiosidad, y una gran mandíbula.

Para seguir su juego, empecé a mover la punta de mi cola frente a él, así la seguía con la vista como un gatito. Pero el juego ya no fue tan divertido cuando sentí sus dientes clavándose en ella. No hagas eso, duele. Le dije, aunque no creía que me entendiese. Sin embargo, bajó la cabeza y me miró tristemente. Bien, lamento haberte gritado... Entonces recordé qué hacía en un principio antes de distraerme con el pequeño. Tengo que irme, o moriré de hambre. Parece que nuevamente, el Rashpid me entendió, pues desapareció entre las plantas para volver con una fruta de color exótico. Me la acercó. ¿Es para mí? Le pregunté, no se me ocurrió nada más. Él asintió con la cabeza.
Mordí la fruta, tenía un sabor muy extraño, para alguien que ha comido carne casi toda su vida. Pero sin duda era mejor que las plantas. Ya había anochecido, así que me levanté y busqué algún lugar para pasar la noche. Después de un rato encontré una cueva en una gran roca, así que entré. Por suerte no había nadie viviendo en ella, sino no sé qué hubiera hecho. Me apegué a la pared, como siempre hacía cuando estaba preocupada en mi madriguera, y cerré los ojos. Era la primera vez que pasaría la noche en otro lugar, aunque no era la primera vez en que lo haría sola. Desde que mis padres murieron, siempre había estado sola en la madriguera, ya me había acostumbrado.
Abrí los ojos y descubrí que el pequeño Rashpid me había seguido, y estaba acurrucado a mi lado. No lo desperté, la verdad estaba feliz de tener compañía después de tanto tiempo. Puse la cabeza sobre mis patas delanteras y abrigué al pequeño colocando mi cola sobre él, para luego dormirme, sabiendo que el día siguiente sería duro también.



----||||Capítulo Cinco, A Través del Bosque.||||----

Desperté y estiré mi cuerpo como pude en ese pequeño espacio. Me levanté con cuidado, para no despertar al Rashpid que seguía apoyado en una de mis patas, y salí fuera de la cueva. El amanecer era muy diferente que en la montaña, ahora el sol estaba por encima de mí y no por debajo, como solía estarlo. La temperatura era muy agradable y la luz del sol prometía un buen clima. En cuanto el pequeño se despertó, empezó a seguirme de nuevo. Decidí llamarlo Reysen, fue lo primero que se me vino a la mente.
Ahora, me enfrentaba nuevamente al problema. ¿Qué camino debía seguir? Para mí todo el bosque era idéntico, el día anterior sólo me había guiado evitando el sendero que me llevó donde los eyries que nos atacaron. Pero así no iba a llegar a ningún lado. Me senté apoyando la espalda en el tronco de un árbol para meditar mejor la situación. Reysen se sentó frente a mí, mirándome. Suspiré. Y ahora, ¿Qué? Ni siquiera conozco este lugar. Empecé a interpretar todo lo que estaba pensando y preocupándome en mi cabeza en palabras para decirle al pequeño Rashpid. De alguna forma, me hacía sentir mejor, aunque no me respondiera como lo hacían mis padres, sé que entendía cada palabra. Cuando terminé, suspiré nuevamente. ¿Qué crees que deba hacer? Reysen se levantó y empezó a caminar. Me quedé observándolo. Luego se devolvió y me mordió suavemente una de las patas.
¿Quieres que te siga? Le pregunté, él asintió. Me levanté apoyándome en el tronco, y comencé a caminar detrás de él. Nuevamente, como suele pasarme, varios pensamientos e ideas entrechocaron en mi mente. ¿A dónde me llevará? ¿Al lugar donde vive? ¿De nuevo a buscar comida? O quizás, entendió toda la historia y sabe el camino. No, eso es mucho pedir. Por estar sumergida en mi mente, me distraje y me golpeé con una rama baja en la cabeza. Reysen se detuvo. Tontas ramas... Estaba acostumbrada a tener mucho espacio en las montañas, en cambio en el bosque todo estaba cerca y apegado a lo demás, los árboles se topaban con los arbustos, los arbustos con plantas, las plantas con rocas... Me sentía algo extraña ahí. Pero me levanté, y con cuidado de no volver a golpearme, seguí caminando detrás de Reysen.
Después de unas horas, llegamos al borde de un río. Era la primera vez que veía uno desde tan cerca, sólo los había visto en otras montañas más bajas, y desde muy lejos. No imaginaba cómo serían. Puse una temblorosa pata en el agua, y en cuanto sentí la corriente fría la saqué de inmediato. No tengo que cruzar eso, ¿Cierto? Me dije a mí misma, pero Reysen ya había entrado al agua. Era poco profunda, pero eso no afectaba el miedo que tenía. Aunque también me fascinaba, ver cómo se movía, como si estuviera vivo. No como las hojas de los árboles, que se movían por el viento. El río se movía por sí mismo, podía ver mi reflejo y el del sol en el agua.
Una vez más, Reysen me despertó de mis pensamientos con un gruñido algo impaciente, quería que siguiéramos. Y entonces miré el agua, y volvió ese miedo a lo desconocido. Lentamente, puse una de mis patas en el agua, un escalofrío me recorrió el cuerpo. Luego puse la otra, hasta estar completamente en el agua. Me llegaba hasta la rodilla. Avancé con el agua con dificultad, era muy diferente a caminar en la tierra. Me demoré unos minutos en llegar al otro lado, donde el pequeño Reysen me esperaba. Se sentía bien estar de nuevo en tierra firme, instintivamente me sacudí para quitarme algo del agua, aunque todavía me sentía mojada. Era desagradable, pero con el clima cálido y soleado no demoró mucho en secarse. Entonces de nuevo tenía hambre. Reysen y yo fuimos a buscar algo por los alrededores, pero ninguna planta tenía frutas que comer. Entonces, él se devolvió al río. No entendí por qué, así que me quedé observándolo. Se sentó en la orilla, muy quieto, durante varios segundos. Luego, dio un zarpazo al agua, y saltó un pez a la orilla junto a él. Me acerqué, nunca había visto nada parecido, era tan extraño para mí, en especial la forma en que se movía y luchaba por volver al agua.

Luego de unos minutos, Reysen pescó otro, y esa tarde comimos pescado. Era como la carne, pero su sabor era distinto. Sin duda era mejor que las frutas.
Terminamos de comer, y seguimos caminando. Cuando anocheció nos refugiamos en un tronco hueco que encontramos, para dormir y esperar el día siguiente. Nuevamente fuera de mi hogar, aunque no lo consideraba como tal. De alguna forma no sentía que perteneciera ahí. Pero estaba muy cansada por las emociones de ese día como para seguir pensando, así que bajé la cabeza y me dormí. Ni siquiera tuve el tiempo de seguir preguntándome hacia donde me llevaba el pequeño Rashpid, o para qué.



