Welcome «

La amarillenta luz mortecina de las velas inunda la habitación en la que te encuentras. En el suelo, tratas de ponerte en pie, lo que le supone un esfuerzo sobrehumano a tus trémulas piernas. Sientes un agudo dolor en la cabeza y tus últimos recuerdos están borrosos... ¿Cómo has podido acabar en un lugar como este?

No puedes afirmarlo con seguridad, pero la habitación parece sacada de un cuento de hadas de alguna época pasada. Tanto el suelo como la pared están recubiertos de madera, y los muebles -que a simple vista se observan que son artesanales- están ornamentados con las más finas y bellas filigranas que puedas imaginar. Todo esto sumado al cálido ambiente que te proporciona la chimenea ubicada al final de la alcoba.
Aún no has terminado de observar tu alrededor cuando se oye el chirrido del metal oxidado: frente a ti se ha abierto una pequeña puerta.

- Oh, ¿te eligió a ti?

La dulce y cantarina voz proviene de detrás la puerta. Ves asomarse tímidamente a lo que definirías como una... ¿persona en tamaño reducido? Te mira fíjamente a los ojos, como si quisiera abrirse paso más allá de tu cuerpo para llegar a tu alma y así desnudarla con solo una mirada.
Instantes después, dibuja mecánicamente una sonrisa entre sus facciones.

- Supongo que sí.-Hizo una leve reverencia, mostrando toda su cortesía- Por favor, permite que me presente.

» About Àine

Nombre: Àine Shields
Apodo: Ne, pero sólo Phay le llama así.
Edad actual: No tiene sentido hablar de ella
Edad con la que su cuerpo falleció: Dieciséis años
Raza: Muñeca
Amor: El Creador
Ocupación: Salvaguardar su hogar.
Lugar de procedencia: ¿Irlanda? Desconocido.
Descripción física: Lo más destacable son sus profundos ojos azules, que parecen casi hipnotizar a quien posa su mirada en ellas. Su tez es sumamente clara y sus pómulos, rosados. Los suaves cabellos castaños -con algún que otro destello pelirojo- le caen hasta la mitad de la espalda. Debido a su situación permanente como muñeca, su cuerpo es fino y délicado, pero con ciertas limitaciones a la hora de moverse.
Descripción psicológica: Anteriormente solía ser alegre, positiva y mucho más extrovertida -aunque siempre con la educación por delante-. Sin embargo, tantos años de reclusión en la casa le ha llevado a ir cerrándose paulatinamente al mundo por falta de comunicación.

Dolls «

Observas de arriba a abajo el... ¿objeto? ¿ser? que tienes frente a ti mientras te pellizcas tratando de averiguar si estás soñando. Al sentir el dolor no tienes más excusas para tratar de evadir la realidad. Frente a ti tienes a una muñeca, que aparte de hablar, se mueve como lo haría un ser humano cualquiera.

- Así es, soy una muñeca -Sonríe, complacida al ver tu gesto confundido- Y no la única, por cierto...

Alzas una ceja. ¿Habían más muñecas maldιtas?

- Sí, hay otra anterior a mí... Stephanie, la favorita del creador- Te parece verla estremecerse con los ojos húmedos, pero rápidamente se reincorpora y vuelve a sonreír de aquélla mirada que se te antoja tan siniestramente artificial - ¡Mejor hablemos de mí! Es más interesante, ¿no? ¿No quieres saber como llegué a ser así? Porque yo, hace tiempo, tuve carne y huesos como tú.

» Storytime

Si te soy sincera, no sé cuanto tiempo hará ya de eso. Pero sí que alcanzo a recordar vagamente a mis hermanos pequeños.

Era la mayor de una numerosa familia, por ello siempre me tocaba quedarme cuidando de mis hermanos mientras que mis padres trabajaban fuera. Bueno, trabajar... Mi padre regresaba todas las noches con un olor a alcohol insoportable y tambaleándose, más de una vez tuve que ayudarlo a caminar hasta su cama o sostener su cabeza mientras devolvía. No son recuerdos agrables, ¿cierto? Tampoco lo son los que tengo de mi madre, de quien ni quiero nombrar su trabajo nocturno.

Así es, tuve que soportar todo esto mientras procuraba sonreír a los ojos de la sociedad. No me podía permitir que por mi culpa denigrasen a mis inocentes hermanos, quienes no eran culpables de nada. Aunque... ¿Para qué mentir? Los mayores tuvimos que aprender a robar si queríamos llevarnos algo a la boca, pero no me arrepiento. Lo hice por necesidad, no por avaricia.

Por supuesto, este no era un buen ambiente para vivir. De hecho, más de una vez pensé en abandonarlo todo, quizás terminar con mis propias manos mi existencia... Hasta que llegó él.

Puedo evocar con total claridad aquel afortunado momento en el que lo conocí.
Trataba de robar algo de fruta de un puestecillo callejero cuando sentí como una gran mano se aferraba a mi hombro y tiraba de mí suavemente. Me temí lo peor, ¿me había pillado?

- Jovencita, ¿tu madre nunca te dijo que robar está mal?

Giré sobre mi misma para poder ver de quien se trataba. Un hombre alto, de espaldas anchas y de un llamativo y corto cabello rubio ceniza; evidentemente, no se trataba de alguien de aquí.
Mi mente me ordenaba que tratase de huir pero mi cuerpo no respondía a sus demandas. Era la primera vez en la que me veía involucrada en una situación como esta...

- No tengo dinero para pagarlo, y mi familia no se alimenta del aire - Me sorprendí a mí misma mientras cruzaba los brazos, adoptando una postura claramente defensiva.

