Los frívolos pasajes de París tiñen su endeble silueta de un tono sombrío, cubriendo el entorno con la fina precipitación; melancólicas y cristalinas lágrimas angelicales descendientes desde el cielo que poco a poco comienzan a humedecer rincón a rincón de la desolada y moribunda ciudad fantasma.
Aquel inoportuno escenario logra tomar desprevenido tu andar, por lo que comienzas a apresurar tus pasos en búsqueda de algún refugio que logre mantener tu cuerpo seco bajo la lluvia, sin embargo, el día pareciera no favorecer a los jóvenes bienaventurados viajeros, por lo que la ciudad se difumina dormida a tu alrededor, resignándote a encontrar algún sitio donde el ser recibido sea tu benevolente cobijo.
Un leve suspiro de resignación recorre la vacía brisa de aquel gélido entorno, por lo que disminuyes tu caminar por sobre la vereda, salpicando de manera grácil los pequeños charcos que se han formado en la misma. No obstante, a la lejanía logras divisar una antigua vivienda, la cual humeando débilmente desde su chimenea da el único signo de vida percibible desde tu llegada.

Urgido, trotas hasta el encuentro con el improvisado domicilio, refugiándote bajo el techo de la gran entrada de esta, para luego secar inútilmente tus húmedas ropas, agitándolas con fuerza hacia el viento.

- Demonios, qué fastidio -Musitaste por lo bajo, desabrochando con lentitud los botones de tu desdeñado chaquetón.

Mas la calma de aquel día tempestuoso se vería interrumpida por una joven y casi imperceptible voz proveniente desde el interior de la vivienda.

-¿Qui est là?

Sorprendido, tomas rápidamente tus pertenencias y amagas con retirarte del lugar, siendo retenido en milésimas por algo hacia tu espalda; apresa de manera recia pero a la vez sutil tus hombros, ocasionando que un escalofrío recorra cada resquicio de tu cuerpo.

-¿Que devez-vous? - Consulta tras tu espalda, apretando con algo más de fuerza tus articulaciones, sin llegar lastimarte.
- E-este.. y-yo.. - Titubeas con inseguridad, aflojando lentamente los hombros a medida que su figura parece acercarse hacia tu espalda, sintiendo su respiración chocando tras tu reverso.
- Uh... ¿Parlez-vous français?
-.. Em.. L-lo siento, pero no le comprendo.
-Oh.. ¿Español tal vez?

La sorpresa que te inunda tras oír su español es simplemente increíble. Su dialecto es casi muchísimo más refinado que, en aquel preciso instante, tu mismo habías estado empleando.

- Exacto, señor.. soy.. de habla española
-Haberlo dicho antes - Masculló casi en un suspiro, soltando poco a poco tus hombros para, acto seguido, voltearse y comenzar a alejarse, rozando tu envés con su voluminosa cola.

Por el contacto, llegas a estremecerte, mas, logras aparentarlo.

-Anda, suivez-moi

A pesar de que no llegas a comprender en su totalidad lo que dialogó, sigues sus pasos con cautela, guardando la prudencia de permanecer una importante cantidad de pasos de distancia; su figura se esboza en una contextura delicada y esbelta, con una apariencia endeble que logra contrastarse con su caminar distinguido y su altura importante. Su cabello lacio y largo es de una tonalidad semi plateada, y por lo que logras notar, su tez opaca se diluye entre colores albinos, gríseos y negrizcos.
Camina ocultando su rostro tras una delgada espalda recubierta con una camisa grisácea con diseños atractivos pero monocromáticos, deteniéndose frente a una puerta bastante demacrada con el tiempo, del cual cuelga un pequeño cartel con la palabra "Cuisine" grabada en su viga. Girando sobre sus talones, la petrificante mirada del joven se estampa en tu rostro, dejando a notar unos ojos profundos y dolidos, cuya pupila refleja tu figura en tonalidades purpúreas, con una pupila tan pequeña que logra perderse en la profundidad de los mismos.

Intimidado, desciendes la mirada en forma sumisa hasta estamparla en sus pies, goteando levemente desde tu cabello.
- Puedo notar que estás empapado, ¿Qué hacías un día como este sin algo con qué cubrirte? - Consultó en un pequeño y frágil hilo de voz, llevando una mano a tu mentón, obligándote a observarle.
- ... Vine.. de paso, me dirigía a otra ciudad de Francia y.. me topé con un París bajo la lluvia-.
Rió por lo bajo, negando.
- ¿Y esperabas venir a Francia sin saber nada de nuestro belle idioma? - Volvió a cuestionar, entreabriendo con cautela la puerta de lo que parecía ser su cocina. - Sólo.. venía a visitar a un familiar-.
Tras entablar lo que parecía ser una pequeña y disoluble conversación que finalizó por la propia decisión del joven, reposas sobre un empolvado taburete, recibiendo un poco de ropa seca por parte del mismo.