----||||Capítulo Seis, La Curandera.||||----

Estaba en la montaña, sola. Cuando me di cuenta de lo que pasaba, en mi lomo tenía dos enormes alas de plumas verdes y moradas, estaba tan feliz. Corrí para subir la montaña e ir con los demás, y luego pensé Qué tonta soy, ¡Puedo volar! y cuando ya me faltaba un cuarto del camino, abrí las alas y empecé a subir. Cuando ya llegaba a la cima, las plumas empezaron a caerse una por una, terminé cayendo sobre el suelo. Todos comenzaron a burlarse de mí, como siempre lo hacían, diciendo que iban a expulsarme del clan. Y yo empecé a llorar.
Una suave mordida de Reysen me despertó. Una pesadilla, una terrible pesadilla. Esta vez él se había despertado primero, y había ido a buscar algunas frutas para desayunar. Acaricié su cabeza suavemente, aún algo nerviosa por la pesadilla, pero traté de quitarla de mi mente. Sacudí la cabeza y desayunamos.
Me levanté aún algo temblorosa. El sol lucía aún más brillante que el día anterior, hacía que todo el bosque se viera hermoso al iluminarlo. Contemplé el cielo un rato, estaba más lejos de lo que yo acostumbraba, pero así podía verlo en su totalidad. Era azul brillante y casi no había nubes en él, sólo en el horizonte, como en un día caluroso. Me preparé para continuar el viaje, no estaba segura si Reysen seguiría guiándome, pero así fue. Seguí el camino que me indicaba la pequeña criatura, cada vez me acostumbraba más a caminar a través del bosque. A mediodía, aún tenía bastantes energías a pesar de haber empezado a caminar en la mañana, pero al parecer Reysen quería descansar. En un claro, encontramos un hermoso lago, el agua cristalina se veía muy diferente a la del río. Estaba tranquila y calmada, y los leves reflejos del sol hacían que se viera preciosa. Cuando avanzamos un poco más, pude ver una cascada. El agua a tal velocidad me ponía algo nerviosa, pero de todas formas me fascinaba mirarla, ver cómo caía el agua hasta el lago, para luego bajar por otras cuantas cascadas y lagunas. Y, luego de mirarla un rato, pude ver el arco iris que se formaba.
Era precioso, no había palabras para describir lo fascinada que estaba en ese momento. Tantos colores... más de los que hubiera visto en las montañas en toda mi vida. Podría haberla contemplado por siempre, pero ya tenía sed por la caminata, así que bebí un poco de agua del lago, al igual que Reysen, y descansamos un poco. Luego seguimos caminando, en la noche llegamos a una pequeña cabaña en el bosque. Me dio mucha intriga, pero no dije nada. Reysen gruñó, o.. más bien hizo ese ruido que suele hacer, no sé describirlo, y arañó la puerta. Se encendió la luz en la cabaña, pude oír la voz de una mujer ¡Ya voy!.
No sé si estaba más emocionada, intrigada, nerviosa, o asustada, pero instintivamente retrocedí para ocultarme en la sombra de un árbol. Reysen seguía frente a la puerta, que luego se abrió. Vi a una eyrie de color marrón rojizo que la había abierto. ¡Hola, pequeño, eras tú! Exclamó saludando al pequeño Rashpid. ¿Cómo has estado? Él se veía feliz, era obvio que la conocía desde antes. Dime, ¿Qué pasa? Reysen se acercó a mí y mordió suavemente una de mis patas como hacía cuando quería que lo siguiera, pero seguía nerviosa. Al ver que no respondía, se devolvió y me mordió de nuevo, algo más fuerte. Entonces m levanté y lo seguí, con la cabeza abajo, algo dudosa.
Oh, pero mira. ¿Quién es esta jovencita? Exclamó la Eyrie. Reysen frotó su cabeza contra una de mis patas. Le respondí, aunque sentía que se me cortaban las palabras. M-mi nombre es Aurora, vengo de las montañas. La expresión de la eyrie cambió, se veía algo sorprendida pero no duró mucho. Pues, bienvenida, veo que has hecho un largo viaje. Pasa a la cabaña, sino pescarás un resfriado. Asentí y le hice caso, pensando que respondería dentro mis preguntas. Reysen me siguió.
Mucho gusto, Aura. La interrumpí, como la mayoría, no soporto que digan mal mi nombre Es Aurora, le dije. Oh, sí, lo siento, Aurora. Me presento, soy la curandera de este bosque. En ese momento, tuve de nuevo una explosión de pensamientos y sentimientos en mi mente. Es ella, es realmente la que estaba buscando, está frente a mí. No puedo creerlo, en serio es ella, la persona que puede curar mi problema. Nuevamente, mi mente fue interrumpida por sus palabras. Y dime, ¿Por qué has venido? ¿Tienes alguna herida o enfermedad, o algún conocido la tiene? Me pareció muy extraño que no mencionara si quiera mi problema, aunque noté que se había fijado en él.
No, no, de hecho, creo que ya te diste cuenta de que, a diferencia de los eyries como tú, yo no tengo alas. Su expresión cambió totalmente, parece que ya había imaginado lo que iba a decirle, y trató de eludirlo. Bueno, yo también tengo un problema. Nunca pude aprender a volar, no sé por qué. Por eso fui exiliada de mi clan... Movió su ala derecha, en la cual noté tres marcas como si le hubieran arrancado una parte.

¿Sabes lo que significan estas marcas? Para resumirlo, significa "No vuelvas, no queremos volver a verte". Su expresión era de tristeza. Yo seguía algo impresionada por su historia. Es por eso que vine a vivir al bosque, sé que hay muchos rumores sobre mí, pero yo solamente vivo curando heridas y enfermedades del que se aventure por este camino. Suspiró. Pero, creo que ya ha sido demasiado. Es muy tarde, puedes dormir en aquella habitación, y mañana dime en qué puedo ayudarte.
A pesar de todo, no había perdido mis esperanzas. Debía existir una forma. Levanté a Reysen que se había dormido apegado a mi pata, y lo coloqué junto a mí antes de dormir. A pesar de tantas dudas en mi cabeza, no me costó dormirme, ya que estaba muy cansada por las emociones de ese día.



