Historia
Un lejano reino. Una extraña región, y una Princesa. Una princesa, realmente bella, nacida de la más delicada flor de cerezo, y la belleza de las más bellas mariposas. Lina, una delicada, pero gentil y bondadosa princesa, que nació un 8 de febrero de aquella lejana época. No recuerdo cuando exactamente, solo recuerdo esta historia que siempre solía contarme mi madre antes de dormir.
Lina, como solía decirle a la princesa, nació en un antiguo reino, hace mucho tiempo. Era una princesa amable y llena de historias y secretos maravillosos. Cada día que ella se levantaba para confrontar y embellecer un nuevo día, la carta de su prometido, quien había nacido al mismo tiempo que ella. Era un compromiso premeditado, pero esto no hacía feliz a la joven princesa, porque ella sabía que la poesía que aquella carta contenía; que aquellos versos llenos de magia y dulzura, no eran poemas que salieran de lo más profundo del alma del principe.
Aunque Lina tenía una de estas cartas todos los días, ella no era feliz, pues estas no salían de los sentimientos de él hacía la pequeña princesa. Así continuaron los días, y Lina jamás conoció al principe. Ella siguió siendo tan amable y delicada como un retoño de flor de cerezo que recién había caído, y en su región era conocida como Hikaru, la princesa de la Luz.
Por fin era el cumpleaños número quince de la princesa, y ahora era hora de conocer a aquel joven al cual había sido atada por el resto de su vida. Un muchacho llegó para llevarla a la Ciudad a ella y a un par de sirvientas. La princesa subió al carro, mientras que las sirvientas se fueron a pie.
Unos kilométros habían transcurrido cuando un estrepitoso sonido apareció. Los árboles comenzaron a agitarse. Luego, de la nada misma, aparecieron frente al carro y las sirvientas, tres hombres enmascarados.
-Venimos en busca de la Princesa!. Ahora rindánse!. -Exclamaron aquellos extraños hombres, mientras lanzaban contra las sirvientas unas navajas en forma de estrellas, que hicieron que estas se corrieran. Los tres hombres avanzaron hacia ella, pero no llegaron muy lejos. Un joven, enmascarado, encima de un caballo marrón y rodeado de unas telas hermosas apareció. Desenvainó su espada y comenzó a pelear contra los tres hombres, que aunque eran mayoría, salieron perdedores ante el joven.
-...Sorprendente. Cual es su nombre joven, debo recompensarlo por habernos salvado. -Exclamó Lina mientras vendaba al joven, que había dejado ver su hermoso rostro. Lina había sido cautivado por el muchacho, que al parecer no había dado nombre alguno. Repentinamente se subió al caballo y antes de irse exclamó: "Conocerte fue mi mejor recompensa, pero, esta no es la primera vez que te veo. Esperaré tu llegada".
Lina no entendió sus palabras sino hasta llegar al palacio. El edificio era enorme y lleno de basijas chinas. No era muy diferente, pero yo creo que ella pensaba diferente. Sus ojos brillaban como cuando era pequeña, y a donde iba, trataba de mantener la calma. Al llegar a la sala principal Lina ingresó a la habitación, mientras el resto de las sirvientas esperaron afuera. El padre de su "prometido" era un hombre viejo, pero amable, y lleno de energía al parecer.
Solo recuerdo como mi madre acentaba esta parte, por ser la final de la historia, y por la lección que esta remarcaba. El cuento terminaba de una forma bella y llena de misterio, y lastimosamente no sacaron la continuación del mismo. Eh? Quieres saber como termina? Bueno, te contaré;
Las puertas corredizas de aquel palacio se abrieron. El rostro de la pequeña princesa comenzó a brillar como nunca antes lo había hecho. El joven que había entrado por la puerta, era aquel muchacho que la había salvado de su mala suerte ante esos ladrones. Ella se le acerco, casi corriendo.
-P-Pero, como, porque? -Exclamó Lina mientras tartamudeaba alguna de las palabras, ante la exaltación y el asombro.
-Te estuve siguiendo, todos estos años. Perdón por haber mandado a escribir las cartas, lo que menos deseaba era hacerte daño. Tú siempre estarás en mi corazón, Lina. -Exclamó el principe mientras abrazaba a la muchacha. Esta solo podía sonrojarse ante sus palabras y quedarse callada. -Lina, te amo, más que nadie. Por ello siempre me tendrás a tu lado, eso te lo aseguro. -Exclamó el joven principe.
Recuerdo como aquellas campanas de bodas sonaban en mi cabeza cuando era niña, y como mis ojos se abrían al ver el blanco vestido de la joven princesa, que en su rostro mostraba una expresión de alegría y belleza. La princesa Hikaru, como solían decirle, dejó de serlo para convertirse en Lina, la esposa de su amado.