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El mundo de Aaza fue creado por la serpiente Az. El poder de Az permite conectar a otros mundos, pero para que este poder no cayera en malas manos, fue otorgado a criaturas terrenales de Aaza para que lo custodiasen.
Esas criaturas, que portan el poder de los dioses en su cuerpo, son conocidas por los humanos como
dragones...

Tras haber explorado las montañas, selvas, bosques y aldeas de Azaren, muy cansado y con menos dinero del que tenías al empezar, decides buscar la manera de volver a tu mundo. Caminas por el sendero de tierra que se extiende entre los árboles del pequeño bosque, la luz del sol que se filtra entre las hojas y a ratos te da en la cara siendo lo único que te mantiene consciente. Recuerdas la conversación que tuviste el día anterior con la Princesa Azhelie.
****
-¿Así que quieres volver a tu mundo?- Te pregunta Azhelie sin darse vuelta, con sólo las orejas hacia ti, como de costumbre. Su voz, que resuena en la gran sala en que se encuentran, expresa una completa seriedad, y aun así, es muy dulce.
-S-sí, así es, he visto prácticamente todo el reino y conocido a todo tipo de criaturas- Sientes un escalofrío al recordar algunas criaturas en específico, y te parece que Azhelie sonríe levemente pero vuelve la cabeza hacia adelante de nuevo, escuchándote -Pero ahora quisiera volver a casa, ¿Cómo puedo hacerlo?
La Princesa levanta el hocico hacia la ventana, como si estuviera pensando, y mueve la cola suavemente, con la serenidad que la caracteriza -... Al sur del castillo, en un bosque muy pequeño, hay un lugar que no aparece en tu mapa. La Puerta. Busca ahí un ser diferente a todos con los cuales has hablado hasta ahora, quien puede abrir La Puerta y conectarla con otras dimensiones.
Reprimes un suspiro y te preguntas por qué todo tiene que ser tan difícil. Si la Princesa tiene una magia "taan poderoosa" entonces, ¿Por qué no te lleva ella a tu mundo? Pero prefieres no decir nada al respecto, puesto que sería una falta de respeto, le agradeces y empiezas tu viaje.
****

Cuando ya te has aburrido de ver el mismo paisaje todo el tiempo (hasta pareciera que ya pasaste ese árbol de ahí unas cuantas veces), ves a lo lejos una mancha oscura, entre los árboles, y te aproximas. Parece ser una cueva, y se ve muy oscuro adentro, como si una cortina de oscuridad te impidiera determinar cuán profunda es. Das un paso hacia ella, sin embargo, antes de que puedas acercarte lo suficiente, una sombra se mueve muy rápido frente a ti, pasando de un árbol al otro antes de que veas de qué se trata, y te hace retroceder. Sientes dolor y te das cuenta de que hay un corte en tu mano.
-¿¡Pero q-
-¿Qué haces aquí?- La voz te hace callar súbitamente. Se parece en cierto modo a la de Azhelie; suave y femenina pero dura. Sin embargo, a diferencia de la voz de la Princesa que inspira respeto en cada palabra, ésta voz es autoritaria, y la sensación que recorre tu cuerpo al escucharla es casi ajena, muy difícil de describir. Te volteas hacia el lugar de donde procede, el mismo donde aterrizó la criatura que te atacó. Logras divisar un brillo en la sombra, no como el de ojos, sino diferente... -¿Sabes qué hay en este lugar?
-... ¿La Puerta?
Escuchas un respiro fuerte, como de sorpresa, pero aun así casi imperceptible. .-¿Quién te ha mandado aquí?
Te parece extraño que no hable de manera más formal, por lo que se parece su voz a la de Azhelie, pero olvidas la idea con facilidad. -La Princesa Azhelie...- Le respondes.
-¡Azhelie! ... ¿Puedes... probarlo?- Sientes como si se estuviera acercando a ti desde la sombra, a pesar de no escuchar un solo ruido. Es como si su presencia fuera tan fuerte que puedes simplemente sentirla ahí.
-¿Cómo?- Casi no alcanzas a completar la palabra porque ella levanta la voz nuevamente para callarte.
-¿De.. qué color... son los ojos de la Princesa?- Te pregunta. No estás seguro si las pausas en su voz tratan de darle suspenso a la pregunta para ponerte nervioso, o si reflejan la propia inseguridad de la hablante.
-¿De qué color? No tengo idea, siempre están cerrados...
Escuchas un leve gruñido, y por un segundo casi esperas que algo se abalance sobre ti, pero en cambio recibes una respuesta algo más calmada, aunque aún suspicaz -De acuerdo, te creo, no estás mintiendo. Mi nombre es Byhalia, soy la guardiana de La Puerta.
No podrían haber sido mejores noticias. -¿En serio? ¡Entonces eres a quien estaba buscando! ¿Puedes abrir La Puerta para regresar a mi mundo?
-¿Tu mundo? ¿O sea que no eres de este?- Pregunta sonando perpleja la voz desde las sombras. Te parece algo extraño que no se haya dado cuenta, puesto que Azhelie no tuvo problemas para hacerlo con sólo escuchar tu voz, pero asientes. -Así es, aparecí en Azaren y no sé por qué...
-No eres el primer humano que me pide le abra La Puerta, y seguramente no serás el último... Los humanos siempre buscan algo que no pueden alcanzar por sí mismos, por eso esperan la ayuda de los demás. Se ha acercado nuevamente, así que crees ver sus ojos entre la sombra, tú también te acercas y ella retrocede.
-¿Qué tiene eso que ver?- Le preguntas. Ahora sabes también que sea lo que sea, no es humana, aunque por alguna razón eso no te sorprende. Como no responde, decides hacer otra pregunta -¿Por qué no te acercas? No puedo verte.
Hay un corto pero incómodo silencio antes de que escuches un leve y algo aprehensivo -De acuerdo. Retrocedes un poco por reflejo, quizás para darle espacio o sólo porque temes ser abrumado por una presencia tan fuerte. De entre los árboles emerge un hermoso dragón cuadrúpedo de color negro brillante, o gris muy oscuro, con marcas de distintos colores, decoraciones doradas y dos grandes alas. Es más grande que cualquier otro de los habitantes de Azaren, más que un caballo, y al igual que éste, tiene pelaje recorriéndole la espalda, y un gran mechón en la punta de la cola. Te das cuenta de que lo que brillaba en la oscuridad era una gema verde esmeralda que lleva en la frente, en una máscara dorada. El resplandor del sol lleva tu mirada a los adornos de oro colgantes en dos cuernos blancos muy lisos, levemente curvos y ramificados hacia atrás.
-Eres un dragón...- Por alguna razón sientes la necesidad de decirlo, y no es esta la primera vez que al hablar no destaca tu inteligencia. No recibes respuesta alguna, sino una mirada inexpresiva de sus profundos ojos verdes. Las marcas amarillas en el párpado inferior le agregan un toque místico a su cara, y te hacen sentir aún más inferior al dragón que te mira un metro hacia abajo. Decides agregar algo más para evitar el silencio -Nunca había visto uno.
-Eso es porque estamos extintos.
Vaya. Siempre terminas metiendo la pata cuando hablas con uno de estos animales extraños, ¿No? -Y-yo lo siento, ¿Y por qué?
Ella suspira y esquiva tu mirada, no sólo con los ojos sino girando también la cara hacia un lado. - Dudo que te quede mucho tiempo para historias.
Estando ahí, frente a ese animal majestuoso que parece emitir un brillo propio a pesar de su oscuro cuerpo, toda la prisa por volver a casa se desvanece dejando paso a tu curiosidad humana. Quizás también hizo que se desvaneciera tu buen juicio.