----||||Capítulo Siete, Nuevo Viaje.||||----

Ese día me desperté muy ansiosa. Me levanté sin despertar a Reysen, me sacudí un poco para despertarme bien, y caminé fuera de la habitación. Allí estaba la curandera, mezclando algunas hierbas. Te ayudarán a recuperar energía, debes estar muy cansada por el viaje. Me dijo, y sonrió. La verdad sí lo estaba, pero en ese momento estaba muy nerviosa para preocuparme por eso. Bebí el jugo que había hecho con aquellas plantas, no tenía un buen sabor pero si me ayudaba a recuperar la energía, valía la pena. La curandera se sentó frente a mí.
Bueno, está bien.. dime por qué has venido a buscarme. No sabía cómo explicárselo, así que le conté todo lo que me había pasado. Ya veo, has tenido una vida bastante difícil. Dime en qué puedo ayudarte y haré todo lo que esté a mi alcance. Tomé mucho aire, y le dije; He escuchado que puedes curar incluso enfermedades de nacimiento... Entonces me preguntaba si tú... Podrías curar el defecto de mis alas. Y bajé la cabeza, asustada por lo que sería su respuesta. Durante varios segundos hubo silencio, lo cual me ponía más nerviosa.
Yo... Cuando empezó a hablar, mi respiración se hizo forzosa por los nervios. No, no puedo... Lo sentí como un puñal en el pecho. Nuevamente, como me había ocurrido esos últimos días, una cascada de emociones y pensamientos inundó mi mente. Esto... Tiene que ser una pesadilla... No puede ser... Por fin llegué con ella, pasé por tantas cosas para llegar aquí, y ahora... No puede ser... Y empecé a llorar, como hacía cada vez que algo me afectaba de esa forma. En parte por la tristeza, y por haber perdido la esperanza... Y en parte, sentía que la cabeza me explotaba con tantas cosas que iban a través de ella. Sin poder aguantar más, me desplomé en el suelo, sin dejar de llorar. Después de todo, todavía era una niña, por mucho que quisiera negármelo a mí misma.
La curandera se acercó y dulcemente me levantó la cabeza con una de sus patas, para mirarme. Yo seguía llorando, me costaba respirar y me dolía el cuerpo y la cabeza. Lo lamento mucho, en serio que sí, pero... Yo solamente sé usar algunas plantas y polvos para hacer medicinas, no soy capaz de tanto... Mi llanto comenzó a detenerse y respiraba algo más calmada. Sin embargo, Siguió, Podrías ir a ver a mi hermana. Ella perdió una de sus alas en un ataque a nuestro clan, por eso también vino al bosque, vive a más o menos un día de camino de aquí. Pero ella no es una curandera, es una hechicera. Y hace tiempo que trabaja en una poción para que su ala izquierda vuelva a crecer, como no tengo tiempo de visitarla no sé si la haya terminado... Me miró a los ojos. Pero si es así, podrías ir a verla, ¿No? No te aseguro nada, hace mucho que no la veo. Pero vale la pena intentarlo. Sonrió. Si sales ahora, deberías llegar allá mañana en la mañana.
Traté de secar mis lágrimas mientras mi respiración se volvía más normal. S-sí, muchas gracias. Le dije como pude entre esa nube de llanto. En ese momento llegó Reysen, seguramente el ruido lo había despertado. Vino hasta donde yo estaba, y frotó su cabeza contra mi melena para consolarme. Acaricié su cabeza. Y, ¿Quieres venir conmigo, Reysen? Le dije en voz baja, no podía levantar mucho la voz. Él hizo una especie de gruñido de felicidad y asintió. Suspiré y bajé la cabeza sobre mis patas para descansar un poco. Así que, un Nuevo Viaje.
Le agradecí por todo a la curandera, había sido muy dulce y amable conmigo. Me dio algo de comida para el camino, y partí junto con Reysen. Me indicó un camino a través del bosque, dijo que sólo debía seguirlo para llegar a la cabaña de la hechicera. Esta vez, yo guiaba a Reysen que me seguía y de vez en cuando empezaba a jugar con mi cola. Caminamos todo el día, el camino era muy tranquilo. En la tarde, nos detuvimos al lado del camino para comer lo que nos había dado la curandera, luego seguimos hasta la noche, donde encontramos un árbol hueco para pasar la noche. Se sentía algo incómodo luego de haber dormido en una cama la noche anterior, pero no estaba tan mal. Decidí no ilusionarme mucho esta vez, para que no me pasara lo mismo. De todas formas sólo estaba probando, era muy posible que no tuviera nada para ayudarme pero valía la pena probar. Además, si era la hermana de aquella curandera tan amable, también debería serlo, ¿No?. Reysen ya se había dormido, decidí hacer lo mismo.



----||||Capítulo Ocho, La Hechicera.||||----

Esta vez me desperté temprano. Moví un poco con la pata a Reysen para que despertara, quería seguir el viaje pronto. Pero él seguía muy cansado, tal vez yo tenía esa energía por el jugo que me había dado la curandera. Lo levanté y lo cargué en mi espalda, para que descansara un poco más mientras seguía caminando. Una media hora después, Reysen se despertó y camino detrás de mí como el día anterior. Tenía muchas esperanzas de que de verdad la hechicera pudiera ayudarme, pero las posibilidades eran pocas después de todo. Aunque no me gustaba la idea de que el viaje hubiera sido en vano. Me volteé y vi a Reysen jugueteando con mi cola, como le gustaba hacer. Solté una risita, No fue en vano, ahora tengo al pequeño Reysen que me acompaña.
Tal y como la curandera nos había dicho, luego de una o dos horas llegamos a una cabaña al lado de un alto árbol. Era el árbol más grande que había visto. Me pregunté cómo sería la hechicera... Bueno, sólo hay un modo de averiguarlo. Me dije a mí misma. Bajé la mirada hacia Reysen y le hice una seña para que me siguiera. Estaba algo asustada y nerviosa, pero sobre todo ansiosa. Trataba de no repetir lo que sucedió con la curandera, pero se me hacía difícil. Algo temblorosa, golpeé suavemente la puerta.
Luego de unos minutos se escuchó una voz, ¿Qué quieren? Me quedé pensando unos segundos hasta que reaccioné y le dije, Ehm yo.. Vine a ver a la hechicera. Cada vez estaba más nerviosa. La voz me respondió; ¿Para qué quieres verme, quién eres? Su tono me ofendía un poco, pero respondí. Tengo un... problema... Fui a ver a la curandera pero no me pudo ayudar, me dijo que viniera con usted... Mi nombre es Aurora, y soy una Eyrie de las montañas. No tuve que esperar mucho para su respuesta. ¿De las montañas? ¿De cuales? No recordaba bien el nombre, así que sólo le dije Las Montañas del Norte. Esperando que me entendiese.
Vaya, vaya... Ha sido un largo camino hasta aquí, ¿No? Esto podría ser interesante, pasa. Una eyrie de un color entre anaranjado y oro me abrió la puerta. Creo que se sorprendió tanto al ver mi ausencia de alas como yo de ver que le faltaba el ala izquierda. Aunque la curandera me lo dijo, era diferente estar frente a ella. En su ala derecha, que tampoco estaba en excelente estado, tenía las mismas tres marcas como su hermana, porque la habían exiliado. Cielos, esto no se ve todos los días. Aunque quién soy yo para hablar, ja ja. Dijo en un tono algo sarcástico que me incomodaba un poco, pero tenía que ser amable si quería obtener algo para remediar mi falta de alas. Y dime, ¿Para qué has venido? De nuevo me puse nerviosa, es algo que no pude evitar. Pues yo... creo que habrá notado que no tengo alas-Indudablemente. Me interrumpió. Su comentario no me animó precisamente, pero continué. Verá... La curandera me dijo que usted estaba trabajando en una poción que serviría para hacer crecer las alas... Me preguntaba si podría darme un poco de ella. Me miró de forma arrogante. Eres una jovencita muy atrevida al pedirme eso, la poción es para mí. Yo tengo mis propios problemas. Y en todo caso, no está lista. Hizo una especie de seña. Al fijar la vista hacia ese punto, vi un frasco de vidrio con un corcho tapándolo, el líquido dentro era muy inquieto y se veía inestable. Era de color rojo, pero luego se volvía morado, casi azul, para llegar a ser rojo de nuevo. Me daba escalofríos mirarlo. Has viajado mucho, Prosiguió, con la vista fija en el frasco pero sin quitar el tono de superioridad en su voz. Por eso, tal vez te dejaría tomar un sorbo o dos si estuviera lista. Pero no lo está, es muy inestable todavía. Sería peligroso tomarla sin haber probado sus efectos antes. Me sentí desilusionada nuevamente. ¿Y cuando estará lista? , Pregunté. La hechicera se volteó hacia mí, por su expresión se notaba que le hacía mucha gracia burlarse de mi inocencia. He trabajado en ella durante cinco años. Tal vez en uno o dos años, o quizás me tome otros cinco más. No creas que es fácil. Bajé la cabeza. Por alguna razón sentí que se reía de mí en su interior. ¿Y qué pasaría si la tomara ahora? La hechicera se mo'lestó por mi pregunta. ¡No te atrevas! Dijo enojada. Por tu seguridad. No tengo la más mínima idea de lo que sucedería. Yo estaba realmente muy triste en ese momento, no sé si porque sentí que mis sueños se destrozaban, o por la forma en que me trataba. No tuve gana alguna de quedarme a pasar la noche en su casa, sólo salí de la cabaña y me tiré a un lado de ella. Sentía una mezcla de tristeza, desilusión y enojo a la vez. Pero cerré los ojos y traté de dormir.