- ¿Qué te trajo a mi humilde accueli? - Interrogó, recargando el peso de su cabeza sobre su palma, contemplándote con cierto aire de curiosidad.
- Como era el único sitio que parecía habitado, decidí venir a.. molestar - Reíste entre dientes, mientras recambiabas tus ropas y tendías las empapadas sobre la mesa del comedor.
- .. La gente no suele venir a esta casa - SSusurró con melancolía, desviando débilmente la mirada hacia un punto inexistente, un vacío imprevisto- A lo único que vienen es o a pedir favores o a molestar-. Frunció levemente el ceño, ocultando parte de su talvez.. temor al apretar con fuerza su propio puño contra la mesa.
- Lamento si estoy molestando - CContestaste con aflicción, manteniendo una postura dócil frente a él. Sin embargo, una idea ilumina los parajes de tu memte, y posiblemente, te permitirían también sacar al joven de la soledad que al parecer, reinaba desde hace mucho en el lugar.- ¿Vives solo?
Asintió inexpresivo, sin levantar la vista; ensimismado en sus propios sentimientos.
-¿Sería posible que me contaras algo más sobre tí?.

Asombrado, levantó el rostro y esbozó una tímida sonrisa en su rostro, para luego, sin borrarla, negar con ironía.
- La gente de ahora, la gente de ahora - Reflexionó, cruzandose de piernas- Aún tengo tanto por conocer.. pero claro, me encantaría. Me sacaría un poco de la desganada rutina del día a día-.

C'est moi

Nombre: Sinclair Esthkel Darius [Sincléir Estkél Dárius]
Seudónimo: Sinclair ou Sin, tout simplement.
Edad: Dix-sept ans [ Diecisiete ]
Género: ... Homme [ Masculino ]
Carácter: Quisquilloso, callado, asocial, inexpresivo, audaz, perspicaz, estratégico, manipuble, complejo, singular.
Residencia: -
Profesión: Artiste monochromatique [ Artista monocromático ]
Pareja: Mon petit ange.

Compañía: -

Dialecto: Joven, sedoso, pacífico.
Altura: 1.83 cm.
Contextura: Delicada & Esbelta.
Peso: Ochenta kilogramos.
Cabello: Lacio y largo, con una tonalidad grisácea.
Mirada: Profunda y adentrante; petrificante y afligida. De una tonalidad purpúrea oscura, con escaso brillo reflejado en la misma.

Monotonie

Suspiró de manera leve y delicada, estirando con desánimo su cuello.
- ¿Está bien con ello o, deseas savoir plus? - Interpeló con una expresión de absoluto desinterés, entreteniéndose como método precautivo con el abundante pelaje de su cola, acariciándolo o simplemente, jugando con sus dedos al interior del mismo.
- Es.. intrigante -respondiste sonriente, con un extraño brillo en los ojos.
Levantó la mirada fijandola en tu rostro, y al notar tu expresión, largó a reír por algunos segundos, suspirando. - Todos.. tenemos una historia

- Es realmente.. intrigante, llama mucho mi atención - Respondiste con una efusiva sonrisa, expidiendo desde tu mirada un extraño brillo de inquietud en la retina, lo suficiente como para captar la atención del distraído Sinclair.
Éste levantó la atención hacia tí, clavándola como aguja hasta tu rostro. La expresión, la intensidad de cada pequeña facción que lograba interpretar logró robarle una cautivante sonrisa, una de las pocas que en él tal vez se habrían reflejado con anterioridad, para luego, suspirar de regocijo.

- Bien, pour commencer, todos.. tenemos una historia..

... Muchos poseen algún secreto, gran parte de los cuales se prefieren encerrar al interior de una diminuta caja de cristal y finalmente, esconder aquel objeto de las miradas ajenas, en lo más profundo de la habitación del olvido. Otros, por su parte, poseen un pasado realmente aburrido, monotonie, al punto de que, por dicha razón, llega a ser realmente intrigante. ¿Qué clase de historia crees que la mía, corresponde?

Bien, ambientémosnos suponiendo que jamás pertenecí a la primera alternativa. Nací en la cuna de una familia sumamente aristócrata burguesa, quienes se posicionaban con honores en la cúspide económica de Francia, disfrutando por tanto de bastas riquezas en el corazón de la misma; la hermosa y placentera, frívola y aparente ciudad de París.

La llegada de su único hijo, je, les dio la oportunidad de armar abiertamente mi futuro, en el cual me vería envuelto por los brazos de la fraternidad y encerrado en un mundo paralelo a la realidad. Desde muy pequeño se me enseñaron los más finos mœurs [ Modales ], el arte de la escritura y la cualidad de saber cuando oír, saber cuando hablar y claro, saber cuando callar. Poco a poco la vida se me iba cerrando como el efecto dominó, cerrando mi entorno y reduciéndolo, finalmente, a las cuatro paredes que componían mi cuarto, y con ello, comenzaría a forjar en mí una personalidad reservada, fría, introvertida y asocial, probablemente, adquiriendo un nivel que sobrepasaría el alcance de mis progenitores.