-No, yo... Por una última historia no tendría problema.- Respondes, y la misma curiosidad se filtra por tu intento de desinterés. Esto último parece generarle una pequeña sonrisa a Byhalia.
-Y querrás saber algo sobre mí primero, ¿Me equivoco?.
Asientes sin pensarlo mucho, dejándote llevar por el ciclo que se empieza a repetir nuevamente.
Luego de otro suspiro, menos cansado y más resignado que el anterior, te hace una seña para que la sigas, y entra a la cueva rápidamente, casi como una serpiente. Por una fracción de segundo te preguntas cómo es que cabe un animal tan grande en una cueva que se veía tan pequeña a simple vista, pero no te parece que importe mucho y la sigues.
La cueva está fresca, mucho más agradable que el agobiante calor del sol fuera de ella, lo cual te hace sentir más cómodo. Ahora la cueva no parece tan oscura, ya sea porque al estar dentro de ella tus ojos se han acostumbrado a la oscuridad, o porque las joyas de Byhalia parecen emitir un extraño brillo dorado.
El dragón se sienta cual gato en el piso de la cueva, doblando las patas traseras y bajando un poco la cabeza ya sea para mirarte o para no chocarse con el techo. Tomas esto como una invitación a sentarte tú mismo tras encontrar en una roca que sobresale en las paredes de la cueva. Miras sutilmente hacia el lado contrario a por donde entraste, y ves la más profunda y completa oscuridad.
Luego levantas la vista para ver a Byhalia, y le dedicas tu total atención.
Nombre: Byhalia.
Pronunciación: Bi - JÁ - Lia.
Nick : Preferiría que no usaras uno.
Género: Femenino.
Especie: Dragón del Sur / Draik.
Color de pincel: Sombra.
Color de escamas: Tonos de negro y gris. Marcas amarillas .
Color de ojos: Verde claro.
Color de pelo: Gris claro.
Accesorios: Máscara dorada con una gema verde, aros en las membranas de las mejillas, decoraciones colgantes en los cuernos, collar con un triángulo verde y cadena de oro, protectores de hombros con gemas verdes, protectores de muñecas con gemas verdes, tobilleras con gemas verdes, adorno de serpiente en la cola y adorno casi en la punta de la cola.
Edad : 25 años de dragón, 127 años cronológicamente.
Familia / Amor: ... Soy la última de mi especie.
Amigos: Estoy casi completamente sola en este lugar que no puedo dejar, sólo conozco a la Princesa y a muy pocos de sus súbditos.
Gustos: Las estrellas, recordar el pasado, la noche, la tranquilidad, libertad.
Disgustos: La soledad, la muerte, las reglas y etiqueta, los humanos... pero trato de no guardarles rencor. No suelen agradarme los extraños.
Cargo: Cuidadora de La Puerta.
Capítulos:
I - II - III - IV - V - VI - VII - Epílogo
Me desperté como de un sueño, o una pesadilla, que no lograba recordar pero me había dejado una sensación extraña de amargura en el cuerpo. Abrí los ojos y miré hacia la entrada de la cueva. El sol parecía haber salido ya hace varias horas.
Levanté la cabeza y estiré las patas, la cola y las alas adormecidas, sin levantarme de la cama, o más bien, de lo que se hacía llamar cama. El crujido del pasto seco donde dormía cesó cuando dejé de moverme, fue recién entonces que me di cuenta de algo peculiar. El bosque estaba muy silencioso. A esta hora de la mañana ya deberían estar cantando los pájaros, y despertando todos los animales.
Me paré más por el deber de levantarme que por el deseo de hacerlo, y me pregunté si vería a alguien hoy. Ya me empezaba a sentir sola otra vez. Aún no había salido de la cueva cuando escuché un sonido muy bajo. Agudicé el oído y noté una caminata pausada. Di unos pasos más hasta salida de la cueva, con cuidado, siempre en la sombra y pisando sin hacer ruido, como se me había enseñado.
Sentí el sonido acercarse y me apegué a un árbol, oculta bajo su sombra con las alas plegadas, la cabeza baja pero atenta, y la cola envuelta alrededor de mi cuerpo.
-¿Señorita Byhalia?
Era la voz de Tresna, mi cuidadora desde que era niña, pero se le sentía muy débil. Aun así, cortó el silencio matinal como un cuchillo, y asimismo cambió mi cautela instintiva por enorme preocupación.
-¡Tresna!- Grité saliendo a la luz rápidamente. Tresna era también un dragón, pero bastante mayor que yo. La consideraba muy sabia, y era como mi segunda madre, y mi mejor amiga. La verdad era una de las pocas personas con las que se me permitía tener contacto.
En cuanto la vi, la encontré muy débil. Estaba respirando con dificultad, creo que cojeando, y tenía rastros de sangre en el cuerpo. Noté unas gotas en el camino, y me di cuenta de que seguía sangrando.
Corrí con ella y traté de sostenerla con el hombro para aminorar el esfuerzo que le resultaba mantenerse en pie, pero yo tampoco era muy fuerte físicamente.
-Señorita... Qué bueno verla... ¿Se encuentra bien?.
-¿No debería ser yo quien pregunte eso?- Respondí estupefacta.
-Responda por favor...- Me dijo sin hacerme mucho caso.
-Sí, estoy bien, ¿Por qué no habría de estarlo? Dime, ¿Qué pasó?
-...Humanos... el palacio, la ciudad... el Guardián Sacro Ruwen...- Respondió, como tratando de ordenar sus ideas.
-¿Mi hermano? ¿Qué pasa con él?
-Lo atacaron, Señorita, los humanos... vinieron buscando La Puerta...
-¿Humanos? ¡Pero nunca han venido antes! ¿Se fueron?
Ella asintió lentamente con la cabeza pero no mostró ningún signo de alivio.
-¿Y mi hermano?
-...
***
Curé las heridas de Tresna como pude. La habían dañado los humanos, que atacaron de improviso el palacio buscando el poder de La Puerta. Era algo de lo que yo sabía poco, ya que nunca había ido al palacio, y aunque mi hermano era el Guardián de La Puerta, nunca me había hablado mucho sobre el tema.
Mi hermano...
-¿Se ha ido?
-... Sí, así es, Señorita, él fue atacado y... los humanos son más fuertes de lo que pensábamos. Por suerte logró derrotarlos y hacer que se retiraran, por lo que no tuvimos muchas bajas, pero él... es una pérdida importante.
Poca atención puse después de sí. Mi hermano estaba... ¿Muerto? En ese entonces ya tenía lo que en edad de humanos serían 16 años. Aun así me costaba asimilar el concepto, que nunca lo volvería a ver. De verdad quería mucho a mi hermano, bueno... lo había querido. ¿Cómo podía haber sido derrotado? Para mí era el más poderoso de todos, casi inmortal... irónicamente...
¿Y ahora... qué?
-¿Señorita Byhalia? ¿Me está escuchando?
-Ah, yo... lo siento, ¿Qué decías?- Traté de fingir que no me había afectado, pero se me quebró la voz, lo cual no me sorprendió, y probablemente tampoco a ella.
-Necesito que venga conmigo a palacio.... Sé que es un momento difícil para usted, pero... No sobreviviremos mucho sin el Guardián, y tenemos que hacer algo para calmar a la población antes de que se divulgue la noticia.
-¿A palacio? ¿Estás segura? Pensé que se me tenía prohibido ir allí.
-Pues, estamos tomando medidas desesperadas...
-... Tienes un plan, ¿Verdad?
-Sí, algo así.