----||||Capítulo Nueve, Corriendo Riesgos.||||----

A mitad de la noche me desperté agitada, por otra pesadilla que en este momento no quiero recordar. Seguía pensando en la poción que había visto, y qué sucedería si la tomaba. Era tan tarde y estaba tan cansada, que ya no pensaba bien. Sin hacer ruido ni despertar a Reysen que estaba apoyado en mí, me levanté y entré a la cabaña. Vi la poción en un estante, sentía como si sus colores cambiantes me hipnotizaran, obligándome a acercarme.

Pero al mismo tiempo me ponían nerviosa, imaginando qué podría pasarme. Por suerte la hechicera no se había despertado. Me quedé ahí, mirando la poción y sus colores por un rato, hasta que me decidí y puse una de mis patas sobre ella. Seguí mirándola, por debajo de mi pata. Estaba cansada, agitada y confundida en ese momento, y me costaba pensar. Entonces la levanté del estante, no hubo ningún ruido. La poción seguía cambiando de colores como antes, suspendida en el aire por una de mis patas. Parecía que estuviera viva. Entonces, sin pensarlo, salí y me la llevé. Se podría decir que "robé" la poción, pero estaba desesperada. Será sólo un sorbo y listo, pensé. Estaba frente a la cabaña, nadie se había despertado. Todo estaba oscuro. Volví a mirar la poción. Entonces me decidí, y comenzé a beberla. Tenía un sabor muy fuerte, muy dulce. Creo que tomé algo más de la mitad de la poción, pero no sentí nada. Pensé que estaría defectuosa, de todas formas esa hechicera era poco confiable. Entré y la coloqué nuevamente en su lugar, luego fui a buscar a Reysen, que seguía durmiendo. Lo cargué y empecé a caminar, ese lugar me hacía sentir extraña. Sin embargo, luego de un rato caminando, el sueño terminó por ganarme y me desplomé en el suelo.
Unas horas después me desperté, y la poción no tenía efecto alguno. Decidí olvidarlo, y fui a beber agua de un río que había cerca. Entonces, empezó a dolerme la cabeza, luego la espalda. Mi cuerpo comenzó a brillar, y se formaron varias marcas de colores en mi pelaje. Fue entonces cuando mi cola se dividió en tres, y sentí como si un gran poder recorriera desde mi interior y saliera hacia afuera a través de mi lomo. Me desmayé en el río, aunque por suerte era poco profundo. Creo que pasaron unos pocos minutos para que me despertara, tenía todo el vientre y las patas mojadas, me sacudí. Entonces sentí el fino roce de mis alas, sí, alas...

Volteé la cabeza hacia mi lomo, entonces vi dos enormes alas de hada de color rosa, con diversas marcas de colores. Eran semi transparentes, así que podía ver los árboles a través de ellas. Estaba sin aliento, tan sorprendida y emocionada a la vez. No sabía que pensar, yo esperaba tener dos hermosas alas emplumadas como todos los demás, entonces lo recordé y de nuevo sentí que mis sueños se derrumbaban. Temblorosamente, di unos dos o tres pasos para alejarme del río que ya me había helado las patas, y me tumbé en el pasto. Las alas casi no pesaban, traté de moverlas, y aunque me costaba, pude hacerlo. Estaba muy feliz, pero debería aprender a volar con ellas. Luego de estar un tiempo más tratando de entender lo que había pasado, volví con Reysen, que al verme también se sorprendió. Ese día caminamos hasta el otro lado del bosque, encontré una cabaña abandonada por humanos y nos quedamos un tiempo en ella. Entonces, empecé a aprender cómo usar las plantas medicinales, y a curar a los demás con ellas. Llegaban diferentes criaturas heridas, de diferentes partes, y los ayudaba a sanar sus heridas. Aunque nunca encontré nada que me pudiera ayudar a mí, tal y como dijo la curandera, para eso se necesitaban pociones o hechizos. Entonces me convertí en curandera, en esa parte del bosque. Pero eso no era lo que yo quería, quería volver con mi clan. Entonces, un día pensé; Pero si ya tengo alas, ¿Qué me impide volver? Tal vez no sepa volar, pero las tengo. Y decidí regresar a la montaña con el clan, esperando lo mejor. Qué ilusa fui.