Al cumplir la debida edad, fui rodeado de los más vastos e increíbles connaissances [ Conocimientos ]; profesionales en cada área acudían a diario a mi hogar proporcionándome la entrada a las amplias gana del estudio de las ciencias, de la literatura, filosofía y las matemáticas, incrementando gradualmente mi intelecto a medida que mis ansias por conocer y descubrir qué era lo que se ocultaba en el exterior, desaparecían.
Mais, tanto como ellos me entregaban las herramientas para complacer mi búsqueda de satisfacción de la sabiduría, yo debía ofrecerles algo a cambio, por lo que podrás suponer que su exigencia era más que inflexible con migo.
Las pocas veces que en ese entonces se me permitía salir del refugio de mi vivienda consistía gran parte del tiempo en asistir a exposiciones que se llevaban a cabo en el centro de la ciudad, donde se exhibían desde las más finas marcas de voitures [ Automóviles ] hasta el más insólito sabor de un nuevo caramelo; En esta oportunidad, sin embargo, la exposición correspondería a algo totalmente diferente. El arte; Una de las más increíbles obras que nacen de las raíces de las manos, provenientes de artistas de excelencia que desdibujan sus emociones trayéndoles al mundo de los espectadores con formas gráciles y asombrosas. Y, ¿Vous savez?, fue allí donde encontré mi vocación por el arte.
Las hermosas curvas formadas por tenues pinceladas, la combinación perfecta e inequiparable de cada una de las tonalidades del oleo y aquel magnífico y único toque que cada peintre sabía entregar a su manera particular; Simplemente, me veía deleitado y ensimismado ante tanto sentimiento presentado en una simple y descuidada tela, y aquello fue lo suficientemente como para disolver todos mis intereses que hasta entonces, poseía, guiando todos mis sentidos, deseos y emociones en la búsqueda de la expresión, que no sería otra más que por medio del arte manual, l'peinture

Mi búsqueda por comprender con mayor detalle aquella área del arte me llevó a descuidar de manera importante mis estudios, cuyos resultados se veían reflejados en las deficientes calificaciones de mis exámenes particulares. No obstante, aquello ya no gozaba de sentido para mí, si no más bien, aquella grata sensación al encontrar el ángulo perfecto, al lograr mezclar la luz y la sombra, y claro, el de volver de un simple tono una maravilla visual en cada una de mis pinturas.
A medida que descifraba y tejía con mis propias manos un destino absolutamente distinto al que mis padres me habían impuesto, lograba transformar de aquel chico introvertido encerrado en la magia de sus libros en un joven e intrépido artista, que manifestaba como nunca sus expresiones por medio de coloridas pinceladas; Sin embargo, mi mundo rebosante de colores, de maravillas y emociones vivas e intachables se nublarían por completo en un abrir y cerrar de ojos, alterando drásticamente mi vocación como mi estilo de vida, derrumbando la pequeña la force [ Fortaleza ] de felicidad que al fin había logrado levantar.

Fue demasiado rápido, ni tiempo ni voz me dieron para protestar. Quizá debió ser así, quizá así debió pasar. Como mi desempeño escolar había llegado a disminuir increíblemente, aquello volvía de la calma taza de leche de mis padres en un tormentoso océano a punto de desbordarse por las bahías. Habían elegido nuevamente para mí otro camino, y aquel tenía las puertas del arte selladas con pactos diabólicos que enceguecían mis emociones bajo las llamaradas del enfer [ Infierno ]. Alzaron de manera brutal y sin razón humana mis muñecas en el aire, dejándolas caer posteriormente sobre las sofocantes brasas de la chimenea en conjunto a mis ilusiones por transformarme en un ícono del arte Francés, sintiendo como poco a poco la sensibilidad desaparecía paulatinamente en cada uno de mis tendones, saboreando un calor tan vigoroso que sólo con el mismísimo froid podría compararse.

Al llegar al punto donde ni las larmes [ Lágrimas ] podían brotar ya de mis ojos, pausaron sus intensiones, levantándome con cariño del suelo, buscando así curar las heridas superficiales con palabras dulces y rebosante en comentarios cínicos, mas, la cicatriz en mi corazón y alma jamás sanaría a partir de aquel día. Aquel día donde lograron destruir por sus propios prejuicios a Sinclair, su propio hijo.
El mundo de las artes se cerró junto a las emociones, y a pesar de que su castigo por mi desobediencia ante el desvío de los estudios había tenido una enorme conmoción en mí, había perdido parte de mi incentivo y razón, entrando casi por invitación a un estado dépresseur del cual pocos habrían podido sobrellevar y vivir para contarlo.
Largos meses pasaron donde mi ausencia de estudios, comentarios e intentos por proseguir con mi tendencia se volvieron simplemente estáticos en el tiempo. A diario, el incontenible la douleur [ Dolor ] de mis manos e dejaba incapacitado para cualquier acción, y, aunque las recubría con múltiples vendajes y un par de resistentes guantes de cuero, mis intentos por esconder lo inevitable se volvían simplemente inútiles, repercutiendo al interior de mi cabeza la desesperación de la incapacidad.

Aquel tiempo en el que todo permanecía inmóvil a mi alrededor fue suficientemente efectivo como para recapacitar y despertar el interés por charlar con migo mismo, descubriendo una solución que se transformaría en mi primera obra real y conocida, donde toda París se volvería mi incansable espectadora.
No fue hace mucho, podría asegurar que casi fue ayer.. o probablemente hace unos cuantos meses atrás. Me veía embriagado por la impotencia, la ira, cegado por la désespoir [ Desesperación ], y en una forma de demostrarles como todo mi mundo calló sobre mis pies el día que decidieron calcinar el futuro oculto en mis manos, les demostraría como ahora, su mundo rebosante en riquezas caería por completo de la misma manera que el mío; transformaría lo que ahora no podía considerar un hogar en una lluvia de cenizas, ardiendo entre las llamas de la discordia.
Podría reconocer que no fue del todo complicado y en ese entonces, sentía tanta culpa como ahora. ¿Cuanta? Ninguna.
Fue obvio, quería manifestarles mi ira y les haría observar en el preciso instante que llevaría a cabo el siniestro con detalle, gosando de la anonadada expresión de los rostros atónitos de ambos. Cuando el fuego inició su deambulante trayecto ya no había vuelta atrás; no valía la pena que se quejaran, que intentasen herirme tanto física como psicológicamente para que buscase enmendar mi error. No, ya nada podrían hacer.
Una sonrisa compasiva, reprimida por el outrage fue lo último que les encomendé de mi parte, y probablemente, lo único que supieron de mí desde entonces. Marché con lo puesto y con un ideal escrito en la frente, donde tan sólo necesitaría un hogar que me cobijara durante las noches y soportase durante las mañanas.