Eso me hacía sentir más tranquila, si bien aún no había pasado la conmoción emocional. Asomándome por fuera de la cueva miré el castillo blanco que se alzaba sobre los árboles, luciendo tan resplandeciente como siempre. Ruwen siempre decía que era un lugar muy aburrido y que prefería estar conmigo mil veces. Yo siempre había querido visitarlo, porque me parecía precioso a lo lejos y me daba una enorme curiosidad, pero lo tenía prohibido.
Ahora, que tenía que ir al lugar donde había vivido tanto tiempo mi hermano muerto, mirar ese palacio de color blanco inmaculado causaba que se me oprimiera el corazón.
Capítulo II :Fantasmas del pasado.
-¿¡Por qué tengo que cortarme el cabello?!
Esquivé una vez más a Tresna, lo cual no era muy difícil en la habitación tan amplia en la que nos encontrábamos.
La habitación de mi hermano...
Desde que llegamos al palacio, todo había parecido tan normal. Normal, considerando que yo nunca había estado en un lugar similar antes, pero aun así el castillo de paredes blancas y frías no parecía haber sido testigo de una tragedia, mucho menos un ataque. Sin embargo, los pasillos estaban casi vacíos, por lo cual nos había sido fácil escabullirnos hasta la habitación de Ruwen sin ser vistas.
Todo se veía tan ordenado, los estantes, los libros, la cama... era como si ignoraran que su dueño se había ido para no volver, y aún lo siguiesen esperando.
-Por favor, señorita - Me replicó Tresna, cansada de mis evasivas, y notablemente preocupada de cosas mucho más allá que nosotras dos y esa habitación. -Su hermano usaba el cabello corto, como todos los demás guardianes.
Miré el pelaje plateado que caía sobre mi hombro y cuello. Desde pequeña me había entretenido cuidándolo, y mi hermano me había dicho que le gustaba cómo me quedaba. Odiaba los cambios, y aunque cortarlo sería algo superficial en comparación con la nueva vida que estaba por empezar a vivir, no quería ceder y seguí resistiéndome, con algo de angustia.
-Pero... ¿Por qué tengo que verme como mi hermano?- Tenía sospechas del plan de Tresna, pero no conocía la sociedad en la que ella y Ruwen vivían diariamente. La verdad, no conocía directamente a nadie más que ellos dos, así que se me hacía difícil imaginarme la vida en la ciudad, mucho más en el palacio.
Tresna suspiró y se sentó en la cama. Me invitó a sentarme a su lado, y accedí. Bajó la cabeza pensativamente un rato, antes de volver a dirigirme la palabra.
-Señorita... sé que no sabe mucho sobre las responsabilidades del Guardián de La Puerta. Es cierto que, como su nombre lo indica, guarda el poder de La Puerta, pero eso no es todo. Para todo el pueblo, es un símbolo de fuerza y poder- Hizo una pausa y me miró, para cerciorarse de que le estaba prestando atención. Suspiró de nuevo -...Pocos están al tanto del ataque que hicieron los humanos la noche anterior al palacio. Pero la noticia pronto se esparcirá, y la población empezará a temer otro ataque. Nosotros también lo tememos. Tresna levantó la cabeza y miró hacia el techo. Seguí su mirada, pero no logré ver nada ahí. Entonces siguió hablando -Si se enteran además, del... destino que sufrió el Guardián Sacro Ruwen, entonces... entonces realmente entrarán en pánico. ¿Me entiende?
Asentí con la cabeza, confirmando mis sospechas. -Entonces... quieres que me haga pasar por mi hermano para que no se den cuenta de lo que pasó. - Ella asintió con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos. -... ¿Crees que podré hacerlo sin que se den cuenta?
No pareció preocuparse por la pregunta, como si ya lo hubiera pensado antes -Creo que podrá hacerlo. El Guardián Sacro Ruwen no habla demasiado con la gente de palacio... aunque él podría ser un problema... claro que no lo he visto desde...- Empezó a murmurar cada vez más bajo, haciendo que me acercara para escuchar. -¡Como sea!- Dijo de pronto, tratando de cubrir sus preocupaciones con energía que yo notaba era fingida -Venga, le cortaré el cabello.
Fruncí el ceño, pero no me resistí más.
***
Me quedé inmóvil mientras Tresna me cortaba el cabello muy corto, como el de mi hermano. Miré con angustia los mechones grisáceos en el suelo, y luego volví la mirada hacia adelante con resignación.
Al terminar, Tresna fue a buscar los adornos de Ruwen al armario. Ya extrañé el sentir mi pelo moverse cuando la miré hacia atrás por sobre mi hombro. Ella sacó con dificultad todos los adornos dorados del armario, que resplandecían con tal fuerza que parecía que emitieran su luz propia. No pude quitarles los ojos de encima mientras mi cuidadora se acercaba a vestirme con ellos.
Lo primero que me colocó fue la máscara dorada. Estaba tan fría que empecé a temblar, y un escalofrío me recorrió el cuerpo.
No pude moverme más. Mientras me colocaba y ajustaba el resto de los adornos (con algo de dificultad, debido a mi falta de cooperación), sentí que ese sentimiento bizarro aumentaba. Entonces me di cuenta que la sensación no provenía únicamente de la temperatura de las piezas de oro, que estaban frías como el hielo. Al sentirlas contra mi piel, palpitaban. Era como si estuvieran vivas, y esa sensación me clavaba en mi lugar, temblando, pero sintiéndome incapaz de moverme. Como si las piezas de metal vertieran un viento, o agua helada dentro de mí, que me atravesaba la carne y los huesos.
Tresna terminó su trabajo sin notar el terror en mi cuerpo, tenía las pupilas dilatadas y los músculos tiesos. A pesar de esto, no me costó moverme cuando ella me dijo que caminara hasta el espejo para verme.
Para verlo a él.
Vi a mi hermano en el espejo, no a mí. Al menos, así fue al principio. Mis ojos eran diferentes a los de él, y eso fue lo único que logró que me diera cuenta, que era yo quien se reflejaba en el espejo. Un nuevo terror trepó desde el suelo de azulejos, por mis patas y cola hasta mi cabeza.
Estaba usando la ropa de mi hermano muerto.
Sin pensarlo, abrí las alas y empecé a sacudir la cabeza de un lado a otro, como tratando de librarme de esa sensación repugnante que se me pegaba a la piel, a la sangre, a los huesos, a la mente. El tintineo de los aretes, y el resplandor de los adornos que captaban la luz desde cada posición, sólo empeoraban esa sensación.
De pronto sentí un calor que casi me quemaba la piel, y todo empezó a aclararse. Tresna me había estado llamando asustada, y ahora estaba presionando su costado contra el mío. Me di cuenta de que sentía mi propio cuerpo muy, muy frío.
Ella me preguntó que si estaba bien, pero no encontraba el aliento para responder. Aún de ser así, probablemente no habría sabido qué responderle. Respirando agitadamente, apoyé la cabeza contra el espejo y cerré los ojos, tratando de calmarme. Los abrí nuevamente, quizás esperando ver los ojos de mi hermano reflejados ahí, protegiéndome, consolándome. Pero sólo vi mis propios ojos verdes, con las pupilas finas por el terror, y que carecían de toda la sabiduría y fuerza que tenía mi hermano. En el espejo también vi la cara preocupada de Tresna, así que traté de calmarme. El miedo estaba dejando lentamente mi cuerpo, que se cubría ahora del cansancio y el estrés de todas las noticias que había recibido en los últimos días. Me di cuenta también de que estaba llorando, pero probablemente había empezado antes a hacerlo.
Suspiré y me desplomé en el piso, aún frente a la preocupación de Tresna que corrió a mi lado, y deseé fervientemente que todo fuera sólo una pesadilla.
Capítulo III :Anghard.