----||||Capítulo Diez, Sueños Rotos.||||----

Demoré cerca de una semana en llegar a la montaña, quizás menos. Reysen se quedó en la cabaña, ya que el viaje era muy largo y él no podría escalar conmigo para llegar hasta la cima de la montaña. En ese momento estaba muy emocionada, tanto, que olvidé que siempre que me emociono demasiado las cosas van mal. Ojalá lo hubiera recordado.
No demoré mucho en subir, mis patas eran ahora mucho más grandes y fuertes de lo que eran la última vez que estuve ahí. Casi lo había olvidado, ese lugar, esa sensación, miré hacia abajo. Sentirse por sobre todo el bosque, algo que nunca valoré hasta ahora, que podía verlo todo. Incluso distinguí a la distancia las cabañas de la curandera, de la hechicera, y la mía, donde el pequeño Reysen me esperaba. Cerré los ojos, respiré profundo, y, con el mismo ánimo de antes, me dispuse a continuar, hasta llegar con los demás. Ni siquiera me cruzó por la mente qué fueran a decirme, o qué decirles yo, o si me reconocerían.
Cuando me acerqué, reconocí a mis hermanos y "amigos", todos habían crecido mucho, al igual que yo. Todos clavaron la vista en mí. Yo seguía con la misma sonrisa en mi rostro, y di un paso más. ¿Quién eres, qué haces aquí? Me dijeron, extrañados. Luego pensé que tal vez no me reconocían tan crecida, con las marcas, las alas, todo. Entonces respondí sin perder el entusiasmo Soy Aurora, ¿Recuerdan?. Uno de los eyries que estaba apoyado en una roca, respondió ¿Aurora? Ah, sí, la que no tenía alas. Por su voz lo reconocí, era uno de los que fueron al bosque conmigo hace tiempo. Exacto, pero ahora si las tengo, dije, y abrí mis alas orgullosa.
¿Qué es eso? Exclamó uno de ellos en tono de burla. Cierto, cierto. ¿Estás diciendo que las cosas que tú tienes son como las nuestras? Bajé un poco la cabeza, sabía que no tenía plumas, pero.. Pero... De todas formas son alas, ¡Con ellas puedo volar! ¡Ya no soy una carga! Les dije. Sus expresiones no cambiaron en lo absoluto. Bien pues, vuela. Dijo uno de ellos, a modo de desafío y con ese tono de burla en su voz nuevamente. Ehm.. Yo... Eché las orejas hacia atrás. Todavía no aprendo a volar... Pero ¡Puedo aprender! ¡En serio! Traté de razonar con ellos, gran error. Parecía que yo era aún una entretención para ellos. Vamos, ¿No crees que estás algo grande para aprender a volar? Miré el suelo bajo mis patas, temblorosa. ¿Al menos sabes cazar? Si haz estado tanto tiempo fuera, debes haber aprendido algo. Entonces levanté la cabeza y los miré a la cara nuevamente Pues... no he cazado, pero sé pescar y buscar frutas. Se rieron, me dolió y empecé a ponerme nerviosa. ¡Oh, sí! ¡Eso es muy útil cuando vives en la montaña! Exclamó otro con un tono de sarcasmo a más no poder en su voz, los demás rieron de nuevo. Ya no sabía qué decirles. Aurora, Dijo uno de ellos. Entre mis ojos a punto de llorar, pude distinguirlo como uno de mis hermanos Ya no te necesitamos, nunca lo hicimos. Vete. En ese momento sus palabras se clavaron en mi cuerpo, hiriéndome, doliéndome terriblemente. Pero me quedé ahí, ya había empezado a llorar. Her-Hermano... Fue lo único que pude decir. Él se enojó entonces, ¿¡Qué no me escuchaste?! ¡Vete! Pero mis patas no me respondían, estaba demasiado abatida. Entonces los demás se dirigieron hacia mí, uno de ellos me dio un zarpazo en la cara, haciéndome retroceder. Entonces otro, que estaba atrás, me tomó por el ala derecha. Vete, y no vuelvas. No vuelvas, no queremos volver a verte. Entonces, recordé las palabras de la curandera, mientras el mismo eyrie que me había sujetado del ala, me daba tres picotazos en ella, luego de darme una patada, se alejó. Entonces, asustada, comencé a correr, corrí montaña abajo para alejarme de ellos, estaba tan asustada que seguí corriendo hasta que estaba tan cansada que mi cuerpo no me respondía. Entonces me apoyé en un árbol, y comencé a llorar en la soledad del bosque. Ya no sabía que hacer, estaba tan pero tan triste, desilusionada y cansada, sabiendo que ya nunca podría volver, que todo mi viaje había sido en vano. ¿Estás bien? Escuché una voz por detrás de mí, una voz que se me hacía conocida de algún lado.