En aquel periodo hallar lo que tanto buscaba era realmente complicado, casi como intentar localizar la mínima figura de una aiguille [ Aguja ] al interior de un vasto pajar. Por más que apelaba llegar hacia el lado hospitalario y generoso de los propietarios de pequeños hostales o asilos jamás fui bien recibido, ya fuese por mi apariencia o por los antecedentes que hace pocos días atrás, me condenaban. Así fue como rápidamente las puertas hacia el encierro de una liberté, se cerraban con firmeza, azotando mis pretensiones contra el suelo, destruyéndolas.
Pudo que tal vez la divina fortuna me acompañara en mis vagas andanzas, o que aquel sitio simplemente estuviera tan desolado como mi alma, y por tanto, evocara como reflejo mi persona. Debido a una pequeña crisis económica en la que se sumergió gran parte del país años atrás, muchos habían tenido que abandonar sus hogares y escapar de las deudas y los nuevos impuestos establecidos por el estado, por lo que muchas estructuras que se hallaban vide [ Vacías ] parecían requerirme para que, nuevamente, alguien les ofreciera un nuevo propósito, cumpliendo en un principio por el cual, habían sido construidas.

Aún así, no me fue complejo escoger entre las viviendas que se ocultaban tras la frívola silueta en las lejanías de la ciudad, donde la naturaleza viva se conectaba, por una parte, con la destructiva civilización.
Era amplia pero endeble, grísea y tétrica, desdeñada y.. oublié [ Olvidada ]. Era exactamente lo que había estado buscando, e indirectamente, el reflejo de mi actual vida en una estructura, la cual, al fin cumplía con todo los requisitos que había deseado para una.
Su interior se dibujaba sombrío, lleno de telarañas y pasillos amplios e interminables, que el descuido del tiempo había sabido desbaratar.
No tardé demasiado en familiarizarme con aquel sitio en particular, es más, sentía que a diario esta formaba más y más parte de mí; los pasillos mis venas, las habitaciones mis órganos y la salida mi liberté indésirables [ Indeseada libertad ]. Fue allí donde descubrí también que el arte aún fluía por mi cuerpo, pero no cualquier arte, si no la lúgubre y petrificante técnica de la monocromácia, el arte monocromático.

Transformé de aquel domicilio en mi mayor obra de arte; a diario, teñía sus paredes con colores inapetentes, gamas que sólo variaban de entre el blanco, el gris y el negro, difuminándose en el infinito de mi interminable tela. A medida que lo hacía, la técnica de mi mano iba trasformándose, cambiando, permutando en un estilo négative que sólo desprendía emociones reprimidas y desgarradoras, mas, jamás logré interpretar una felicidad inexistente hasta entonces, ni la más mínima idea de ella. Je me suis senti et se sentent encore, insensible.
Aquello comenzó a cerrar mis émotions, cerrar los tabiques de mi corazón para no dejar salir jamás alguna emoción positiva o energizante, sólo anclándome en la pequeñísima isla que flotaba sobre un océano de melancolías y dolor, reteniéndome a permanecer estático en un sentimiento inexplicable. Mis días se volvieron así, monotone desde donde se les miraran. Transcurrían lentos y solitarios, dañando cada vez más mi inexistente fortaleza volviendo de cada día que pasaba en un tour infernale.

Y así es hasta entonces..
Mi mundo se cerró para siempre, y como verás muchos acontecimientos forjaron así mi personalidad y persona. Ya nadie recuerda el incidente, sólo recuerdan al joven y demacrado chico que vive en la casa en las lejanías, cuyo único color en su vida es el tenue resplandor de sus purpúreos ojos.. que aseguran, pronto terminarán por fanent [ Desvanecerse ].

Monocrocromatique Art

[ Arte monocromático ]

Un monde carente de colores, rebosante en soledad, locuras, enigmas y, finalmente, la sombra de la mismísima muerte.
Monocromático o monocromo, suele referirse en el antiguo griego a la soledad, y también así, se le denomina al uso de una única gama de color en sus diversas intensidades y extensiones.
Por su parte, el arte se infiere, generalmente, a cualquier tipo de actividad o producto realizado por un ser vivo con una finalidad estética o comunicativa, a través de la cual expresa sus ideas, emociones o una propia visión e interpretación del entorno que le rodea mediante el empleamiento de diversos recursos artísticos. Esta posee su propia perspectiva psicológica, y mediante la susceptibilidad mortal, logra analizar un determinado sujeto por medio de estas expresiones.