Tresna salió de la habitación, diciendo que tenía cosas que arreglar. No estaba segura de a qué se refería, pero en ese momento la verdad es que no me interesaba.
-Puede quedarse descansando aquí- me dijo, es verdad que sí estaba muy cansada, así que el agradecí. -Cuando se sienta con ánimos, puede pasearse por el palacio... sería bueno para que se acostumbre a él, y para ser vista, ya que si nadie ve al Guardián Sacro Ruwen en mucho tiempo, levantará sospechas...- Asentí cansadamente, para demostrarle que entendía su punto. -Pero trate de no entablar conversación con nadie, podría poner en peligro su secreto. Eso es todo... que descanse.
Con eso salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Me quedé mirando la puerta sin moverme, escuchando el eco de sus pasos alejándose sobre el piso de cerámica del pasillo. Luego me dejé caer en la cama.
Pensé en muchas cosas, en mi hermano, Tresna, mis padres, La Puerta, el castillo. Creo que terminé memorizando cada lugar de la habitación. No sé cuánto tiempo pasó, pero al parecer logré dormirme y cuando desperté, el peso de los adornos de oro sobre mi cuerpo ya no se sentía tan desagradable. Bajé de la cama con cuidado, tratando de no resbalarme en las baldosas del piso, abrí la puerta de la habitación y salí, dejándola abierta. Mi mente no estaba funcionando muy bien todavía, y no sé qué fue lo que me impulsó a salir e investigar el castillo. Después de un rato ya estaba perdida y no sabía dónde estaba Tresna, ni el camino de regreso a la habitación, pero no le presté atención a esto.
Me encontré con varios sirvientes reales en el camino, quienes me saludaron con reverencias, o palabras complejas con poco significado. Parecía complacerlos que asintiera a sus saludos como respuesta. Caminaba con paso tranquilo, fijándome en las paredes y puertas adornadas, y las múltiples decoraciones y cuadros que había en ellas. Llegué a una sala grande, alfombrada y con las paredes cubiertas de cuadros de paisajes o personas importantes. Había una puerta de vidrio por la que se podía ver el exterior, así que salí por ella.
Me senté en el pasto para observar el paisaje a mi alrededor. Era un jardín interno de forma rectangular, y parecía ser el centro del castillo, pues los cuatro lados estaban rodeados por paredes. En el centro había una fuente, y cuatro caminos dirigían a ella. El resto estaba cubierto de césped, con flores y árboles por aquí y por allá, pero todo muy organizado. Me hizo extrañar terriblemente el bosque.
-¡!
Me volteé al escuchar los pasos y la exclamación de sorpresa de alguien. Era un dragón de color azul, con manchas amarillas, verdosas y celestes en el cuerpo. Tenía dos cuernos en forma de curva, muy diferentes a los de los demás dragones que conocía, aunque no eran muchos. Sus ojos grises, muy abiertos, estaban clavados en mí, y nuevamente me sentí incapaz de moverme mientras lo veía acercarse cauteloso.
-.... ¿¡R-Ruwen?!- Su voz, a penas más profunda que la de mi hermano, se quebró por la sorpresa, y quizás, terror. Me miraba como si fuera un fantasma.
Le devolví la mirada atónita, sin saber qué hacer o decir. Escuché la puerta por donde había entrado abrirse, pero no encontré la fuerza de voltearme a ver quién era. Él no pareció percatarse.
-¡T-tú estabas muerto!- Me gritó con la voz más firme, pero la misma expresión en el rostro. Quise decir algo, cualquier cosa, pero las palabras morían en mi garganta y sentía que el corazón cada vez me latía más rápido.
-¡Anghard! ¿Qué haces aquí?- Gritó otra voz, a su vez. Ambos nos volteamos para ver a Tresna, que era quien había entrado recién y nos miraba con inseguridad. Al verla, el dragón frunció el ceño en disgusto, pero se volvió hacia mí y recuperó su expresión anterior.
-¿¡Quién es esta persona, y por qué se ve igual a Ruwen?! No puede ser él, y-yo... ¡Lo vi morir!- Recuperé el sentido y miré al dragón azul, que parecía llamarse Anghard, tratando de entender la situación. Tresna soltó un suspiro de resignación.
-... Ven con nosotras, supongo que tendré que explicarte lo que pasa. Y deja de gritar.- dijo Tresna sin disimular el disgusto en su voz. Luego me dirigió la voz a mí, y esta vez sólo cargaba cansancio absoluto -Señorita... venga usted también.
-¿Ella? ¿Es una...?- Antes de que terminar la frase, Tresna lo calló. Seguramente estaba sorprendido de que fuera mujer. Esto me irritó y extrañé de nuevo mi cabello largo.
***
Sólo seguí ausentemente a Tresna por los pasillos, sin verdadero interés por aprenderme el camino de vuelta a la habitación. Detrás de mí venía Anghard, y podía sentir que su mirada fija me quemaba desde que empezamos a caminar. Una o dos veces lo miré de reojo hacia atrás, pero no podía resistir mucho tiempo mirando sus ojos. Me daba escalofríos.
Llegamos a la habitación de Ruwen, y nos sentamos los tres en el suelo. Tresna miraba a Anghard con disgusto, él me miraba con cientos de preguntas escritas en la cara. Yo no sabía a quién mirar, y bajé la vista hacia el suelo.
Fueron uno o dos segundos de silencio antes de que él hablara, -¿Quién eres? ¿Por qué te ves como Ruwen?- Me hablaba casi con desesperación.
Abría la boca para responder, pero Tresna le regañó el hablar tan alto. Cuando volví a buscar las palabras para responder, no lograba encontrarlas.
-La Señorita Byhalia, es la hermana gemela del Guardián Sacro Ruwen- Respondió Tresna por mí, mirando a Anghard de soslayo, de forma poco amigable. Él le devolvió sin miedo la misma mirada, pero rápidamente se volteó hacia mí de nuevo -¿Hermana? Pero si Ruwen es hijo único.
Tresna bufó de forma altanera -Eso es lo que gente como tú debe pensar.
-¿Qué quieres decir?- Preguntó él, aparentemente tragándose el orgullo.
-La Ley del Único Heredero- Respondió ella perdiendo el buen humor. Anghard asintió comprensivamente, y luego se le formó una sonrisa sarcástica en la cara.
-¿Así que rompiendo las reglas? No me imaginaría eso de los padres de Ruwen, que siempre nos regañaron para que las cumpliéramos- dijo con burla, pero sin malicia.
Tresna murmuró un no lo entenderías y esta vez fue él quien bufó.
-Cómo sea, ¿Por qué estás vestida como Ruwen?- Preguntó, de nuevo dirigiéndose hacia mí.
-Tengo que hacerme pasar por él para que la gente del castillo no sepa que está muerto.- Le respondí con honestidad; honestidad que Tresna no pareció aprobar. Él arqueó una ceja.
-Ese... es un plan extraño, ¿No lo crees? Al final descubrirán la verdad de todas formas.- Dijo entonces, dirigiéndose también a Tresna.
-¡Eso no te incumbe!
-Por favor... mantén el secreto.- Hablé por sobre la hostilidad de Tresna. No sabía quién era esta persona, pero prefería que fuera nuestro amigo a nuestro enemigo.
Me miró sorprendido, luego algo en sus ojos cambió. Tresna lo miraba con sospecha, parecía que realmente le desagradaba.
-De acuerdo... pero sólo porque me lo pides tú.
-... ¿Porque soy la hermana de Ruwen?- Le pregunté con curiosidad.
Él rió por lo bajo, y parecía ser la primera vez desde que entraba esta habitación, que había algo de felicidad -No, no. Porque eres la nueva Guardiana de la Puerta. Tú no eres Ruwen, no importa lo que te quieran hacer creer.