Tras alejarnos de los concurridos puestos, hasta quedarnos a la sombra de un anciano y gran árbol, el hombre comenzó a sonreír ampliamente... ¿se estaba burlando de mí? Al fin al cabo eso de poco importa, ya que acto seguido lo vi como sacaba de su cartera un par de billetes y los ponía en mi mano.
No era capaz de creer lo que él acababa de hacer. De hecho, tuve que haber pasado demasiado tiempo como un pasmarote mirando la -para mí- inmensa cantidad de dinero, porque cuando quise darme cuenta él ya no estaba allí...

Gracias a aquel dinero pude pasar unos días sin problemas, aún así, seguí acudiendo al lugar donde le encontré. Necesitaba saber por qué había hecho eso...

En una de mis interminables esperas, al apoyarme en el árbol, cayó un pequeño sobre firmado con el nombre de Odoric. Y sí, su contenido era predecible pero impresionante a la vez: Más dinero. La cantidad era inferior a la primera vez... ¡Pero al dinero regalado nunca se le puede hacer ascos!

De esta manera, diariamente, recogía el sobre con el dinero en uno de los huecos del árbol. A cada sobre que cogía, más convencida estaba de que él era ese tal Odoric.
Además, alguien debía poner esos sobres, no se van a colocar solos... Con este razonamiento comencé a visitar el árbol a distintas horas, hasta que le atrapé mientras metía el sobre.

- ¿Por qué haces esto? - Pregunté mientras él todavía me daba la espalda- ¿Por qué malgastas tu dinero en mí?

Su contestación fue girarse y volver a sonreírme. Se acercó a mí con gesto paternal

- ¡¿Por qué?! - Volví a insistir - ¡Soy una cría cualquiera! ¡N-No me lo merezco!

- Para salvarte

Apenas fui capaz de titubear sus últimas palabras cuando prosiguió

- Te han corrompido demasiado, querida Àine - Me susurró, como quien habla con un niño pequeño asustado -Pero yo limpiaré tu corazón... Si vienes conmigo

Ni siquiera ahora mismo soy capaz de saber por qué, pero su voz me hechizó... Despertó algún pequeño deseo que yacía sin vida en el fondo de mi maltratado corazón. Acabé obedeciéndole.

Caminamos un buen trecho, pero mereció la pena. En mi vida había visto semejante mansión... Y eso que sólo veía la ornamentada fachada. Era demasiado perfecta, parecía burlarse del viento y de la lluvia con su imperecedera belleza.
No tardó en invitarme a pasar, y el interior era aún mejor que el exterior. El parqué, los muebles de madera con sus finos detalles... Me hacía sentir que vivía en un cuento de hadas, de esos que me contaban cuando aún podría decirse que era feliz.

Tras el corto paseo por la casa, me hizo sentarme en un sillón crema y me dio una taza de chocolate caliente que rápidamente quise beber, pero antes de que rozase mis labios...

- Bebe, y sólo bebe si estás dispuesta a quedarte conmigo, a dejarme limpiar tu alma a base de sabiduría.

Y en cierto modo le desobedecí, ya que a pesar de su advertencia, bebí sin pensarmelo.
Instantes después, caí en un profundo sueño...

Paper «

La muñeca se siente en una pequeña silla que parece estar hecha en su justa medida y construida con la misma paciencia y delicadeza que el resto de muebles.

- Cuando desperté, tenía este mecánico cuerpo... - Dijo, con una leve sonrisa pintada en el rostro - Pero no me arrepiento de nada, soy feliz junto al Creador.

Quisiste comentar algo acerca a esa inmensa devoción por quien la convirtió en muñeca, pero a tus labios no le han dado tiempo a abrirse cuando ella interrumpe

- ¡Oh! ¡Casi se me olvida!- Exclamó - El creador me pidió que te entregase un papel...

Tras su repentina intervención, te hace un gesto con la mano para que la esperes para luego volver a cruzar la pequeña puerta. Mientras tanto, se escucha abrir cajones y sonidos similares: Parece ser que no sabe donde está el documento en cuestión.

- Aquí está - Anunció con una voz casi cantarina - Léalo con atención, por favor, son las propias palabras del creador...

Se pone de puntillas y estira su brazo diestro para entregarte el papel


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» Art

- ¿Ya leiste?

La voz de la muñeca te sacó del texto que leías y ahora no eres capaz de apartar la mirada de los ojos de la impaciente muñeca.

- El Creador vendrá en cualquier momento - Dijo, manteniendo la compostura - ¿Qué tal si de mientras observas las obras de arte que el creador encargó para mí?

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Grazie mille, Iv


Merci beaucoup, Amélie


Demasiadas gracias, Giuh


Muchísimas gracias, Pasa


Grazie, Grazie, Truchitrú


Gracias ~ Nyo


Gracias, Sabri.

And still be a Human «

- Espero que hayas disfrutado viendol... - Para bruscamente y clava su mirada en algún lugar situado tras ti.

Quieres preguntar qué es lo que ocurre, pero justo cuando vas a voltearte para tratar de buscar el punto en el que la muñeca ha fijado su mirada, sientes como algo puntiagudo se clava en tu cuello.
La muñeca sonríe ampliamente mientras te comienza a fallar la respiración y, en pocos segundos, irremediablemente caes al suelo.

- Bien hecho, Phay - felicitó la muñeca a... ¿quién?

Lo último que alcanzas a escuchar, mientras tus borrosos ojos comienza a cerrarse, es la cantarina y cruel risa de la muñeca.




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