Ahora, el arte monocromático combinaría estos dos conceptos en uno solo, Qu'est-ce qui se passe alors?
Se expresa a través de ella una visión negativa del ambiente que rodea a un individuels y por medio de tonalidades opacas como la gama de colores gríseos, se acentúa aquella expresión.

Por lo general, no existen muchos pintores monocromáticos, ya que muchos se centran principalmente en el empleo de colores más vivos o que expresen con mayor fuerza lo que sienten en cuanto a sus emociones o ideales, no obstante ser uno de los pocos, casi extintos pintores monocromáticos coetáneos me incentiva a seguir demostrando tan bella expresión artística que el ser humano se ha dado el lujo de crear.

Si belle combinaison de gris, peu à peu l'âme est perdue parmi les nombreux passages et finalement se retrouver plongés dans un monde plein de solitude.

[ Tan hermosa combinación de gris, poco a poco el alma se pierde entre los muchos pasajes y, finalmente, se encuentran inmersos en un mundo lleno de soledad ]

Art fermée

¿No ha sido suficiente?

Oh.. con ello puedo comprender que finalmente, desconozco por completo la mentalité de los jóvenes de la actualidad, pero.. lo que mejor puedo hacer en este preciso instante no es más que saciar aquella insólita curiosidad que te abruma, ¿No?

Jamás me consideré ni fui del tipo de artista caritativo, de aquellos que añoran demostrar sus artes antes de dejarlas empolvadas en el encierro y en el posible olvido. En cambio, siempre fui del tipo de artiste que siempre le agradó más que nada que sus creaciones, interpretaciones y expresiones se hallaran ocultas de los ojos curiosos, y que jamás se halla siquiera sabido de su existencia, procedencia o autor.
Podría justificarse entonces que, en ese sentido, soy bastante possessif con mis ilustraciones, al punto de obsesión en el que he llegado a ordenarlas por orden alfabético en cuanto a su título y claro está, en cuanto a su antiguedad.
Cuartos, habitaciones y pasillos absolutamente repletos. Pero, lamentablemente, jamás ninguna ha logrado dejarme conforme.. diría que la única que ha logrado su objetivo ha sido Le mur des souvenirs, quien vive descansando su maciza consistencia oculta de todos, y la cual, ha servido como mi fuente de inspiración y eterno consuelo.

La petite mélodie

[ La pequeña melodía ]

Sus palabras comenzaron pausadamente a entrecortarse, y, adentrándose hacia el interior de la cocina, te ofreció permanecer tranquilo. Pronto volvería.
Muy a pesar de que éste te solicitó aguardar con calma su regreso, curioso por las anécdotas relatadas, comienzas a levantarte y optas por tomar tus propias decisiones, explorando y aventurándote hacia la arcaica y espaciosa residencia.
Recorres amplios pasillos que desembocan en otros más estrechos pero extensos, sin encontrar ninguna habitación más interesante que la siguiente, hasta que das con la figura de una única puerta al final del pasillo más amplio, cuyo seguro parece más sofisticado que las demás. Con cautela y precaución, comienzas a acercarte entre andares lentos y precavidas, tomando entre sus dedos con delicadeza el pestillo de dicha abertura, jugando un poco con el seguro.

Luego de largos y tediosos minutos forzando inútilmente la puerta, logras romper el seguro y con ello,producir que la habitación oculta por aquel sello se de al fin a la luz.
Poco a poco asomas el rostro hacia lo que parece ser una habitación vacía, pero pronto la monótona habitación comienza a desdibujarse distinta, enigmática, retomando un brillo que en ningún otro resquicio del lugar habías logrado divisar. Iluminándose desde la pared opuesta a la puerta, una pequeña ventanilla permite la escasa llegada de los raos del sol a la habitación, dando a conocer unas extensas paredes, todas completamente gravadas con distintos tipos de dibujos, entre los cuales, puedes ver también la sofisticada letra y pulso de Sinclair.

Simplemente, atónito, caminas sin preocuparte de asegurar nuevamente la puerta tras tu espalda, recorres cada resquicio de aquel cuarto, asombrándote más y más a cada pequeño paso que realizas.

- Muchos asegurarían que no son más que simples garabatos - Murmuró una voz tras tu espalda, al parecer, la susurrante y petrificante voz del joven monocromático- Sin embargo, yo diría que es más que una simple obra de arte-.

Volteas levemente la mirada desde el rabillo del ojo, encontrándote con la imponente figura de Sinclair, quien sostenía entre sus manos una vieja bandeja de plata con dos tazas de fina porcelana y, en el centro, una tetera del mismo material.
- R-realmente concuerdo con usted, señor - Contestas, aún abrumado por el aposento- Estas imágenes, ¿Tienen algún significado, verdad?-.
- Como todo lo que compone este lugar, mon seigneur - Replica, hincándose para posteriormente inclinarse, dejando la bandeja con delicadeza sobre la superficie del suelo- ¿Gusta una pequeña y humilde taza de thé?-.
- Me encantaría, señor - Confirmas aún maravillado por cada pequeño y gran sentimiento reflectado en aquella habitación.

Nada más hay además de aquella paredes. No hay alfombras que tapicen el suelo, no hay sillas ni mesas, sólo una simple ventana que ilumina con dificultad la habitación.
Sinclair tomó asiento en el suelo cerca de una de las paredes, apoyando el respaldo de su espalda en la misma hasta cruzarse de piernas, mientras servía una taza de té.