Tresna se enojó nuevamente, pero yo me sentía más tranquila. Era una persona más con la que no iba a tener que fingir, y podría ser yo misma. Además, no podía ser una mala persona si, al parecer, había sido amigo de mi hermano.
Capítulo IV :Pureza.
A la mañana siguiente Tresna vino a decirme cómo debía comportarme para hacerme pasar por Ruwen. Anghard también estaba ahí, tendido en la cama observándonos. Tresna lo miraba como si el hecho de estar ahí fuera un enorme descaro, y a veces me lanzaba miradas como preguntándome por qué no lo echaba de ahí.
***
Al final, decidieron que no estaría con ninguno de los dos, pero ambos estarían cerca si es que ocurría algo. Claro que esta decisión fue tomada entre ellos, sin tomar en cuenta mi opinión. Francamente hubiera preferido estar con cualquiera de los dos a caminar sola por el pasillo. Suspiré.
Me encontré con menos gente de la que esperaba, pero cada vez que me dirigían la palabra, podía sentir ojos observándome, poniendo atención a cualquier palabra o movimiento equivocado que hiciera. Pronto comenzó a estresarme.
-¡Ruwen!- Un escalofrío involuntario recorrió mi cuerpo, y apreté los dientes en algo semejante a irritación, tras oír una nueva voz llamarme por ese nombre falso. Sentí la reprobación ante mi expresión en los ojos de Tresna, aunque no podía estar segura si ella de verdad estaba observándome, o me estaba volviendo paranoica. De todas formas, tomé dos respiros y traté de calmar mi expresión.
-¡Ruwen! ¡Lo he estado buscando por todas partes!- La voz era femenina, algo infantil y cargada de emoción que contrastaba con la forma en que me sentía.
Me volteé para ver una dragona de piel blanca y marcas rosas. Era preciosa. Tenía adornos de oro con gemas de color azul cielo en el cuerpo, hasta cierto punto parecidos a los míos, pero más delicados. Sus ojos resplandecían, del mismo color azulado que las gemas que la adornaban. Su cabello era también muy claro, pero con un leve tono azulado. Estaba decorado por tres broches dorados de mariposa, y era casi tan largo como el mío antes de cortarlo.
Sentí un sentimiento amargo en el pecho, que me subía por la garganta y me dejaba un mal sabor en la boca. Me estaba sonriendo. Era tan hermosa... incluso ahí parada en medio del pasillo, parecía... brillar con luz propia. Sentí mi vista caer hacia mis garras, y me di cuenta que estaba apretándolas con fuerza contra el piso, repentinamente tensa. Las baldosas eran tan lisas que casi podía ver mi propio reflejo. Oscuro y apagado. Tan diferente a la chiquilla que tenía en frente, que habrá sido uno o dos años menor que yo. Aun así, sentía que era más hermosa de lo que nunca podría yo llegar a ser.
-¿Ruwen?- Entonces me di cuenta que, aún sonriente, me llamaba con curiosidad. Si no me había dado cuenta por mi hilo de pensamiento, o porque aún no me había acostumbrado a responder por ese nombre, era irrelevante. Traté de tragarme los celos que sentía para mirarla y asentir, demostrando que la escuchaba.
Celos. Celos. Celos. ¿Cómo no sentirlos? Cuando vivía en el bosque y tenía muy poco contacto con otras personas, incluso entonces me gustaba verme... linda. Femenina. No era que de verdad me importara lo que pensaran los demás, pero me hacía sentir... feliz, cuando Ruwen o Tresna me elogiaban. No más de eso. No ahora que tenía que hacerme pasar por mi hermano y ocultar mi identidad.
No estaba enojada con la persona que tenía en frente. Ni siquiera la conocía. Y ella no tenía la culpa de ser, bueno, lo que a mí me hubiera gustado ser en ese momento. Sentí como la irritación y el rencor no correspondidos se diluían hasta convertirse en simple tristeza.
-¿Dónde ha estado, Ruwen? ¿Cómo está, qué ha estado haciendo?- Me preguntó entonces, aún muy animada aunque con un toque de preocupación en la voz.
Abrí la boca para responder, pero sentí que la voz se me quebraba antes de salir.
-¡Ruwen! ¡Ahí estás!- Me sorprendí al escuchar la voz de Anghard. No estaba consciente de que me hubiera estado siguiendo. Se acercó rápidamente, aunque sin correr, y nosotras dos lo miramos sorprendidas.
-¿A-Anghard?- Preguntó confusa la dragona blanca.
-¡Buenos días Princesa Lysannia!- Le respondió él con un entusiasmo que no parecía fingido, aún así lo hallé un poco tenso. Continuó antes de que ella tuviera la oportunidad de responder su saludo - Lo siento, pero tengo que llevarme a Rú por ahora, se ha estado atrasando con las lecciones.
-¿No es gracias a usted que se atrasa de sus lecciones?- El plan de Anghard parecía funcionar, porque la atención de... ¿la Princesa? ... se había dirigido rápidamente de mí hacía él. Su tono de voz parecía resentido, casi... celoso.
Ignorando esto, Anghard rió despreocupadamente -Bueeeno, tengo que encargarme de que no se vuelva un amargado, ¿No? Vamos Rú- Se volteó hacía mí, y la seriedad en sus ojos traicionaba su tono alegre y despreocupado. Lo seguí sin rechistar, aunque me volteé para ver la reacción de la Princesa. Sin embargo, él había extendido una de sus alas sobre mi espalda, quizás para impedir esto mismo. Lo miré con curiosidad y él simplemente negó con la cabeza.
Nos detuvimos tras caminar un rato en un lugar donde no había nadie. Por fin me sentí con la libertad de hablar, ya que últimamente parecía no tener parte en ninguna de las conversaciones.
-¿Qué fue lo que pasó?
-Podría preguntarte lo mismo. Te congelaste ahí.
Quizás recién entonces me di cuenta de que me había salvado. No sabía cómo sentirme respecto a eso.
-¿Quién era ella?
-La Princesa Lysannia, heredera al trono del reino y toda la cosa.
-... Era muy linda- Dije sin pensar; él sólo se encogió de hombros, sin darle mayor importancia.
-Como sea, mejor mantente alejada de ella.
-¿Por qué?- Me atreví a pensar que era una pregunta simple e inocente, pero él pareció ponerse nervioso.
-Este... Bueno, verás... La Princesa... Rú-Tu hermano... Umm... No importa, no pienses mucho en eso.
Me enojaba un poco que tanto Tresna como Anghard parecían ocultarme varias cosas, o no decírmelas porque pensaban que no entendería. Quizás fuera porque había vivido tanto tiempo en el bosque, lejos de las demás personas. Miré el techo esperando que se me pasara el enojo, y me puse a pensar en lo que había ocurrido. Ya se me había pasado el sentimiento de rencor hacia la Princesa.
Entonces me di cuenta de algo.
-... ¿Lecciones?- Le pregunté y se demoró unos segundos en darse cuenta a lo que me refería. Parecía que él también había estado pensando.
-¡Oh, cierto!.
Capítulo V :Lecciones.
Anghard tuvo que encargarse de decirle a mis profesores... o más bien, a los profesores de Ruwen, que no me encontraba bien ese día. Decía que seguramente se darían cuenta de mi completa ignorancia de lo que sea que me enseñasen.***
Comenzaron por mostrarme muchos libros, que estaban en los estantes de la habitación, y al parecer Anghard había memorizado la localización de cada uno. Eran libros complejos, llenos de términos científicos, pero entre ambos trataron de darme explicaciones resumidas y menos confusas.