----||||Capítulo Once, La Verdad.||||----

Me volteé, detrás de mí, a unos metros, estaba un eyrie. Pero no era de los de mi clan, su pelaje era oscuro, casi negro, sus patas tenían marcas de fuego, su espalda y alas unas manchas verdes y anaranjadas. En la cola tenía una especie de anillo con púas. Estoy buscando a la curandera de esta parte del bosque, Dijo mientras se apoyaba en un árbol, pude ver que su cuerpo estaba muy herido, Supongo que eres tú, ¿No? Cuando dijo esto me fijé en su rostro, sus dos ojos eran de un color rojizo-anaranjado y el izquierdo no tenía pupila, en cambio tenía... una enorme cicatriz que lo cruzaba... Me quedé helada y comencé a respirar de forma agitada. Es... él.. Me dije a mí misma. Es... el eyrie que... mató a mis padres... Recordando el momento en que vi a mi padre por última vez, luchando contra un eyrie idéntico al que tenía en frente, y darle un zarpazo precisamente en el ojo izquierdo. Verás, tuve cierto problema... como no puedo ver con este ojo, me exiliaron de mi clan porque no sirvo para cazar, me atacaron y me estrellé contra un árbol... Comencé a llorar de nuevo, le había pasado lo mismo que a mí, sólo que mucho peor. Y no es que me fascine llorar frente a un completo extraño, pero no podía evitarlo.
... ¿Te Pasa algo? ... Me preguntó, y se acercó a mí, yo traté de retroceder pero choqué contra el árbol en que me había apoyado antes. Seguía llorando, tratando de mirar hacia otro lado, pero él no me quitaba la vista de encima. ... ¿No te he visto antes? Me dijo luego, tomándome del brazo. Entonces levanté la vista un poco, y traté de hablarle. S-soy del clan de l-las montañas del N-norte. T-tú... No sabía como decirlo, él seguía esperando que continuara, así que simplemente lo dije ... Tú mataste a mis padres. Entonces recién me di cuenta que tal vez lo hubiera confundido e inculpado injustamente, pero ya lo había dicho. Él me soltó el brazo y bajó la cabeza. Ya veo, respondió, y se tambaleó un poco cuando una de sus heridas empezó a sangrarle. Se paró nuevamente. Lo siento mucho, desde que nací en mi clan me han entrenado para cazar y para matar. Hace cerca de un año, hubo una gran sequía al Sur del bosque, donde vivíamos. Entonces, el líder del clan nos mandó a buscar alimento al Norte, no teníamos opción. Las órdenes eran matar a cualquiera que interfiriera en el camino, aunque terminamos perdiendo, porque estábamos débiles por la falta de alimento. Se apoyó en un árbol que estaba a medio metro de mí, yo seguía escuchando. Fue entonces cuando obtuve esta cicatriz, supongo que fue tu padre. Pero no lo culpo, sólo se estaba defendiendo a sí mismo, al clan, a ti. Hizo una sonrisa algo forzada, se notaba que sus heridas le dolían mucho. Sin embargo, desde ese momento perdí toda visibilidad con el ojo izquierdo, y cada vez me fue más difícil cazar. Por eso hace unas semanas me exiliaron del clan, pero como no tenía a dónde ir, seguí cazando lo poco que podía cerca del territorio del clan. Hoy me vieron y me atacaron, creo que tengo rota el ala. Noté una herida profunda en su ala izquierda. El resto fue tratando de volar, terminé cayendo y estrellándome contra un árbol y luego contra el suelo. Después de eso traté de alejarme lo más que pude de ellos, y como oí rumores de una curandera en el otro lado del bosque, vine a ver si podías curarme. Pero no alcancé a llegar, al parecer te encontré en el camino. Hace unos minutos que yo había dejado de llorar. Escuché atentamente todo lo que me dijo. No había sido su culpa, nada lo había sido. Pero de todas formas, él era quien mató a mis padres, y no había forma de remediar el rencor que sentía mi corazón estando frente a él, por mucho que quisiera ayudar a todo el que lo necesitara. Él trató de levantarse, aunque seguía respirando algo forzadamente. Pero, Dijo luego de levantarse y ponerse de pie con ciertas complicaciones, No tienes que ayudarme si no quieres. Sí, yo maté a tus padres, a ambos. Por mi culpa es que ahora estás sola, por mi culpa has sido exiliada de tu clan. Haya querido o no, yo lo hice. Y ya no hay forma de cambiarlo.
Lo miré a los ojos. No mentía, su rostro entero mostraba cuánto le dolía decirme eso, por muy verdadero que fuera. Entonces volví a llorar, esta vez porque no sabía qué hacer. No era su culpa, aunque él dijera que sí, no lo era. Sus heridas eran tan serias, que seguramente sin atención moriría, por cansancio, pérdida de sangre o si su clan u otro enemigo lo encontraba. Por otro lado, él tenía razón. Por su culpa yo estaba sola, por su culpa estaba exiliada y mis padres muertos. Y el rencor y la rabia no desaparecerían fácilmente. Pasaron varios minutos en los que no sucedió nada, únicamente el viento soplaba, las lágrimas recorrían mis mejillas hacia abajo, y ambos respirábamos forzadamente por el daño en nuestro cuerpo, tanto físico como mental.
Entonces él se dio vuelta y comenzó a caminar. ¿Qué haces? Fueron todas las palabras que me vinieron a la mente y alcancé a decir en ese momento, me dolió el pecho luego de hablar. No creo que quieras ayudarme, yo no lo haría si estuviera en tu lugar. Respondió sin darse la vuelta para mirarme Por eso sólo me iré, buscaré algún lugar para descansar. Su voz se notaba muy triste. Pero... pero si haces eso tú... morirás Le respondí y el pecho volvió a dolerme. Lo sé. Se limitó a decirme. Y luego de tomar aire muy profundo, continuó caminando, o mejor dicho cojeando, lentamente. Con cada paso que daba, las heridas en su ala y piernas dejaban caer unas gotas de sangre al piso. Yo seguía en el árbol, apoyada, y respirando con mucha dificultad, sin haber dejado en ningún momento de llorar. Él... él no es malo. pensé en ese momento. No fue su culpa, él no quiso... además, eso ya pasó, y no hay nada más que hacer. Nadie, nadie merece morir de esta forma. Ya habían pasado unos minutos pero él no se había alejado mucho, por el lento ritmo que llevaba. Entonces, con dificultad y el cuerpo algo entumecido, me levanté del árbol. Él se detuvo y se giró un poco para verme. ¿Qué haces? Me preguntó, como irónicamente le había preguntado yo a él hace unos minutos. Caminando hacia donde él estaba, dije, aún jadeando por el dolor V-voy a... curarte.



----||||Capítulo Doce, El Pasado Quedó en el Pasado.||||----

Entonces empezamos a caminar hacia la cabaña, el cuerpo me dolía un poco todavía, pero lo suyo era mucho peor. Casi no podía apoyar una de sus patas, además se notaba que todo su cuerpo estaba muy dañado, y le costaba respirar. Entonces, su ala izquierda dejó caer una gota de sangre sobre la mía. Lo siento, dijo arrepentido. No, no te preocupes, no es tu culpa. Le respondí mientras quitaba la mancha de mi ala derecha. Él me miraba atentamente. Tus alas son... especiales, ¿Cómo las obtuviste? Me preguntó entonces. Ya la había limpiado, así que seguimos caminando. Suspiré, Fue un error con una poción defectuosa. Las odio. Respondí. Él bajó un poco las orejas, Lo lamento. Pero no veo por qué no te agradan tus alas, sólo porque son diferentes no significa que sean malas. Lo miré, y luego volví a mirar al frente, Tal vez tengas razón, pero mi clan no lo piensa así, le dije. Además que no sé cómo volar con ellas. Él parecía estar "inspeccionándolas", No creo que sea muy diferente a volar con alas de plumas. Me dijo. Fue extraño, una visión que nunca se me había ocurrido, entonces volví a la realidad, Tal vez, pero no tengo a nadie que me enseñe, los únicos hubieran sido los de mi clan, respondí, bajando un poco la cabeza. Pues yo.., podría enseñarte dijo luego, con algo de inseguridad. ¿Tú? Dije en tono algo burlesco, mirando su ala rota, no podía evitar que me causara gracia su comentario. Él tosió, Ehm, bueno, no voy a estar así para siempre, cuando me cure del ala podré volar de nuevo, respondió algo mo'lesto, aunque esa era la idea. Claro, eso si es que puedo curarte le dije luego, era tan divertido mo'lestarlo, principalmente porque tomaba en serio todo lo que le decía. Y lo demostraba de nuevo, ¿Cómo que si es que puedes? dijo tratando de esconder su preocupación, me daba gracia. No no, le dije riendo, es broma .... y entonces me di cuenta de algo, creo que no me has dicho tu nombre.
Él había tenido la misma torpeza que yo, pero seguía disimulándolo, lo que se me hacía de lo más divertido. Ehm, claro, puedes llamarme Paigze, ¿Y tú cómo te llamas? Trataré de no olvidarlo me dije, Soy Aurora, Contesté entonces. Es un... bonito nombre, me dijo luego, y yo inmediatamente inventé otra forma de sobresaltarlo, Se nota que no tienes nada mejor que decir. Lo dije casi riéndome, pero pareciera que no lo notó, ¿Eh? No, no, lo digo en serio. Respondió aún nervioso y entonces no pude contener la risa, Vamos, Paigze, es broma. A él no pareció darle mucha gracia, pero entonces trató de seguirme la corriente Oh, veo que burlarse de mí le es muy agradable, señorita Dijo con una voz tan graciosa que me hizo reír más. Cuando ya se me estaba pasando la risa, le contesté, con el mismo tono, Veo que es usted muy observador; así es, señorito y entonces no contuve la risa, curiosamente a él le pasó lo mismo. Tal vez parecíamos chiflados, pero en ese momento por fin pude desligarme de todo lo que me preocupaba hace un rato, por primera vez tenía otra cosa que hacer.
El tiempo vuela cuando te diviertes, así que ni me di cuenta cuando llegamos a la cabaña, luego de bastantes bromas que no harían reír a nadie excepto a nosotros. Antes de abrir la puerta, llamé a Reysen, que salió de detrás de la cabaña y me saludó alegremente. Lamento haberte dejado solo, pequeño Reysen, dije mientras lo abrazaba. ¿Es tuyo? preguntó entonces Paigze por detrás. Reysen levantó la cabeza al escuchar una voz desconocida. Sí, lo encontré en el bosque hace unos meses, me ayudó y no quiso dejar de seguirme, entonces lo llamé Reysen y desde entonces me acompaña respondí mientras trataba de que Reysen no me mordiera en juego. Entonces lo dejé en el suelo, y fijó la vista en Paigze. ¿Qué pasa, Reysen? Él es Paigze, está aquí porque tiene varias heridas y necesita que lo cure. Pero ninguno de los dos pareció escucharme, se miraban incómodamente el uno al otro, hasta que Reysen se le tiró encima y le mordió la cola,