- Ves el techo, ¿Verdad - Consultó mientras tomaba la taza entre sus manos, ofreciéndotela- Dime, ¿Qué es lo que ves en ella?-.
Miras un tanto pensativo al joven Sinclair, tomando la taza que te ofrecía para luego, levantar con lentitud la visa. Tras impactarte un poco, sostienes con mayor firmeza el implemento de porcelana y tragas, aún contemplándole.

- ¿Qué.. es lo que dice allí? - Cuestionas, levantando un poco la taza hasta posarla sobre una de las comisura de tus labios.
- Podría decirse que.. mi vida - Respondió esbozando una casi imperceptible sonrisa, que posteriormente, borraría tras beber algo de su té.
- ¿Cabe la posibilidad de que me la traduzca, Sinclair? - Preguntas tras notar que cada verso en aquel techo es puramente francés.
- A sus órdenes, mon seigneur-.

Aclaró levemente la garganta, bajando paulatinamente la taza hasta dejarla a un costado, para, acto seguido, levantar la vista y esbozar una tímida sonrisa, cerrando los ojos, casi como si tuviera grabado cada pequeño verso del tejado en las paredes de sus memorias.

Este no es el fin, ni tampoco el comienzo,
Es sólo una voz de disturbios de merecedora observación.
Pero sólo escuchas el tono y el ritmo violento,
Aunque las palabras suenan como algo vacío en su interior.
Decimos "si" con los puños en alto,
Al igual que estamos sosteniendo algo que es invisible.
Porque estamos viviendo a merced del dolor y el miedo,
Hasta que sólo muertos, sólo así olvidaremos ésto y lo dejaremos desaparecer.

Esperando que el final llegue,
Desando tener las fuerzas para enfrentarlo.
Esto no es lo que había planeado, Está fuera de mi control.
Volando a la velocidad de la luz,
Con los pensamientos atrofiando tu cabeza.
Quedaron muchas por decir,
Es difícil dejarte ir.

Yo sé lo que se necesita para seguir adelante,
Sé cómo se siente mentir.
Y todo lo que deseo hacer,
Es introducir algo nuevo a mi vida,
Y aferrarme a aquello que no poseo.

Sentado en una habitación vacía,
Tratando de olvidar el pasado.
Esto no debería haber durado tanto,
Desearía que no hubiera sido así

Yo sé lo que se necesita para seguir adelante,
Sé cómo se siente mentir.
Y todo lo que deseo hacer,
Es introducir algo nuevo a mi vida,
Y aferrarme a aquello que no poseo.

Lo que quedó cuando el fuego partió,
Pensé que se sentiría bien, pero me equivoqué.
Todos quedamos atrapados en el ojo de esta tormenta,
E intento averiguar qué es lo que me está pasando.
Ni siquiera sé que tipos de cosas he dicho,
Mis labios continúan moviéndose y mi mente se mantiene estática.
Así que estoy recogiendo los pedazos, ahora sé por donde empezar,
Lo más difícil del final es volver a comenzar.

Y todo lo que deseo hacer,
Es introducir algo nuevo a mi vida,
Aferrándome a aquello que no poseo.
Me estoy aferrando a lo que no poseo,
Me estoy aferrando a lo que no poseo.

Este no es el fin, ni tampoco el comienzo,
Es sólo una voz de disturbios de merecedora observación.
Pero sólo escuchas el tono y el ritmo violento,
Aunque las palabras suenan como algo vacío en su interior.
Decimos "si" con los puños en alto,
Al igual que estamos sosteniendo algo que es invisible.
Porque estamos viviendo a merced del dolor y el miedo,
Hasta que sólo muertos, sólo así olvidaremos ésto y lo dejaremos desaparecer.

{ Waiting for the end - Linkin Park }

Le mur des souvenis

[ El mural de los recuerdos ]

Decir que has quedado impactado, sería simplemente insignificante. Cada palabra, cada verso, cada párrafo rebosante en fuertes sentimientos, pesares, lamestares, dolores.. liberación. Muy a pesar de que Sinclair demuestra estar bastante tranquilo y, extrañamente feliz, pareciera que en cierta medida las palabras rozaron con fuerza su corazón, abatiéndolo, notándolo en la manera en que, discretamente, bajó sus orejas.

Suspirando con lentitud y retomando el sabor del fino té, giras la vista para contemplar de corrido las paredes, las cuales parecieran encerrar un secreto muchísimo mayor al reflejado en aquel escrito.
-Y.. ¿Éstas murallas? - Comentas mientras apoyas tu palma abierta sobre estas, sintiéndolas como poco a poco se conectan hacia tí, expresándose- ¿Qué es lo que encierran?-.

El francés bajó un poco más las orejas, no obstante, manteía una mirada inexpresiva y desinteresada como aquellas que siempre le caracterizaron, volviendo a dirigirte la palabra pero en esta oportunidad, con un tono de voz firme, no muy propio de él.
- ¿Eso? Pues, verás, mon seigneur, ello corresponde a la representación estética de lo que siento hacia el entorno que me rodea, y claro está, hacia la vie que la compone-.

Suspiró con dificultad, cerrando nuevamente los ojos, comenzando a describirle.