-Lo que comúnmente es llamado magia, es en realidad el poder que confiere nuestro dios Az a otros dioses, o a seres terrenales como nosotros.
-Nosotros, los dragones, somos un caso especial, porque Az nos ha conferido especialmente parte de su poder. Él lleva el Sol, lo que nos da luz y vida, en la boca. A los dragones se nos permite parte de este poder, generando fuego en la boca- Agregó Anghard, aunque la forma en que lo dijo hacía pensar que él no le atribuía a la historia más crédito que a una vieja leyenda. Por esto, Tresna lo miró enfadada, algo que ya se estaba volviendo costumbre. Sobre todo cuando él agregó en un murmullo -... Aunque para nosotros, el fuego sólo trae muerte y destrucción.
Antes de que pudiera pensar mucho sus palabras, Tresna se volteó nuevamente hacia mí y se aclaró la garganta, como para seguir después de su interrupción -Los dragones somos una especie con capacidad mágica. Esto significa que cualquiera puede aprender algún tipo de magia, si tiene la educación y entrenamiento suficientes. Sin embargo, el Cuidador de La Puerta es diferente, porque sus poderes vienen directamente desde el señor Az.
-Eso es porque, al crear a los dragones, Az le confirió a uno de ellos sus poderes, ¿No es asi?- Pregunté, recordando un poco las historias que mi hermano solía contarme. Tresna asintió.
-Así es, y han pasado de generación en generación hasta usted aquí presente.
-Es por eso que el guardián no puede tener más de un hijo- Anghard habló con un tono bastante inexpresivo, pero hizo que Tresna se tensara inmediatamente y le susurrara con enfado algo para que se mantuviera callado.
-¿Q-Qué quieres decir con eso? ¿Y cómo mi hermano... y yo...?- Pregunté repentinamente nerviosa, acercándome a Anghard e ignorando a Tresna.
-Es como dije. Está prohibido que un Guardián tenga más de un hijo. El poder se divide entre ambos, y sólo puede haber un guardián. Fue una regla sagrada impuesta en el inicio de los tiempos; una regla que tus padres quebrantaron- Si su voz hubiera sido cruel, no me hubiera dado cuenta. Aunque lo dudo, y aún ahora pienso que le dolió tener que revelarme algo así. Pero tomé sus palabras como una realidad, sin cuestionarlo por un momento, y entonces comprendí que el ocultarme era algo en verdad muy serio, aunque nunca antes me hubiera dado cuenta.
Escuché cómo Tresna lo reprochaba a gritos, pero no me concentré en sus palabras. De forma ausente, me dirigí hacia la puerta que daba al balcón de la habitación, quizás para tomar aire o algo. Parecía más fácil pensar mirando la luna sobre mí, una de las pocas cosas que no habían cambiado desde que vine al palacio.
No sé cuánto tiempo estuve ahí, tratando de asimilar lo que había oído, hasta que sentí que alguien se acercaba. Me volteé para ver a Anghard, que no me miraba a mí sino a la puerta hacia la habitación. Sin embargo, Tresna no salió, y él siguió caminando hasta apoyarse en la baranda a cierta distancia. No tan lejos como si me estuviera evitando, y no tan cerca como si me estuviera consolando.
-Lo siento- nunca había escuchado su voz así de seria. ¿Estás bien?.
Sólo pude asentir, aunque él miraba al frente así que no estaba segura si me había visto hacerlo. Al parecer fue así.
Suspiró y cerró los ojos, antes de volver a abrirlos para mirarme -Tus padres... ellos hicieron lo que hicieron para protegerte. Porque de verdad no querían perderte, porque de verdad te querían.
-Lo sé- Respondí con un hilo de voz. Él pareció meditar un poco qué decir.
-Ru- Tu hermano... estoy seguro de que él también te quería mucho.
-Mi hermano... ¿Fue mi culpa que él muriera?
La sorpresa en su rostro podría haber sido tanto por mi pregunta, como porque dije muriera sin demasiada vacilación.
-¿¡Qué dices?!
Lo interrumpí -Porque yo nací... él tuvo la mitad del poder, ¿No? Si lo hubiera tenido todo... ¿Se hubiera salvado?
Anghard negó con la cabeza -No deberías arrepentirte de existir. Y no creo que sea tu culpa. Si fuera de alguien, sería mi culpa...
- ¿¡Tu culpa?! ¿Por qué?- Quizás alcé demasiado la voz, o simplemente no le gustaba el tema, porque hizo una mueca antes de responder.
-Ruwen... murió protegiéndome- Noté que sus garras se clavaban en la baranda -No sé por qué, pero...
-Pienso que fue porque, él también te quería mucho- No sabía muy bien cómo animar a otra persona, nunca lo había tenido que hacer antes, pero lo dije de corazón.
-... Gracias- Su tono de voz fue tan bajo que apenas estuve segura de haber oído una respuesta. Pero al menos estaba sonriendo un poco.
-Quizás haya sido la única persona que me quería- dijo más para sí mismo que para mí, y aunque no me gustaba que estuviera deprimido, mi curiosidad pudo más.
-¿Por qué a todos aquí pareces disgustarles?- No me di cuenta de que sonaba algo rudo, pero es que no me parecía una mala persona.
Él no pareció ofendido y hasta se rió un poco, aunque su risa fue un tanto forzada -Quizás porque sólo soy un huérfano que Ruwen recogió, y lo incitaba un poco a escaparse de sus obligaciones. Por eso me gané mala fama.
De repente sentí mucha curiosidad -Pero, Ruwen te consideraba su amigo, ¿No?.
Su sonrisa esta vez fue de una mezcla entre melancolía y nostalgia -Puede ser...- Nuevamente su voz era a penas un susurro.
Quise preguntarle mucho más, pero en ese momento Tresna abrió la puerta y dijo que, si estaba en condiciones, tenían que seguir enseñándome. Suspiré y caminé hacia la puerta, dedicándole una última mirada a Anghard para asegurarme de que estuviese bien, pero él desvió la mirada. Me pregunto por qué.
Capítulo VI :Garras de la Serpiente.
Pasaron varios meses más en el castillo. Anghard y Tresna me enseñaron lo suficiente como para poder ver a los tutores de mi hermano, aunque éstos a veces parecían sospechar de mí. No conocí a nadie más, a veces reconocía a alguien caminando por el pasillo, pero luego de un tiempo notaron que era distante y dejaron de dirigirse a mí. La Princesa parecía ser a quien más le afectaba el cambio y me hacía sentir culpable, pero no había nada que pudiera hacer por ella.***
Me desperté sobresaltada, sintiendo que se movía la cama. No vi a nadie tratando de despertarme, así que esperé y me di cuenta que los libros de los estantes también se movían, de hecho toda la habitación estaba temblando. Escuché un ruido fuerte, como un trueno, y me bajé con cuidado de la cama, aún apoyándome en ella.
-¿Señorita? ¿Está bien?- No me había dado cuenta de que Tresna estaba en el marco de la puerta. Dio unos pasos hacia mí.
Miré por sobre su hombro -¿Dónde está Anghard?
-¿Está bien?- Me repitió, ignorando mi pregunta -Venga conmigo, por favor.
Fruncí el ceño pero obedecí, debido a la alteración en su voz.
Caminamos por varios pasillos, pero no pude fijarme hacia dónde íbamos porque recién había despertado y seguía adormilada, y porque Tresna iba a un paso demasiado rápido como para detenerme a mirar.
De vez en cuando el piso se sacudía o se escuchaban esos ruidos de antes y mi cuerpo se tensaba solo antes de seguir caminando detrás de ella. Recién entonces me di cuenta que Tresna llevaba uno de mis libros de estudio con ella.