Quítamelo dijo Paigze sacudiendo la cola, mientras Reysen aún lo mordía, lo cual me daba mucha risa. Vamos, se supone que eres un guerrero cazador que lucha contra todo, ¿No puedes contra un pequeño Rashpid? Dije ignorando el momento en que me pidió que se lo quitara. No te burles, Aurora Dijo algo mo'lesto, pero no en serio, es decir, como siempre se ponía con mis bromas. Reysen seguía mordiéndole la cola, mientras el la sacudía lo más fuerte que podía, en vano. Chicos, pensé mientras soltaba una risita por dentro, entonces me levanté y tomé suavemente a Reysen en mis brazos. Mientras, Paigze se lamía la cola donde tenía una pequeña herida, Parece que le caíste bien dije riendo, pero él no me contestó, se hizo el mo'lesto. Pero yo sabía que no era en serio.
Bueno, creo que fue suficiente, dije abriendo la puerta, entra y te curaré las heridas. , respondió Paigze, levantándose y siguiéndome dentro de la cabaña. Veamos, ¿Dónde te duele? le pregunté. Todo me duele, respondió mirando hacia el lado, aunque sabía que era para hacerme reír, y obviamente funcionaba. Bien, bien, quédate aquí e iré a buscar unas hierbas para tus heridas. Dije, y salí llevando a Reysen conmigo.



----||||Capítulo Trece, Heridas Causadas Por el Tiempo.||||----

Sus heridas eran bastante profundas, pero con la ayuda de tu servidora, muchas hierbas medicinales y bastante reposo, finalmente Paigze logró recuperarse de las heridas, salvo la del ojo, claro. Soy curandera, no hago milagros... o magia, como prefieras. Lo que más me costó curar fue su ala rota, fue básicamente la razón por la que se quedó conmigo en la cabaña durante varias semanas, reposando, ya que las demás heridas ya se habían curado o cicatrizado. De todas formas, él no tenía otro lugar a donde ir, y a mí no me mo'lestaba su compañía. La verdad es que me sentía algo sola en el bosque, es decir, claro; tenía a Reysen conmigo, pero no podía hablar con él, además hacía tiempo que no tenía compañía de otros eyries, sin contar mi "visita" a mi antiguo hogar. Y por supuesto, más tiempo con él era más tiempo para mo'lestarlo.
Una tarde calurosa fui a buscar agua al río, pero me detuve cerca de una pendiente que había. No es como si no la conociera, el bosque ya era bastante familiar para mí, pero ese lugar siempre me relajaba, si bien también me hacía sentir algo melancólica. Había un precipicio bastante empinado, y abajo, a varios metros, una vista del bosque con el río recorriéndolo por el centro. Me senté cerca del borde, mirando hacia abajo, y suspiré. Cuando estaba en la montaña y miraba hacia abajo, tenía un sentimiento parecido. Cuando los demás Eyries estaban frente a este tipo de alturas, sin dudarlo desplegaban las alas y volaban, simplemente por que sí. Es como si fuera irresistible para nosotros. Pero claro, ése es un deseo que yo nunca pude cumplir, volví a suspirar distraídamente, y escuché un sonido de hojas detrás, pero no me volteé.
Aurora. Era la voz profunda de Paigze, a la que tanto me había acostumbrado. Era como si pudiera sentir que iba a estar ahí antes de que estuviera, la verdad no sé explicarlo. De todas formas levanté la cabeza sobre mi hombro y bajé las alas para verlo mientras se acercaba a mí. Volví a voltearme hacia adelante mientras él se sentaba a mi lado. No lo estaba ignorando y él lo sabía, solamente no tenía nada que decir, o si lo tenía no sabía cómo. De todas formas él ya entendía lo que me pasaba.
Lo vi estirarse por el rabillo del ojo, como si tratara de llamar mi atención. Él tampoco solía ser bueno con las palabras. Este... ¿Recuerdas lo que te prometí? Ahora sí captó mi interés, ¿Qué cosa? respondí con un desinterés que él y yo sabíamos era fingido. También sabíamos ambos que mi memoria no es la mejor... Paigze me ha ayudado a recordar partes de la historia, pero eso es otro tema.
Te dije que te iba a enseñar a volar, respondió, mirando hacia el paisaje bajo nosotros. Entonces fue como si me hubieran lanzado agua fría encima. ¿Eso? Oh, cierto, p-pero... ¡Tu ala todavía no está bien! Ni siquiera tú puedes vol- empecé a hablar sin saber si quiera lo que decía, sintiendo que toda la sangre se me iba de la cara al cuerpo, dejándome pálida y con dolor de cabeza, pero me detuve cuando él se levantó con algo de arrogancia en su expresión. Tú y yo sabemos que mi ala está bien era otra cosa que ambos sabíamos Aurora, ¿Tienes miedo? me preguntó gentilmente, casi como si hablara con una niña pequeña.
N-no, es sólo que... mentí, bueno, más o menos. Suspiré. ... tú sabes... por la mirada en su rostro, no, no sabía. ...yo nací sin alas, no sé si... no sé si se supone que yo vuele en lo absoluto... Para cuando terminé mi voz no era más que un susurro, pero eso era exactamente cuando me sentía. Bueno, también tenía miedo, pero me negaba a mostrarme débil frente a él. Creo que acababa de hacerlo...
Aurora... volvió a llamar mi atención de un modo más convencional, llamando mi nombre. Lo miré, pero él se volteó hacia otro lado, no sé si estaba viendo algo o esquivaba mi mirada para no verle el rostro. ... Tal vez, tal vez tengas razón. Pero yo creo que tú naciste para volar, después de todo ése es tu sueño. Y si naciste sin alas, entonces fue sólo para encontrarlas. Para poder cumplirlo. Me sonrió. Él no sonreía a menudo, y en ese momento sentí como si toda la sangre que había huido de mi rostro antes estuviera haciendo todo lo contrario, y me volvió a doler la cabeza, y no me mo'lesté en ocultarlo. Le sonreí también, y acerqué una de mis patas delanteras hasta rozar con la suya. En ese preciso momento, me costaba pensar que realmente soñara con otra cosa.
Tengo miedo le dije francamente, olvidando todo lo de no mostrar debilidad, él sólo asintió. Lo sé, yo también tuve miedo me respondió, tratando de hacerme sentir mejor. Pero él sabía que el miedo no me iba a detener, y yo también. Ni antes ni ahora. Después de todo, ése era mi sueño, y no iba a renunciar a él. Menos si lo tenía a él conmigo.