Seguramente muchos describirían este sitio como algo repleto de unas cuantas murallas manchas con expresiones grotescas o con escasos fines estéticos, pero.. pocos son quienes realmente logran encontrar su sens, una real interpretación en cada pequeño trazo que le compone.
Se volvió la latente expresión graphique de mi existencia, de cada uno de los sucesos que la complementaron y volvieron de cada esta en lo que actualidad, es, mi mayor expresión, mi mayor obra realizada. Se podría decir que jamás pensé lograr producir y recrear tal resultado, que todo lo que en él se puede divisar no es más de algo que de mi mano fluyó y surgió, y que de mi mente jamás inició. Nació como una pequeña idea, una floreciente rose que extendía sus raíces para abrir su capucho de una manera plena, bella y frágil; poco a poco se fue expandiendo hasta transformarse en mi propia biografía, y que diariamente continúa expandiéndose y creciendo, y que seguramente, sólo dejará de acrecentarse el día en que la muerte decida llevarse mis obras junto a mi alma hacia la tumba.

Étrange, non?

L'image un peu grosse

[ Un pequeño gran retrato ]

Fue así como, inevitablemente, llegó un momento de incontenible silencio. Giró suavemente el rostro hacia la entreabierta puerta y sin mencionar ningún tipo de palabra o sonido, salió directamente de la habitación hacia una dirección incierta. Le seguiste resguardando respetuosamente su silencio, y éste, con un caminar grácil y sedoso que a penas resonaba en el entablado piso, se detuvo frente a una de las tantas demacradas puertas que decoraban los pasillos. La mayoría, vacías, y podía ser que ésta no fuese la excepción.

- Aquí es donde resguardo mes oeuvres - Susurró con la mirada perdida en la perilla del pórtico, a penas atreviéndose a levantar una de sus insensibles manos para rozar el frío metal que, evidentemente, no sentía.

Asentiste una sola vez para observarle con cierta preocupación; era común en él el perderse al interior de sus propios pensamientos, que entrase en un complejo trance del cual, sacarle sería una absoluta travesía, y parecía ser que lo que tras aquella puerta se camuflaba encerraba más que simple vacío.
Sostuvo con una mayor firmeza su aún medio llena taza de té, y de la misma manera realizó esta acción con el pestillo, forzándolo con suavidad par que, tras un rechinido, la puerta cediera ante la presión ejercida.

Tal y como era de esperarse, la habitación era bastante similar a la que anteriormente habías tenido la dicha de visitar; paredes con distintos tipos de escritos en idiomas que iban más allá del francés o del español, pinceladas inciertas perdidas en nuevos trazos y el inicio de obras que jamás finalizaron, y dudabas en lo profundo, que lo hicieran. Sin embargo, aquella no era la real atracción que el cuarto encerraba, si no más bien, la vasta cantidad de cuadros que yacían apilados uno sobre otos. Algunos sin ser demasiado llamativos visualmente, y, otros, por su complejidad, atractivos y vistosos desde la lejanía.

Volviste con cierta estupefacción la mirada hacia tu franco anfitrión, quien, a penas sosteniendo con debilidad su taza, se mantenía silente. Sinclair observaba con ensimismación sus propias obras, recorriendo en soledad los parajes de un pasado y el significado que cada una de éstas podía encerrar.
Diste un nuevo vistazo hacia la habitación y, de entre los múltiples retratos o paisajes, un cuadro resaltaba por la emoción que, a diferencia del resto, tenía; felicidad, color. Éste, siendo el único encuadrado y reposando en una posición privilegiada respecto al resto, mostraba la figura de un joven de facciones finas, suaves y cálidas al contacto, y que cuyos dorados ojos resaltaban entre las escalas grisáceas que le componían.

Kanon Cloudx.

- Disculpe, señor Sinclair -Irrumpiste con cautela, hincándote a la altura del retrato para contemplar con más cercanía sus texturas, casi sobresalientes de la tela.
- Il est mon seigneur -Susurró su voz tras tu espalda, cuya figura de la cual provenía minutos atrás se había detenido tras de tí, con un silencio tal que de no haber sido por su voz, probablemente habría pasado desapercibido.
Por tanto, volteaste el rostro hacia él.
- ¿Su señor? -Consultaste, y él simplemente asintió, observando directamente los trazados ojos del retrato. Lentamente, como le era característico, reposó sus aposentos en el suelo, sentándose de piernas cruzadas, a penas acercándose a tí.
- Sus ojos.. son précieuses -Susurró en un tenue hilo de voz, para volviendo, de la misma manera, a cerrar los propios- Dans mon monde, es lo unique que puedo divisar de colores. Eso lo hace especial, muy.. especial-.
Le miraste con cierta intriga, pero con una extraña sensación cobijadora en el pecho. Si le hacía feliz, debía ser por alguna razón. Dispuesto a consultarle, abriste la boca con las palabras exactas que formularían tu pregunta y en él la respuesta, pero su voz, nuevamente, irrumpió.
- Le contaré sobre él, entonces. No es necesario que le vea para predecir sus intensiones, chère-.