-¿A dónde vamos?- Pregunté justo antes de otro estruendo, pero Tresna no me escuchó, o posiblemente me ignoró -¿Qué está pasando?
Me miró de reojo pero inmediatamente siguió caminando, así que tuve que acelerar el paso.
Después de unos minutos, llegamos a las puertas del jardín. Tresna se detuvo frente a ellas y suspiró antes de voltearse hacia mí y abrazarme inesperadamente.
-¿Tresna...?
Se volteó antes de que pudiera preguntarle algo más, y abrió las puertas sin decir nada.
Al salir, levanté la mirada inmediatamente hacia el cielo.
Estaba nublado y algo rojizo, y una especie de polvo gris o ceniza caía de a ratos. Otro temblor me sacó de mi trance.
Me volteé hacia Tresna para preguntarle nuevamente qué ocurría, pero ella no me miraba a mí sino a la puerta, con el ceño fruncido. Del mismo lugar del que habíamos llegado minutos antes, aparecieron unas criaturas extrañas que nunca antes había visto.
-Humanos...- Gruñó Tresna, y me sentí más confundida que nunca -Sabía que volverían.
Caminó hasta estar entre los humanos y yo y le rugió a las criaturas. Yo sólo la miré asustada, sin saber qué hacer. Me miró por sobre su hombro.
-Señorita... Tome este libro y vaya a la sala de La Puerta- Me dijo empujando el libro hacia mí -Anghard está en la torre principal...- Entonces algo voló hacia nosotras y ella abrió un ala para escudarme. Me horrorizó ver saltar sangre.
-¿Qué? ¡No! Espera... ¿Por qué...? ¿Qué hay de ti?- Ni siquiera podía armar frases coherentes a tal punto. Tresna me sonrió melancólicamente, aguantando el dolor.
-Estoy muy orgullosa de usted, Señorita... será una gran Guardiana, de eso estoy segura... Estoy tan feliz de haber sido elegida para cuidarla, y poder verla crecer.
¿Por qué sonaba como si se estuviera despidiendo de mí?
Antes de que pudiera responder, Tresna arremetió contra los humanos y empezó a lanzarles bocanadas de fuego. Sobre el tumulto, me gritó -¡Váyase ahora! ¡Es peligroso!
La miré, y luego a la puerta detrás de mí, que daba hacia la torre principal. El fuego del combate estaba empezando a quemar el jardín, y todas las plantas que alguna vez me habían entregado consuelo.
Sin saber realmente lo que hacía, tomé el libro olvidado en el suelo y corrí por la puerta, dándole una última mirada al combate antes de cerrarla. Tresna me sonrió con la misma dulzura que lo hacía cuando era pequeña.
***
Corrí cargando el libro, subiendo escaleras a tropezones hasta llegar a la torre principal. Estando arriba, sólo tenía que volver a bajar y pasar por una serie de corredores para llegar a la sala de La Puerta. Nunca había estado dentro antes, pero sabía dónde quedaba.
-Estás aquí- En el rostro cansado de Anghard estaba la débil sombra de una sonrisa.
Corrí hacia él. Estaba tendido en el piso, pero se incorporó con algo de dificultad para recibirme. El color azul de su cuerpo contrastaba con el rojo del cielo, del piso que me negaba a mirar, y de la sangre que cubría su tiempo.
-¿¡Estás bien?!- Pregunté, viendo los cientos de cortes y heridas en su piel. Ninguno parecía profundo, al menos, pero seguí parada ahí queriendo hacer algo, sin saber qué.
-¿Estás tú bien?- El tono suave, tranquilizador de su voz contrastó con la histeria que yo sentía. Me revisó con la vista para cerciorarse de que no tuviera alguna herida, y de repente me sentí nerviosa ante su mirada y bajé la vista al piso.
-¿Tresna te pasó el libro?- Preguntó luego de asegurarse que no tenía heridas más de las que me había hecho al tropezar. Asentí y busqué el libro, que estaba tirado en el piso nuevamente. Lo recogí.
-Bien, entonces, ya te dijo lo que tienes que hacer, ¿No?- Me preguntó, y su respiración parecía empezar a hacerse dificultosa -Todo está bien, entonces- Dijo más para sí mismo que para mí.
-¡No, no está bien!- Le grité sin pensar, y sin saber por qué. Comencé a llorar; hace rato sabía que no iba a aguantar las lágrimas mucho más -¿¡Qué se supone que está pasando?! ¿¡Por qué están ellos aquí?! ¿¡Qué debo hacer?! ¿¡Qué va a pasar conmigo?! ¿¡Con ustedes?!
Anghard desvió la mirada hacia el lado por un momento, antes de acercarse a mí pero sin tocarme.
-Lo siento- Dijo como si fuera su culpa -Sabíamos que los humanos iban a venir de nuevo, por eso Tresna y yo te preparamos para este día...
-¿¡Y ustedes?! ¿¡Qué pasa con ustedes?!- Tenía bastante claro lo que pasaba con ellos, pero no entendía cómo era posible.
-... Yo estaba preparado para esto- Me dijo y su mirada se suavizó. Parecía que quisiera decirme algo, pero lo interrumpí antes de que pudiera.
-¡¿Estabas preparado para mor-
Me callé cuando sentí su cabeza en mi hombro, acercándome a él. Nunca antes me había abrazado, nunca.
Fueron quizás unos segundos antes de que se separara de mí, susurrando algo como un "lo siento".
-Toma el libro y ve a la sala de la puerta- Me repitió, como si no lo supiera ya, antes de voltearse. Entonces me di cuenta que más humanos habían llegado y me apresuré a coger el libro y correr, esta vez demasiado nerviosa para mirar atrás o escuchar cualquier cosa sobre el ruido de la batalla.
***
Al entrar a la sala de La Puerta, sentí un enorme poder que estaba a la vez fuera y dentro de mi cuerpo, y me sentí insignificante. Me acerqué con cautela al objeto que parecía brillar dorado a pesar de estar hecho de madera. Entonces mis propios adornos comenzaron a brillar también.
Me di cuenta de que estaba perdiendo tiempo, así que abrí el libro en donde tenía una página doblada como marcador. Leyéndolo recordé una de las lecciones, acerca de cómo cambiar de lugar La Puerta en caso que fuera necesario.
Tuve que intentarlo varias veces, ya que era aún inexperta, pero lo logré. Vi cómo La Puerta dejaba de brillar y se opacaba, como si fuera tan solo madera vieja, y tuve una sensación extraña que no se puede describir como otra cosa que tener una segunda alma dentro del cuerpo. Mis adornos luego también dejaron de brillar.
Respiré profundamente antes de volver a salir de la sala... pero, ¿A dónde?
Sin pensarlo mucho me devolví por el camino que iba antes. Entonces me di cuenta que volver a la torre principal probablemente no sería una buena idea, así que fui a una de las torres más pequeñas. Al llegar arriba, supuse que simplemente tendría que volar lo más lejos que pudiera, y traté de no pensar en lo mucho que me dolería no volver a ver a Tresna o a Anghard nuevamente.
Empujando los sentimientos a un rincón de mi mente, traté de armar en mi cabeza un mapa recordando mis estudios, pero en el lugar donde me encontraba no estaba segura de los puntos cardinales y no tenía demasiado tiempo. Escuché ruido detrás de mí así que sólo despegué y volé en línea recta, lo más que pude. Tras una hora quizás, estaba sobrevolando el mar. ¿Ahora qué?
Sin mayores planes en mente, pasé algunas islas hasta que mi cuerpo no pudo más, y aterricé con cierta dificultad en el próximo lugar que encontré.
Capítulo VII :Soberano.