----||||Capítulo Catorce, Mi Sueño.||||----

Siempre quise tener alas, desde que era pequeña. Ahora las tenía, había sufrido tanto por ellas. Pero no las quería sólo porque sí, obviamente. Las quería para parecer un eyrie normal, lo cual pues... no resultó exactamente. Pero también, dentro de mi corazón, las quería para volar, para poder volar como todos los demás eyries podían.
En ese momento, me arrepentí.
¡P-Paigze! ¿N-no crees q-que podríamos e-empezar con algo m-más fácil? pregunté sumamente asustada cuando me tomó del brazo y empezó a volar sujetándome, yo tratando de hacer un tremendo esfuerzo para no caerme. Pude sentir sus dedos cerrarse más fuerte sobre los míos, así como escuchar su risa ligera.
Oh, vamos, ¿No te estarás arrepintiendo, verdad? ¡A penas estamos planeando!. Bueno, la verdad sí estábamos planeando, y me estaba arrepintiendo, tratando de pedalear por mi vida, sólo consiguiendo más risas y un ¡Mueve las alas! mientras él daba otro aletazo y subíamos unos metros más, seguramente chillé cuando lo hizo.
Con cuidado, comencé a mover las alas parecido a lo que él hacía, ¡No es lo mismo, sabes! Las alas de los eyries son básicamente un brazo muy largo con plumas a través de él, en cambio las mías ni se le parecían. En mi frenesí de aletazos desesperados empezó a caer un polvo brillante de mis alas. Con calma, con calma dijo mirándome. Yo, irritada y buscando otro punto para no tener que mirarlo a él, dirigí la vista hacia abajo y entonces vi cuán arriba estábamos, volví a aletear desesperadamente. ¡PAIGZE ME VOY A CAER! Chillé, cerrando los ojos para evitar ver esa tremenda altura, juraría que él iba a empezar a reírse de nuevo, pero para mi sorpresa no lo hizo. Nuevamente fortaleció su agarre en mí, diciendo a la vez, No. No te vas a caer. No si yo estoy aquí para sujetarte.
Traté de mirarlo a la cara, pero él dejó de verme y dirigió la vista al frente. Desde entonces dejé de pensar en la posibilidad de caerme, aunque no pude evitar tragar saliva pesadamente al ver de nuevo el panorama bajo mi cuerpo. Cerré los ojos, tratando fuertemente de concentrarme y aletear así como lo hacía Paigze.
Tuve que practicar varios días hasta poder volar sola, y en cuanto Paigze me soltó, juro que de no haber sido por mi posición lo hubiera golpeado en la cabeza ¡¿Cómo se atreve a soltarme sin decirme nada antes?! Pero logré mantenerme estable y aterrizar algo sobresaltada, olvidando mi enojo momentáneamente. N-no me avisaste fue lo único que pude murmurar, tratando de sonar enojada, pero su sonrisa mientras se reía suavemente arruinó mis intentos. Ésa es la idea. Si te avisara te hubieras puesto nerviosa. respondió, pero de todas formas intenté gritarle nuevamente ¡Pero me puse nerviosa! le entre dientes, entonces me miró con una sonrisa triunfadora. Pero volaste fue lo único que dijo, y tenía razón. Aunque no me atreviera a volar sola, mientras él estuviera allí para sujetarme, yo me sentía tranquila. Ah, casi lo olvido. Y cumplí mi sueño, por fin pude volar. La brisa y el viento contra mi pelaje, el sentimiento de estar por sobre todos los demás, de poder verlo todo, es... fascinante. Entonces dejé de sentirme inferior a los demás como había sido toda mi vida, y pude sentirme... feliz, quizás mis padres estarían orgullosos de mí. Pero, incluso todo eso no se comparaba con el sentimiento de que alguien estaba allí para apoyarme, para animarme, para alentarme y para sujetarme si me caía. Y eso es algo que no cambiaría por nada.



----||||Capítulo Quince, Prólogo.||||----

Y bueno, esa es la historia. Varios meses después, en el bosque me encontré a una chiquilla bastante escandalosa, una eyrie de unos 13 años, blanca y negra pero con marcas multicolor por todo el cuerpo, quien clamaba serZhylt, la Protectora del Arco Iris o algo así, creo. La habían abandonado en el bosque, no sé por qué, ¡Si es una ternura! Algo hiperactiva y revoltosa, y creo que a Paigze se le hacía un tanto irritante, pero bueno él se enoja por todo, ¿No? -risita-
Decidí cuidarla como si fuera mi hermanita o mi hija, la verdad soy algo joven como para que ella sea mi hija, pero si sigue con sus travesuras me hará envejecer pronto, creo que a Paigze le está pasando eso ahora mismo... ¡Pero la pequeña Zhylt sigue siendo un amor! No me imagino mi vida sin ella, o Paigze, o mi pequeño Reysen, que le tomó cariño a la chiquilla, mientras ella no le pise la cola o le jale los pétalos que le sirven de... ¿Orejas? Al menos nunca la ha mordido, aún.
Todo ese tiempo he sido la curandera, aunque a veces Zhylt va a jugar por el bosque y Paigze se va a relajar y descansar, entonces me quedo con Reysen aquí esperando si llegan viajeros como tú.

Bueno, ¡La medicina para tu amigo ya está casi lista! Por mientras, ¿Por qué no ves estas lindas imágenes que encontré por ahí?




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