Fue, quizá, una casualidad que nuestros caminos se conectaran. La perdida mirada de esta errante alma buscó sin cesar algo que resaltase entre las opacas tonalidades del gris, y nada, dentro de sus expectativas, lograba cumplir con los requisitos que llenasen el vacío dentro de su monde, y por sobre todas las cosas, de votre cœur.
Entonces, aquella mirada dorada, casi como el tresor de un sueño en lo más profundo de un mar de ilusiones deslumbró con gracia, y permitió que el barco de mis deseos anclara en la isla de sus anhelos. Como encontrar una aguja de plata de un voluminoso pajar. Como hallar la falla en la estructura más parfaite de los tiempos actuales.
Estar junto a él apacigua las sensaciones ocultas dentro de mí, aquellas que me consumen, que me hieren y me carcomen por dentro. Despierta en mi interior una increíble cantidad de emociones tersas, suaves y piadosas que me abrazan con fuerza y me hacen apreciar cada pequeño instante que esté con él, ya sea en el absoluto y envolvente silencio como en la más animada de las charlas.
Cada segundo compartiendo junto con él su humildad, su sencillez y su indescriptible ternura me es un precioso presente que atesoro en lo más profundo de mi coeur monochrome, donde halla en él la luz y el propósito de sus palpitar.
Sus ojos, portes de son éclat l'âme, son los luceros que iluminan mis fríos y grisáceos parajes; semejante a un ángel que busca perdonar los pecados de éste demonio y guiarlo hacia el mismísimo le Ciel con su suave sonrisa, sus cálidas palabras y su incomparable presencia.
Le necesito aquí, en mi pecho, que él le de el sentido a mis débiles palpitaciones, y que él se encargue de cuidar la estructurada mecánica que sólo necesita de su l'affection para funcionar. Sentir su respiración chocar contra la mía en una incesante danza de pasión y entrega, sus labios rozar los míos de la manera más exquisita y pacífica existente, y su pecho, rozando el mío en un afectuoso abrazo, sentir mis frías emociones sedada ante sus charmes.
El deseo, la necesidad es simplemente inexplicable. Me es difícil demostrarle realmente lo que siento si no es por medio de una pintura o de los humildes versos que puedan entonarse de mis heladas cuerdas bucales, pero estoy seguro que, en cierta medida, el comprende que mi discreción se respalda de los hechos en mi pasado, y que mis emociones, por más cautelosas que sean, expresan en su máximo furor lo que realmente mi corazón puede manifestar.

Palabras simples, quizá para muchos. Podría relatar durante días enteros si quisiera las merveilles que tras las puerta de su alma puedo hallar con el simple desliz de mi mirada en su perfecta y atractiva figura, pero todo, todo se reduce a una sola palabra que, sencilla, expresa resumidamente todo lo que anteriormente, le he comentado, y usted ha oído; al igual que él.

Je t'aime, mon seigneur.
Merci d'être l'ange de mon enfer, et le salut de mon péché. Merci de rester ici avec moi, et donner de la couleur de ma monotonie monochrome.

¿Est-ce au revoir?

[ ¿Esto es un "adiós"? ]

Tras dar el último sorbo a su ya vacía taza de té, deja la pieza de porcelana sobre la superficie del suelo, para luego levantar su grácil figura y abrir pausadamente la puerta de la habitación. Sin necesidad de un gesto, de alguna señal o una palabra cualquiera, le sigues dejando en el mismo lugar tu taza, siguiendo con curiosidad sus pasos.

Recorrió con lentitud y finura los largos pasillos, para luego detenerse frente a la puerta de la entrada y abrirla, notando como el grisáceo cielo ya había abierto sus puertas, dejando entrar los endebles pero tibios rayos del nuevo sol.
En efecto, esbozas una efusiva sonrisa, logrando notar así que tu recorrido por fin recobrará su rumbo. Mas, antes de despedirte, puedes notar la figura de Sinclair, quien, suspirando, apoyaba el peso de su cuerpo sobre el marco de la añeja compuerta, con una extraña e inquietante expresión melancólica en el rostro.

- Le soleil a vuelvo a ofrecernos sus cálidos e imparables brazos - Susurró observándote con una pequeña sonrisa forzada en el rostro- Es hora de que retome su camino, mon seigneur-.

Dudar en aquel instante se torna en tu única acción. La desolada y perdida mirada purpúrea de Sinclair, aquella nostálgica expresión de soledad.. ¿Será realmente correcto partir y dejarlo nuevamente a su porvenir, en tan alejado, recóndito y cruel pedazo de mundo?

No obstante, tras algunos minutos de ensimismación y meditación, buscas dirigirte nuevamente hacia su figura con la intensión de hablarle, pero.. no está; ¿Donde habrá ido?.
Sobresaltado, observas a tu alrededor intentando dar con su localización, pero ni el buscarle por cada rincón de su hogar tuvo resultado alguno; simplemente, desapareció.

Suspiras y te dispones a tomar tu equipaje y tus ya secas ropas, un tanto cabizbajo por el hecho de no poder darle aunque fuese un adiós o un simple gracias por su hospitalidad al joven francés quien te salvó de la lluvia y que también, logró ofrecerte con timidez una abertura hacia una posible amistad. Sin embargo, al retirarte de la vivienda y cerrar la puerta tras tu espalda logras divisar un cuadro, un cuadro extrañamente alegre. Asombrado, te acercas hacia éste y lo levantas con cuidado, buscando ver quién es el autor de dicha obra. Más sería tu sorprenda al descubrir que aquel recuadro, de tan irradiante felicidad no es más que el del mismísimo Sinclair, y esbozando una grata sonrisa, lo abrazas contra tu cuerpo y caminas en dirección hacia la capital.

Sinclair, l'artiste monochromatique ;;




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