-Oye... despierta... oye...***
Llegamos al castillo luego de una caminata no muy extensa, pero que llevó al límite a mi cuerpo en el estado en que me encontraba. El castillo de Azoran era majestuoso, con banderas al viento y torres construidas con piedras rosáceas, y no tenía nada que envidiarle al palacio de los dragones. Por suerte, los techos y paredes eran muy altos y por lo tanto no tuve problemas para entrar en él. Sin embargo, Azoran tuvo que ingeniárselas y juntar varias de las camas de los lobos en una habitación para que pudiera quedarme mientras me recuperaba.
En ese tiempo terminé por contarle mi historia, de cómo era la guardiana y llevaba aún el poder de La Puerta con el que había huido del palacio.
-¿Y qué es lo que debes hacer con él?- Me preguntó entonces.
La verdad no estaba segura, y había perdido el libro en el que estaba el hechizo mientras escapaba del palacio, -Supongo que liberar el poder en algún lugar, para crear una nueva Puerta.
-Eso creo, pero ¿Dónde?
-... ¿No podría ser en el castillo?- Le pregunté más por probar que otra cosa, ya que dudaba que fuera a aceptar.
Azoran negó con la cabeza -No creo que sea una buena idea. Estoy tratando de mantener tu existencia en secreto, ya que en Azaren no hay dragones, y si fueras a liberar ese poder aquí, sería muy difícil ocultarte... además, debe ser un lugar que puedas proteger fácilmente.
- Entonces, ¿Dónde?
-Buscaré un lugar adecuado en el mapa. Mientras, puedes revisar la biblioteca del castillo. Espero que encuentres algo que te ayude a entender cómo transmitir el poder de La Puerta, aunque no estoy seguro de que algo así se encuentre entre nuestros libros...
Seguí el plan de Azoran. Me llevó a una biblioteca enorme, incluso para mí; llena de estantes gigantescos y con una imagen de Az en el altísimo techo. Me quedé fascinada mirando la habitación.
Tuve que leer muchos libros durante varios días para encontrar algo útil, y en ese tiempo Azoran encontró un lugar en un pequeño bosque que los exploradores solían ignorar. Ahí había una cueva en donde podría cuidar de La Puerta.
Tras quizás una semana de revisar libros, encontré uno que explicaba cómo podía comunicarme con Az. Lo logré tras varios intentos y mucha concentración.
No creo poder decir que lo vi. Más bien sentí su presencia, poderosa, abrumadora. Lejana como algo que no es de este mundo, y al mismo tiempo cercana como un padre. Sentí que se dirigía a mí, sin usar ningún nombre ni palabras, sino tan solo su propia energía. No supe cómo responder.
Me dijo... o me comunicó, el sistema para transferir La Puerta a su estado original, pero debido a que nunca antes se había cambiado de lugar, tenía que reforzar el pacto del Guardián de La Puerta con él. Titubeé por una fracción de segundo, como el momento antes de dar un paso en un terreno que desconoces, antes de aceptar.
Te quedas mirando un rato a Byhalia cuando calla, antes de preguntarle, -¿Y estás completamente segura de que no queda ningún otro dragón, ni uno más?
Ella mira hacia otro lado y el dolor que cruza fugazmente sus ojos hace que te arrepientas de tu pregunta. -Es algo que no puedo comprobar, pero los dragones han estado extinguiéndose desde hace tiempo debido a la codicia humana por su poder. El lugar que fue atacado ese día era donde se habían reunido todos los dragones que quedaban.
Pero, no estás segura de que estén- Byhalia enarca una ceja en medio de tu frase, que termina en un susurro -... muertos.
El dragón suspira con cansancio y resignación -No, supongo que no. Quizás existe la posibilidad de que alguien haya sobrevivido, pero eso no cambia nada si no puedo encontrarme con ellos.- Entonces su voz se escucha más baja -Es más fácil simplemente pensar que han muerto y lamentar su pérdida.
Sin poder decidir si estás de acuerdo o no con su forma de pensar, decides cambiar el tema -Aun así, no debe ser fácil vivir aquí completamente sola.
Los ojo verdes de Byhalia se enfocan nuevamente en ti, pensativos -Bueno, no estoy completamente sola...
-Sígueme- Te dice Byhalia tras unos segundos de silencio, levantándose de su lugar. Tú haces lo mismo. El dragón camina unos metros y te das cuenta de que la cueva parece tener varios caminos. Ausentemente, notas que uno de ellos parece emitir un resplandor dorado, como el de las joyas de Byhalia, pero ella te guía por otro diferente. No caminan mucho antes de llegar a un pequeño estanque de agua, donde ella se detiene. Curioso, miras la superficie del agua, y ves salir una criatura como una pequeña serpiente con cola de pez, que produce un suave pero emocionado sonido de bienvenida al ver a Byhalia, quien sonríe levemente -Esta es Doki.

Un día, cuando ya estaba cuidando La Puerta en este lugar, me encontré con esta pequeña. No estoy segura de lo que es, pero desde que la encontré en una laguna, trató de seguirme aunque le cuesta moverse fuera del agua. Azoran me convenció de traerla conmigo, y me ayudó a llenar una parte más profunda del suelo de la cueva con agua para hacerle un estanque, donde ha estado desde entonces. Me ayuda a no sentirme tan sola en este lugar
.Tras ver a la pequeña criatura, Byhalia te vuelve a hacer una seña para que la sigas, y se devuelven hasta llegar a la intersección de los caminos. Ahora van por otro camino distinto.
Faltan más colores, las mismas reglas de siempre. No los modifiques ni digas que tú los has hecho, y por favor, no entres con ellos a ningún tipo de concurso. Hay mejor arte que robar Robar el trabajo de los demás es malo!
Úsalos donde quieras pero deja el link y no tomes el crédito.
















No los modifiques ni digas que tú los has hecho, y por favor, no entres con ellos a ningún tipo de concurso. No uses ninguno que no haya sido hecho para ti.
Pedidos: Puede ser.
Intercambios: Abiertos.
Requests: Maybe
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¡Hecho por mí, por mis amigos, por fans o en art trades!


Muchísimas gracias por este espectacular dibujo ♥


Gracias por el trade :3


Muchas gracias :3

Byhalia resopla para llamar tu atención y te das cuenta que te habías detenido, embobado por los dibujos de las paredes, así que vuelves a seguirla.
Te la quedas mirando un rato mientras caminan, antes de darte cuenta que no le has agradecido -M-muchas gracias, Byhalia....
Ella sonríe. -No hay de qué. Para eso estoy aquí. Es mi misión, mi promesa, es lo único que me queda de mi hermano o mi familia, y ahora es lo único que soy. Párate justo frente a La Puerta.
Ibas a decirle algo pero decides sólo obedecer a lo que te dice. Quizás sea mejor así. Al llegar a tu destino, ves frente a ti una puerta dorada con dibujos de dragones, hojas y una serpiente, que brilla con increíble fuerza. Sin embargo te das cuenta que sólo el marco es dorado, siendo la verdadera puerta de madera. En cada lado hay una gran gema, una de color rojo y la otra azul. Caminas hacia La Puerta y te paras frente a ella como Byhalia te dijo que lo hicieras.
-Buena suerte.
Los humanos siempre quieren algo más. Siempre piden algo más. Quizás, sólo algunos, merezcan conseguirlo.
La Puerta puede llevarte a cualquier lugar que quieras, ¿Seguro que ya quieres regresar a tu mundo?
Ir a un lugar de Azaren:
Ir a otros mundos, diferentes al tuyo y al mío:
Por si necesitas usar nuevamente La Puerta:


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